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El atracador de gasolineras de Alaquàs que torturó hasta la muerte a su tío a golpes y cuchilladas, condenado a 19 años de cárcel

Los médicos forenses contabilizaron más de medio centenar de lesiones por todo el cuerpo, que le infligió durante horas, mientras enviaba vídeos y fotos a una exnovia en Colombia intentando culparla del crimen

La Policía Nacional ha tenido que reducir al hijo de la víctima en plena vista para firmar la condena por conformidad para que no se abalanzara contra el asesino

Dispositivo policial en la puerta del edficio de Alaquàs, el día que se produjo el crimen.

Dispositivo policial en la puerta del edficio de Alaquàs, el día que se produjo el crimen. / Francisco Calabuig/LEV

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Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Un brote violento por consumo abusivo de drogas y la frustración de no conseguir dinero para ir a por más. Ese será para siempre, tras el acuerdo de conformidad alcanzado este lunes, el móvil del cruel asesinato de Juan Baena a manos de su sobrino Marcos en la casa familiar que compartían, en Alaquàs, en febrero de 2024, aunque en realidad el asesino -desde ayer ya no es presunto, al haber aceptado los hechos a cambio de una pequeña rebaja de la condena- actuó por una motivación machista, ya que trató de culpar de sus actos a una exnovia a la que fue enviándole vídeos y audios de cómo torturaba a su tío a golpes y pequeñas cuchilladas por no aceptar volver con él. Gracias a ese acuerdo, Marcos Baena Téllez ha sido condenado a 19 años de cárcel, tres menos de los que pedía la Fiscalía y seis menos de los que reclamaba la familia de Juan, por asesinato por ensañamiento, que Levante-EMV adelantó en su momento en exclusiva.

La firma de ese pacto se realizó ayer durante una pequeña vista en la sala de jurado de la Audiencia de València, que estuvo a punto de irse al traste tras el grave altercado protagonizado por el hijo de Juan cuando entró en la sala acompañado de su madre y de su pareja y se topó de bruces con su primo y asesino de su padre. El joven, hoy de 23 años, no pudo controlar su impulso y fue como una exhalación a por su primo, sentado y esposado ante la magistrada que presidía este tribunal de jurado, al grito de "hijo de puta, asesino, te voy a matar, te voy a matar, hijo de puta". Afortunadamente, los dos agentes de la Policía Nacional encargados de la custodia del criminal reaccionaron en segundos, reduciendo e inmovilizando en el suelo al hijo de la víctima, que fue obligado a abandonar el recinto.

"Cuando salga voy a ir a por ti"

Ese incidente hizo que el asesino amenazase con no firmar el acuerdo, con gritos de "cuando salga voy a ir a por ti" y "pues ahora ya no firmo, señoría, no me da la gana, ahora quiero ir a juicio". Sin embargo, recapacitó de inmediato y sus bravuconadas se quedaron en eso, en meras amenazas huecas, así que la vista acabó celebrándose, pero a puerta cerrada para evitar que el acusado volviera a desdecirse, y en pocos minutos firmó el acuerdo alcanzado por su abogado, Pedro José Bermejo, el de la acusación particular que ejerce el letrado José María Velázquez Becerra en representación del hijo del fallecido, y el fiscal José Miralles.

Una vez estampada su firma, la jueza leyó en voz alta la sentencia firme por la que se le imponen 19 años de cárcel y se le obliga a pagar una indemnización de 130.000 euros al único hijo de Juan, dinero que, muy probablemente, nunca será satisfecho. Además, ha sido condenado a pagar las costas del procedimiento judicial, incluidos los honorarios del abogado de la acusación particular.

Horas de tortura salvaje

Aunque la sentencia limita el ataque al tiempo durante el cual envió esos vídeos y fotos a la mujer que había sido su pareja, y que en febrero de 2024 había regresado a su país, Colombia, fuentes de la familia consideran que lo más probable es que esos golpes y pequeñas punzadas con el cuchillo -ninguna fue letal, lo que aumentó el sufrimiento- se prolongaran "por espacio de unas doce horas, pero no de manera continuada, sino con parones".

Lo más probable, a juzgar por el inusual, por enorme, número de heridas -las dos médicas forenses que practicaron la autopsia al cadáver de Juan Baena contabilizaron más de medio centenar de lesiones por todo el cuerpo-, es que el asesino empezase a torturar a su tío mucho antes del primer vídeo y que cada vez fuese aumentando más la intensidad y acortando los tiempos entre ataque y ataque, de los que Juan tampoco podía defenderse ya que tenía comprometida la movilidad tras haber sufrido un ictus.

Según recogió la investigación del grupo de Homicidios de la Policía Nacional y ha dejado probado ahora la sentencia, Marcos Baena se fue a vivir a la casa donde residía su tío tras su enésima salida de prisión, donde había pasado buena parte de sus entonces 45 años por, sobre todo, atracos a gasolineras. La vivienda, sita en la calle Sant Joan de Ribera de Alaquàs, era propiedad de los padres de Juan, pero en ese momento la herencia no estaba repartida y Marcos exigió que le dejaran vivir en esa casa invocando su derecho parcial a ello.

"Si no coges el teléfono, lo mato"

Ayer, durante la vista para firmar la conformidad, Marcos Baena, aunque ya no venía a cuento, esgrimió ante la magistrada que él a su tío, que tenía 57 años, "lo quería mucho, muchísimo" y anunció que "me voy a quitar la vida por lo que hice". Pero la realidad era muy distinta. Las discusiones, por el mal comportamiento de Marcos durante la convivencia diaria y su adicción a las drogas, sobre todo a la cocaína, pero también a la marihuana o a las benzodiacepinas, eran constantes, sobre todo porque Marcos le pedía dinero a su tío, quien acababa dándoselo casi siempre. Hasta ese 20 de febrero.

Dice la sentencia que, por esa cuestión del dinero, "se inició una de las habituales discusiones entre el acusado y su tío Juan, en el curso de la cual Marcos comenzó a golpear a Juan Baena por todo el cuerpo, con puñetazos y patadas, dejándolo en el suelo inconsciente. No fue hasta las 15.19, hora española, cuando inició esa conversación por WhatsApp con la mujer que había sido su pareja "en el pasado", en la que empezó a recriminarle que estuviera prostituyéndose -se desconoce siquiera si es cierto o no- "al tiempo que descargaba toda su rabia y su ira sobre su tío Juan, que se encontraba tumbado en el suelo, inerte, lanzándole toda clase de patadas y golpes, grabando esas agresiones y enviando los vídeos y fotos a C., al tiempo que la conminaba con que 'si no cogía el teléfono o si decidía ir a prostituirse, lo iba a matar'".

"Ahora tengo que matar a tres o cuatro más"

En todo ese tiempo, no dejó de propinar patadas y puñetazos a Juan por todo el cuerpo, "llegando a desfigurarle la cara, obligándole a que, pese al estado en que se encontraba", le preguntara él mismo, con un hilo de voz, a la mujer: "¿Vas a trabajar igual?". Dado que C. no respondía ni a los mensajes ni a las llamadas -en Colombia era poco más de las ocho de la mañana- "cogió el acusado un cuchillo de cocina con el que reiteradamente pinchó a Juan en la cara, el cuello, en los brazos y en las piernas, mientras le decía, en un vídeo enviado a las 15.38 horas, 'muérete, hijo de puta, muérete, quédate muerto ahí ya, perro, muérete y no te muevas de ahí, que ahora tengo que matar a tres o cuatro más, hijo de puta, ya está muerto, ¿lo ves?, muerto, ¿lo ves?, muerto, muerto, ¡perra!'", recoge la sentencia la transcripción de uno de esos vídeos.

Y siguió así, enviando más vídeos y fotos, hasta que la mujer se dio cuenta de que eran imágenes reales y actuales, y avisó a las 15.58 horas a los hermanos de Juan Baena de lo que estaba pasando. Los primeros agentes de la Policía Nacional de la comisaría de Xirivella llegaron solo 7 minutos después, a las 16.05 horas de aquel 20 de febrero de 2024. Como nadie respondió al timbre ni a sus gritos de "abran, policía", acabaron tumbando la puerta con ayuda del ariete policial.

El aviso que llegó tarde

Los vecinos, que no llamaron porque, dijeron, las discusiones eran frecuentes, solo habían escuchado golpes muy al final de esa salvaje sesión de golpes y punzadas. Cuando entraron, los agentes ya se toparon con el cadáver de Juan, desfigurado y cubierto de sangre, tirado en el sofá, y al asesino, a pocos metros, en el pasillo, con dos cuchillos aún en las manos, con la mirada fuera de sí. Los elevados niveles de droga en la sangre que arrojó en ese momento le han servido ahora para reducir la condena al entender que ese estado influyó parcialmente en sus capacidades.

El asesino fue detenido de inmediato y, desde dos días después, cuando el juez de guardia de Torrent lo envió a la cárcel, ha permanecido en prisión, en la de Picassent, donde aún continuará otros 16 años largos más hasta completar la condena firme de 19 años impuesta ayer por un delito de asesinato por ensañamiento -haber aumentado innecesaria y deliberadamente el sufrimiento de la víctima hasta darle muerte- en el que se ha tenido en cuenta esa atenuante por grave adicción a las drogas.

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