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Juicio con jurado

El acusado, a su hermana, justo después de asesinarla en València: "Ahora ya tienes lo que te has buscado"

La acusación particular pide prisión permanente revisable para el hombre que estranguló a su hermana con el cordón de las llaves un piso del barrio de l'Olivereta, en febrero de 2024, durante una discusión por el pago de los recibos de la luz

Piden prisión permanente revisable para el hombre que estranguló a su hermana con el cordón de las llaves en València

Teresa Domínguez

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València

¿Prisión permanente revisable, es decir, un mínimo de 25 años entre rejas por asesinato, o 15 años por homicidio? Es la amplia horquilla de pena a la que se enfrenta Manuel R. B., hoy de 56 años, por estrangular a su hermana, de 61, durante la enésima discusión doméstica por cuestiones de dinero, en la noche del 28 de febrero de 2024 en el domicilio familiar que ambos compartían, ubicado en la calle Brasil, en el barrio de l'Olivereta de València.

Y lo hizo mientras su víctima hablaba por teléfono con una amiga, que se convirtió, sin quererlo, en testigo de excepción del momento en que Manuel acabó con la vida de su hermana María estrangulándola con el cordón de las llaves que llevaba al cuello, tras haberla aturdido antes a golpes. Cuando la policía llegó, gracias a la alerta de la amiga, que escuchó desesperada e impotente los gritos de "socorro, socorro" de la mujer al otro lado del teléfono, ya no había nada que hacer: María yacía muerta en su dormitorio, cerrado con llave por el autor del crimen.

Durante ese último día de febrero, el acusado ya había dejado un aviso a su hermana: un juguete de su gata sobre un recibo de la luz. Para ella era un claro aviso, pues su propio hermano ya había matado a otro de sus gatos, recuerda el escrito de calificación provisional de la acusación articular, que ejerce el penalista Juan Molpeceres en nombre de la hija de María. De hecho, Manuel había sido condenado por violencia doméstica y había tenido prohibido acercarse a su hermana durante seis meses.

Minada por el miedo y la presión psicológica

Una vez finalizada la orden, María, pese al miedo que le tenía, volvió a acoger a su hermano en la casa familiar. Lo hizo por humanidad, pese a la "presión psicológica y la posición dominante que ejercía él sobre ella". Es más, Manuel, considera la acusación particular, se aprovechaba de la precaria situación de salud de María para minarla poco a poco y destruirla psicológicamente.

Tal era el pánico que tenía María que puso una cerradura en la puerta de su habitación como único sitio de refugio y privacidad. Incluso había establecido con sus amigos una serie de códigos para informarles si se sentía en peligro cuando coincidía con su hermano en casa.

Ese día la mujer entró a la vivienda hablando por teléfono con una amiga y su hermano le dijo: "Tenemos cosas que hablar y que arreglar" mientras ella seguía con la conversación telefónica camino de su habitación. Nada más entrar, intentó cerrar la puerta.

La amiga escuchó todo el asesinato

María, con una mano en el teléfono y la otra abriendo la puerta de la habitación, no pudo reaccionar a tiempo y su hermano Manuel entró increpándola porque no le prestaba atención y seguía hablando con su amiga. Fue entonces cuando el hermano le recriminó que, mientras él tenía la orden de alejamiento de ella -que duró seis meses- no estuvo en la casa, y, por tanto, fue María la que se benefició del bono social que reducía el recibo de la luz. Lo pudo escuchar la amiga que estaba al otro lado del teléfono. Incluso escuchó cómo se rompía un jarrón de la habitación mientras María le decía que saliera. Manuel, aun sabiendo que había una persona hablando con su hermana, ignoraba por completo las peticiones de salir de la habitación y de forma intimidante, se acercó a María y le espetó: "Sácame tú".

La situación cada vez fue más tensa, sobre todo cuando Manuel arrinconó a María en un pequeño espacio entre la cama, la cómoda y la pared, lo que la dejó sin posibilidad de escapatoria. Su hermano cogió el colgante para las llaves que María llevaba al cuello y la estranguló. No le importó que hubiese gente escuchando al otro lado del teléfono y tampoco las peticiones de "¡socorro! ¡socorro!" de la víctima.

Apenas pudo defenderse

María intentó, en ese pequeño habitáculo que le quedaba, defenderse, pero apenas pudo, ni por el exiguo espacio, ni por su delicado estado de salud -había pasado varios tipos de cáncer, con distintas cirugías y ciclos de quimioterapia, el último, solo unas semanas antes-. Esa situación, de completa vulnerabilidad -se agotaba con cualquier pequeño esfuerzo y subir apenas dos pisos la dejaba exhausta-, que Manuel conocía, la dejó a merced de su agresor, considera la acusación particular.

Con todo ello, Manuel tiró del colgante de las llaves de su hermana hasta asfixiarla por completo mientras pedía ayuda. Una vez la dejó sin vida, salió de la habitación, se lavó las manos y regresó de nuevo y, ante el cuerpo de su hermana en el suelo, le dijo: "¿Qué has hecho? Ahora ya tienes lo que te has buscado". Y cerró la puerta con llave para que nadie accediera a la habitación.

"Tranquilos, está encerrada y tengo yo las llaves"

La amiga que escuchó el crimen de principio a fin alertó a otra amiga que sí conocía el lugar exacto donde vivía. Fue esta quien alertó a la Policía Nacional. Cuando llegaron los agentes, Manuel tardó en abrirles. Al verle la cara salpicada de sangre, en actitud nerviosa y muy alterado, lo esposaron y, solo cuando vio que iban a derribar la puerta de la habitación de su hermana, les espetó: “Tranquilos, está encerrada, tengo yo las llaves en mi habitación”. Cuando entraron, encontraron a María, tirada en el suelo, muerta.

Para la acusación particular, se trata de un delito de asesinato, pues el acusado mató a su hermana "impidiendo que se pudiera defender de una manera real y efectiva". Es decir, un homicidio agravado por esa alevosía, en el que, además, concurren dos agravantes, la de parentesco y la de aprovechamiento de las circunstancias del lugar, porque la atacó en el lugar donde ella bajaba la guardia, su habitación, arrinconándola y aprovechándose de su debilidad. Además, considera que se trataba de una víctima vulnerable, por lo que solicita prisión permanente revisable (PPR). En el caso de que el jurado no aprecie esa vulnerabilidad, plantea la alternativa de asesinato simple y pide la máxima condena: 25 años de cárcel.

No piensa igual la acusación pública, pues en la calificación de los hechos, el fiscal José Miralles, considera la muerte de María a manos de su hermano Manuel como un homicidio simple, por lo que solicita para el acusado la imposición de una pena de 15 años de prisión. Sí coincide, lógicamente, en la agravante mixta de parentesco y también lo hace en indemnización: ambos piden que Manuel pague 100.000 euros a la hija de la víctima. Y que asuma las costas del proceso.

Los nueve miembros del jurado que se forme el próximo 30 de junio decidirá hacia qué lado debe inclinarse la balanza.

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