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De la cuna a la jubilación: una vida entera de servicio en el cuartel de Patraix

El cabo mayor Jesús Ismael Moreno Ortiz se jubila tras casi cinco décadas ligado a la Guardia Civil, completando una trayectoria única que termina exactamente en el mismo cuartel que le vio dar sus primeros pasos de niño

El cabo mayor Jesús Ismael Moreno Ortiz se jubila: una vida entera de servicio en el cuartel de Patraix

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València

Las luces de la Comandancia de la Guardia Civil de València siguen encendidas, pero en los pasillos ya se respira un aire distinto de cambio. Uno de sus referentes fundamentales, el cabo mayor Jesús Ismael Moreno Ortiz, ha firmado su último servicio. Tras 48 años de entrega y dedicación, ha llegado el momento de colgar el uniforme. Nacido en el cuartel de Patraix, el mismo que le ve cortarse la coleta, Moreno se ha convertido en mediador de sus compañeros, apoyo de mandos y el corazón de una unidad que para él ha sido una pasarela hacia un merecido descanso.

Jesús Ismael Moreno Ortiz nació el 17 de junio de 1961 en el Hospital Militar de Quart de Poblet. Hijo de padres migrantes de un pequeño pueblo de Badajoz, él, guardia civil, y ella, ama de casa, Jesús es uno de los ocho hermanos que conforman la unidad familiar de los Moreno-Ortiz, conocidos como los “ocho-machos” porque todos son varones. Durante toda su vida ha servido a la Guardia Civil, con todos los cambios de destino que lleva pertenecer a ese Cuerpo, en cuyo seno ha sido testigo de momentos importantes de la historia de España.

Correteando por el cuartel

Desde su nacimiento, Jesús y sus hermanos crecieron rodeados de guardias y jugando por cada rincón del cuartel de Patraix, donde su padre, Antonio Moreno, estaba destinado. Aunque formaba parte del Cuerpo, todos lo recuerdan como el hijo del zapatero de la Comandancia. Fue allí, en Patraix, en ese número 4 de la calle Calamocha, donde Moreno hijo descubrió la vocación que acabaría guiando toda su vida. Solo él y otro hermano decidieron seguir los pasos del padre

Crecer en un cuartel deja momentos inolvidables y un fuerte vínculo entre los que residían entre esas cuatro paredes. Su compañero, el sargento Hervás recuerda con especial cariño la complicidad entre ambos; como las veces que lo subía a hombros para que el joven pudiera alcanzar los frutos más altos del limonero que había en el patio de armas, porque solo no llegaba.

Antonio Moreno, guardia civil y zapatero de la Comandancia (izquierda), junto a su hijo Jesús Ismael en el cuartel de Patraix, Valencia

Antonio Moreno, guardia civil y zapatero de la Comandancia (izquierda), junto a su hijo Jesús Ismael en el cuartel de Patraix, Valencia / Levante-EMV

Con 17 años ingresó en el Colegio de Guardias Jóvenes de Valdemoro (Madrid), una academia militar austera a décadas de los móviles y la tecnología actual, donde aprendió disciplina, compañerismo y servicio. Corrían tiempos de apertura en el país; justo ese año, 1978, nació la Constitución. Dos años después, en 1980, juró bandera y comenzó una carrera que lo llevó a vivir algunos de los momentos más importantes de la historia de España.

Casi medio siglo de servicio

Sus primeros destinos coincidieron con la etapa más oscura del terrorismo de ETA, una realidad que marcó a toda una generación de guardias. En 1981 fue destinado al Grupo de Reserva y Seguridad (GRS, siglas que entonces significaban Grupo Rural de Seguridad), donde participó en diferentes despliegues por todo el territorio nacional: dispositivos con el Rey Juan Carlos I en Palma, servicios especiales como la visita de Juan Pablo II a Moncada en el 82 o varios operativos en situaciones de emergencia. Uno de los episodios que le marcaron de por vida fue la pantanada de Tous, la riada de 1982 que segó nueve vidas en la Ribera al romperse la presa de Tous. Durante la catástrofe, el agente pasó quince días incomunicado mientras trabajaba en las labores de rescate.

Tras su ascenso a cabo primero, fue destinado a Teruel capital y más tarde a Gargallo, en la misma provincia, donde trabajó en la Unidad de Intervención de Armas y Explosivos, un destino mucho más técnico y exigente.

Pese al frío extremo de los inviernos en la provincia aragonesa y la distancia de los suyos, el ingenio y el buen humor le ayudaban a sobrellevar esos meses. Su hija todavía recuerda escuchar en casa una de las historias más divertidas de aquella etapa: cuando el hielo cubría por completo las calles, los agentes tenían que usar cartones a modo de trineos improvisados para poder deslizarse por las cuestas y salir a hacer la compra.

El regreso a su hogar

A finales de los ochenta, poco después de que naciera su primogénito (1987) regresó definitivamente a València, al cuartel de Patraix, su hogar. Enseguida pasó a formar parte del Centro Operativo de Servicios (COS), el corazón de las comunicaciones de la Guardia Civil.

Desde allí gestionó llamadas relacionadas con todo tipo de sucesos y emergencias, como las derivadas de la desaparición, el 13 de noviembre de 1992, de las niñas de Alcàsser, en esos meses difíciles donde casi cualquiera llamaba porque creía verlas en casi cualquier parte. Fue, ha confesado muchas veces a los suyos, uno de los episodios más duros de su carrera, como ese día que las encontraron enterradas, en la mañana del 27 de enero de 1993, en aquel paraje inhóspito, ironías del destino, del término de Tous.

En 1994, se incorporó a Recursos Humanos, un departamento que exigía paciencia, criterio y capacidad para tratar con los guardias y los aspirantes a guardia. Cualidades que destaca su compañero Poveda de aquellos momentos: “El cabo Moreno se convirtió en una figura de referencia. Era el compañero al que todos acudían para resolver dudas, el veterano que orientaba a los recién llegados y el apoyo para mandos y superiores”. Su manera de trabajar, serena y constante, hizo que su nombre se asociara a la confianza y al buen hacer del cuerpo.

Una carrera intachable

Doce años después, en 2006, llegó uno de los hitos más importantes de su trayectoria: su ascenso a cabo mayor. Aquel reconocimiento no solo reflejaba sus méritos profesionales, sino el respeto acumulado durante décadas. Desde 2023, ostenta el honor de ocupar el primer puesto del escalafón en la escala de cabos y guardias, el reflejo definitivo de su intachable trayectoria.

Desde 2023, figura como el número uno del escalafón en la Escala de Cabos y Guardias. En la Guardia Civil, esta lista mide el rango y la antigüedad de miles de agentes, por lo que estar en lo más alto es la prueba indiscutible de su intachable carrera.

El cabo mayor Jesús Ismael Moreno Ortiz (en el extremo derecho), junto al sargento Hervás y el cabo Belarmino durante la entrega de medallas y diplomas en 2008.

El cabo mayor Jesús Ismael Moreno Ortiz (en el extremo derecho), junto al sargento Hervás y el cabo Belarmino durante la entrega de medallas y diplomas en 2008. / Levante-EMV

El granito de arena en la dana

Su último gran servicio llegó en 2024, durante la dana del 29 de octubre. Gracias a su aviso, una familia atrapada sobre el techo de una gasolinera fue localizada y rescatada. Tres vidas salvadas con un gesto que resume su manera de entender el uniforme: discreta, eficaz y profundamente humana.

Su carrera ha transcurrido en paralelo con los cambios más importantes de la sociedad española. Desde finales de los años setenta hasta hoy, Moreno Ortiz ha conocido una institución completamente distinta, cambiante: la evolución tecnológica, la transformación de las comunicaciones, los cambios sociales y la modernización de los cuerpos de seguridad.

Sin embargo, quienes le conocen aseguran que hay algo que nunca ha cambiado: su manera de entender el servicio. “Los valores profesionales son importantes, pero los humanos son por los que realmente destaca”, asegura Julio Allueva, teniente coronel y tercer jefe de la Comandancia de València. En sus últimos años, “ha acogido a los nuevos compañeros como a sus propios hijos”, añade Poveda.

Ahora, tras 48 años ligado a la Guardia Civil, el cabo mayor Moreno Ortiz se despide del servicio, pero no de la actividad.

Jesús Ismael Moreno (centro, de paisano) y sus compañeros de uniforme en el cuartel de Patraix.

Jesús Ismael Moreno (centro, de paisano) y sus compañeros de uniforme en el cuartel de Patraix. / Levante-EMV

Con la jubilación, el cabo mayor podrá dedicar más tiempo a sus aficiones: el fútbol, la huerta familiar y los cacahuetes, que se han convertido casi en una seña de identidad. De hecho, el propio teniente coronel Allueva cuenta entre risas que el cabo mayor guardaba una bolsa de diez kilos en su puesto de trabajo para invitar a todo el que pasaba por allí.

Jesús Ismael Moreno Ortiz cierra así su etapa en el servicio activo. Se marcha el cabo mayor, pero en la Comandancia de Valencia queda el legado de una trayectoria única: la de un agente que aprendió a ser guardia civil en el mismo patio de Patraix donde hoy, casi medio siglo después, cuelga definitivamente el uniforme.

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