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Tribunales

La víctima secuestrada por la banda del Mauri en Montserrat: "O me mataban o me soltaban"

En el juicio, que ha comenzado este miércoles, los seis acusados han pedido declarar el último día que será el lunes

El hombre al que secuestraron le torturaron durante dos horas para que les diera 200.000 euros

Piden 27 años de cárcel para El Mauri y su banda por secuestrar a un hombre y darle una paliza, con la intención de que les diera 200.000 euros

Miguel Pérez

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València

La Sección Tercera de la Audiencia de València ha comenzado a juzgar desde este miércoles el secuestro de un hombre, de 45 años de edad, a quien seis personas interceptaron, tras haberlo seguido en su día a día, y al que le exigieron 200.000 euros tras propinarle una paliza. Los acusados son Joaquín Martins -nuevo nombre de Mauricio Anglés- y cinco personas más de entre 26 y 45 años de edad. Todo apunta a que el móvil de los hechos fue una deuda relacionada con los negocios de El Mauri y otros acusados.

 En las cuestiones previas, las defensas de los acusados han hecho hincapié en cuestionar que no existía aval judicial para colocar la baliza en el vehículo y realizar un seguimiento, intentando invalidar las pruebas y pedían la nulidad por ser una investigación prospectiva y no constar la autorización para registrar la geolocalización del vehículo. La presidenta del tribunal ha rechazado sus pretensiones y ha recordado que solo estaba admitido aquello que se había propuesto.

Conocidos de Catarroja

La víctima declaraba tras un paraban, indicando que conoce a El Mauri, pues ambos son de Catarroja y alguna vez han salido de fiesta juntos, aunque hace veinte años que no tenía amistad con él. Y respecto al resto de acusados, conoce a algunos de vista.

Ha contado que ese día se dirigía a su casa en su coche, un BMW X5, y después al chalé de Montserrat. Explicaba que “como soy cazador, me gusta ir por esos caminos” en referencia a la zona donde lo secuestraron y daba como explicación que vio algo raro y se giró, detectando una furgoneta blanca a su lado, y es cuando “me arrimé a la derecha para dejar pasar al hombre” indicando a renglón seguido que “me asusté al oír chillar. Por el retrovisor vi otra furgoneta y puse la marcha atrás para irme, aunque ya no tenía opciones de salir”.

El hombre ha seguido explicando que sus captores llevaban pasamontañas y uno de ellos “no sé si una pistola o una llave inglesa con la que rompió el cristal de la ventanilla. Bajaron todos y me sacaron a golpes”.

"La sangre me caía por la cara y no veía"

El relato continúa con una serie de “golpes en la cabeza con la culata de un arma. La sangre me caía por la cara y ya no veía. Me cogí a una valla y siguieron pegándome” ha narrado la víctima, recordando que le hicieron un mataleón, lo esposaron y lo introdujeron a la fuerza en una furgoneta. Un forcejeo que acabó con la pérdida de una zapatilla, un reguero de sangre, y un cargador de pistola por los suelos.

Con él iban dos y otros dos más se subieron a su BMW, tardando durante el trayecto unos veinte o veinticinco minutos -en referencia a la nave de Catarroja- y llegaron “a una fábrica o algo así donde había gente esperando, pues oí el ruido de unos cerrojos abriéndose. Y ahí empezó la tortura”.

Ante los seis acusados, la víctima ha narrado que le pegaron por dinero y que no llevaban la cara tapada, incluso dijo haber reconocido a un compañero suyo de boxeo y que le dijeron que “tenemos a tu mujer y a tu hijo. No paraban de pedirme dinero, pero ¿qué dinero? Yo el dinero lo tengo en el banco, en casa tengo mil o dos mil euros” explicaba recordando lo sucedido, pues “me pedían cien mil o ciento cincuenta mil euros y, al final, me dijeron que les diera lo que tuviera, dejándome inconsciente tras dos horas torturándome”.

Al hombre, de 45 años de edad, le amenazaron con cortarle los dedos, lo desnudaron, esposaron y tiraron agua “y cada vez que les decía que no tenía dinero, me azotaban diez o quince veces con una cadena. Es doloroso, no, lo siguiente” narraba ante el tribunal la víctima del secuestro y paliza, recordando que “tenía golpes por todo el glúteo, las piernas, la espalda. Unos dolores espectaculares. No había sentido nunca tanto dolor en mi vida como el de los cadenazos que me dieron”.

"O lo soltamos o lo matamos"

La víctima explicaba también que cogieron unas brasas de una “torrà” a modo de barbacoa “y me quemaron en la espalda. Aunque me habían dejado inconsciente ante ese dolor, me repuse y es cuando dijeron: está vivo. Nos toca soltarlo o lo matamos”. Y es cuando decidieron sacarlo de la nave y, desnudo y atado con bridas, lo rociaron con un extintor, lanzándolo desde la furgoneta en marcha.

Aquí la presidenta del tribunal advertía una contradicción al señalar que le abrieron la puerta por fuera, lo que contradecía su versión de que lo habían lanzado desde el vehículo en marcha. La víctima respondía con un “es que estaba medio en coma”.

Pidió socorro a los coches que pasaban y nadie paró hasta que un motorista le ayudó y, tras ello, denunció los hechos ante la Guardia Civil. En su declaración, la víctima ha explicado que algunos contactos se le acercaron para intentar sacarle dinero, pues le pedían ciertas cantidades por darle información sobre quiénes habían sido sus secuestradores. El hombre decía que se negaba a pagar un duro y que la Guardia Civil ya estaba haciendo su trabajo. No obstante, reconocía que un contacto le dijo “mira, yo sé quién ha sido. Son muy peligrosos. Y me contó cosas que solo lo puede saber una persona que estuviera allí”.

Relataba amenazas posteriores y cambios obligados de vivienda por temor a que les hicieran daño, dado que conoce a casi todos los acusados al haberse criado él en Catarroja. Al principio, señalaba, "tuve un poco de miedo, pero tanto mi mujer como yo decidimos tirar para adelante” insistía este miércoles ante la Sección Tercera de la Audiencia de València.

El testigo del secuestro

Un testigo de los hechos declaraba en esta primera sesión y lo hacía detrás un paraban. Ha contado que, ese día, circulaba por la urbanización y en una curva cerrada, donde apenas cabe un coche, había una furgoneta parada y vio cómo “dos hombres forcejeaban y pegaban a otro, intentando introducirlo en la furgoneta a la fuerza, pidiendo socorro y ayuda”.

Como era tarde-noche y la zona no estaba iluminada, les hizo luces y siguió su camino hasta que vio una zapatilla en el suelo, un reguero de sangre y cristales rotos, “y eché marcha atrás yendo directamente a la Guardia Civil de Picassent”. El hombre les contó lo que había visto y le dijeron que “no pertenecía a su demarcación, que llamara al 112” y así lo hizo, regresando al lugar para mandarles la ubicación a Emergencias. Allí se quedó esperando a la patrulla de otro puesto de la Guardia Civil.

Los agentes de la Guardia Civil alertaron a sus compañeros de Policía Judicial y se desplazaron hasta la urbanización para entrevistarse con el hombre que había visto lo ocurrido. Ahí se inició la Operación Montserrat 121, que se saldó con la detención de Joaquín Martins —nombre actual de Mauricio Anglés ‘El Mauri'— y cinco personas más por su implicación en el secuestro, realizando registros domiciliarios en Paterna, Alfafar y Albal.

La jornada de este miércoles finalizaba con el testimonio de una persona que decía haber estado con uno de los acusados en una discoteca de València el día y la hora en la que ocurrieron los hechos. Cuando le preguntaron por qué permitió, si estaba ese día con su amigo, que haya estado durante 1 año y 4 meses en la cárcel, no supo qué responder.

Este jueves se reanudan las sesiones en la Sección Tercera de la Audiencia de València, que se prolongarán hasta el próximo lunes, cuando sea el momento en el que los acusados tomen la palabra.

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