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Crimen de l'Olivereta

La llamada de la muerte: Un crimen 'narrado' en directo durante 36 minutos

El miedo de María a su hermano Manuel la llevó a establecer códigos por teléfono con sus amigas en caso de estar en peligro

La llamada al terminal telefónico estuvo activa durante más de media hora mientras la asfixiaba

El acusado de matar a su hermana, en la primera sesión del juicio.

José Manuel López

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València

Si en el crimen del agente inmobiliario de Manises los audios grabados por una de las condenadas permitieron escuchar cómo lo mataban, en el caso de María, la mujer muerta a manos de su hermano Manuel en su casa de València, el teléfono vuelve a ser testigo de su muerte. María estaba hablando a las 21.28 horas del día que perdió la vida al ser estrangulada por su hermano, autor confeso de los hechos. Junto al cadáver seguía la llamada de 36 minutos de duración que había iniciado con una amiga y que escuchó: “¡Me ahogo, Socorro!¡Me ahogo!”.

En el último turno de palabra antes de que este lunes se entregue el objeto del veredicto a las partes y posteriormente al Tribunal del Jurado, el autor confeso de la muerte de María, su propio hermano Manuel Ruiz Beltrán, se dirigía este viernes a quienes le juzgan señalando que “ya estoy muerto en vida. Pido perdón y lo siento. Me pasó por una tontería y, por desgracia, estoy aquí”. El reo cerró así la jornada tras el turno de conclusiones tanto del Ministerio Fiscal como de la acusación particular y la defensa.

Nadie plantea otra posibilidad

Manuel ya reconoció el primer día de juicio que había sido el autor de la muerte de su hermana y, el último día ante el Tribunal del Jurado, volvió a recalcar que lo hizo por una tontería, la supuesta discusión por “41 cochinos euros del recibo dela luz”.

Las exposiciones giraron alrededor de si lo que hizo Manuel fue un homicidio, como sostiene la Fiscalía; un asesinato con alevosía, como reclama la acusación particular, o la condena, pero teniendo en cuenta los atenuantes que reclama la defensa del autor confeso.

El Ministerio Fiscal, que representa José Miralles, ha solicitado al Jurado un veredicto de culpabilidad. Hacía hincapié en que Manuel Ruiz Beltrán causó la muerte de su hermana María, así como en las circunstancias que rodean este caso inusual, pues no solo el representante público pide condena, sino también la acusación particular e incluso la defensa del acusado. "Pocas veces vamos a encontrar componentes probatorios que arrojen tanta luz sobre unos hechos incuestionables. Nadie se plantea otra posibilidad que no sea que Manuel mató a su hermana” explicaba el fiscal.

Solo una verdad dijo

La Fiscalía recordaba que, aun así, no han tenido la oportunidad ni el representante público ni la acusación particular y mucho menos los miembros del jurado de saber qué sucedió, pues la versión de Manuel es la única que hay “y está coja, le faltan cosas. No hemos tenido la oportunidad, incluso ustedes, de aclarar cosas confusas o matizar” en alusión a que solo respondió a las preguntas de su abogado. "No nos ha dado la posibilidad de rebatir obviedades. De todo lo que habló, solo dijo una verdad: sí, soy culpable. Porque todo lo demás no es cierto” destacaba el Fiscal.

Miralles, que estuvo en el levantamiento del cadáver de María, ha recordado que la casa de la calle Brasil, en pleno barrio de l'Olivereta, era una vivienda recargada, que cuando entrabas tenías que ir con cuidado de no tropezar ni chocar contra muebles, decoración, o jarrones. Y nada de ello estaba revuelto en la casa, por lo que apoyaba la tesis de que Manuel irrumpió en la habitación de María, donde la mató. No hubo —dijo— ninguna pelea o forcejeo desde el comedor por el pasillo hasta la habitación. “Esa discusión del pasillo no existe. Es una vivienda recargada de decoración y todo estaba en orden, excepto la habitación. Vas andando y tienes miedo de tropezar y darle a algo”.

La defensa de la vida en su cara

También desmontó la tesis de la discusión entre hermanos porque los vecinos no oyeron nada de golpes cuando el crimen ocurrió “y es imposible que no escucharan nada de esa pelea o fuerte discusión, por lo que Manuel falta a la verdad” exponía el fiscal.

Fue claro el representante público al señalar que las heridas que presentaba Manuel en la cara eran “la defensa de la vida de María” recordando que el autor confeso no tiene lesiones en el cuello ni golpes que indiquen que hubo una pelea entre ambos.

La llamada de la muerte

Incidía también en el miedo que María le tenía a su hermano, del que ya se había librado tras ser condenado por violencia y haber cumplido una orden de alejamiento de ella durante medio año. Recordaba Miralles que hasta tenía un código con las amigas para decirles por teléfono que todo iba bien o no.

Hablando del teléfono, el Fiscal recalcaba que la mujer entró en la casa hablando con una amiga, lo que demuestra que no hubo discusión de ella ni empujones ni pelea entre los dos, porque estaba hablando por teléfono.

Pruebas objetivas que la Fiscalía ponía sobre el estrado y que decían “desvirtúan la versión del acusado. Pues María está hablando a las 21.28 horas del día de los hechos y, la llamada junto al cadáver estaba todavía activa durante 36 minutos de duración, por eso sabemos cuándo ocurrió”. De hecho, al oír “me ahogo, me ahogo. Socorro!” quien estaba al otro lado del teléfono llamó al 091.

Sorprendido in fraganti

La Policía Nacional acudió ante la denuncia de una discusión entre hermanos en un domicilio de la calle Brasil y Manuel tardó en abrir. Cuando los agentes entraron en la vivienda, “les abrió y no dijo nada. Únicamente silencio” y la Policía a gritos llamaba si había alguien en la casa y, al revisarla, “vieron todas las puertas de las habitaciones abiertas excepto la de María. Llamaron y no contestó nadie y, cuando iban a tirarla abajo, a los agentes les dijo: tranquilos, no me rompáis la puerta. Y les dio las llaves”.

Para la Fiscalía eso no es ayudar ni colaborar, y mucho menos una confesión; “es una persona descubierta. No colabora, es sorprendido prácticamente in fraganti, pues gracias a la llamada de su amiga al 091 se supo lo ocurrido. Incluso se resistió a decir que su hermana estaba allí. No dice nada hasta que se descubre: ¡claro, no hay nadie más en la casa!” argumentaba el representante del ministerio público.

Concluía su intervención el fiscal Miralles señalando que Manuel no es inimputable, que sabía lo que hacía y no colaboró ni confesó, como tampoco se arrepintió, diciendo: “Ustedes no saben lo que yo he pasado”. Por todo ello, el Ministerio Fiscal ha solicitado el veredicto de culpabilidad.

Las pruebas han hablado por María

También para la acusación particular, que ejerce el abogado penalista Juan Molpeceres en nombre de la única hija de la víctima, “queda fuera de toda duda que Manuel mató a su hermana. Nos ha fallado escuchar a María, pero las pruebas han hablado por ella” reiterando prácticamente todo lo expuesto por el Ministerio Fiscal.

Para la acusación, lo que hizo el autor confeso “no es una confesión, fue reconocer lo evidente” y recordaba que había sido muy duro escuchar que fue María la que intentó estrangular a Manuel y que este le dio la vuelta.

Molpeceres insistía en que nos encontramos ante un asesinato con la concurrencia de alevosía, “pues aprovechó la circunstancia para asegurar el hecho”. Recalcaba el letrado de la acusación que el autor confeso “invadió el espacio de María, entró en la habitación que ella cerraba con llave.Y entró aprovechando que ella había llegado a casa hablando por teléfono y se fue directamente a la habitación porque tenía miedo de él. Y allí es donde ejecuta su muerte”.

Violencia cervical

La forma en la que la mató también es importante para la acusación particular, pues “la alevosía no es utilizar un arma. Recibió varios golpes, uno de ellos ‘muy muy fuerte’ y que ejerció ‘violencia cervical’ como señaló el antropólogo forense, hasta el punto de romperle la vértebra C6, muy poco habitual en los casos de estrangulamiento”.

Por último, para Molpeceres, el acusado aprovechó la condición física de María, su cansancio y sus dolencias del cáncer para cometer el hecho, por lo que reiteraba que María era una persona “de especial vulnerabilidad” pues la atacó cuatro días después de recibir la quimioterapia.

Midió mal sus fuerzas: fue un arrebato

El abogado Francisco Aparicio, que defiende al autor confeso del crimen, comenzaba sus conclusiones relatando que “aquí se han dicho muchas cosas, y en algunas estamos de acuerdo” en referencia a que Manuel mató a su hermana. No estaba conforme con la crítica de las partes de no poder preguntar al acusado, así como el tribunal, dado que es un derecho constitucional que le asiste, y decidió solo responder a su abogado.

El argumentario de la defensa giró en torno a que Manuel facilitó las llaves a la Policía Nacional y volvió a insistir en la pelea entre ambos desde el pasillo a la habitación. Respecto a la lesión cervical compatible con un movimiento brusco hacia atrás, Aparicio intentó explicar que “María estaba encima de Manuel, estrangulándolo a él porque, de lo contrario, si estuviera ella en el suelo, no podría haberse hecho esa lesión cervical”.

Por último, insistía en que la muerte de María a manos de Manuel fue a consecuencia de “un arrebato impulsivo” y que no hubo alevosía porque “se pudo esperar a que colgara el teléfono y no lo hizo; había armas blancas colgadas en la pared y no las utilizó. Si hubiera querido matar, no se espera, coge un cuchillo. Todo surgió por un arrebato con más o menos resistencia. Ofuscado, midió mal sus fuerzas” en referencia a asfixiarla mecánicamente.

Intentaba buscar también la defensa de Manuel algún atenuante, como el ser consumidor de sustancias. Por ello solicitaba que sea condenado por homicidio, se tengan en cuenta los atenuantes y no el agravante de vulnerabilidad de la víctima.

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