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La Fiscalía pide prisión permanente revisable para La Negra Dominga por la narcomasacre del Saler

El asesinato de 14 tiros a quemarropa del último de los Vega Daza, su lugarteniente y un conocido que no debía estar con ellos ese día se orquestó al milímetro desde Colombia y Madrid: fue una ejecución del crimen organizado

Levantamiento de uno de los cadáveres del triple crimen del Saler

Levantamiento de uno de los cadáveres del triple crimen del Saler / Fernando Bustamante

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Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

27 de febrero de 2024. 21.05 horas. Noche ya cerrada. Tres hombres colombianos salen del edificio 7 del Bloque de Aparejadores, en pleno parque natural del Saler, y se disponen a subir a un Volkswagen Passat propiedad de uno de ellos, aparcado casi en la puerta. El silencio de la urbanización, siempre tranquila, se rompe con 14 detonaciones secas. Los cuerpos caen desmadejados. Dos de ellos, en el exterior del coche, al pie de las puertas delanteras, el tercero, sobre el asiento trasero. No llevaban armas y fueron baleados por la espalda. A traición, sin posibilidad alguna de defensa. Entonces nadie lo sabía aún, pero el ajusticiamiento, con el sello inconfundible de las mafias colombianas del narco que resuelven diferencias y ganan territorios a tiro limpio, había empezado mucho tiempo atrás, casi año y medio antes, y muy lejos de la apacible devesa que oxigena València, a casi 8.000 kilómetros, en las afueras de otra ciudad de costa, Barranquilla, en el norte de Colombia.

Esa matanza cuidadosamente planificada y ejecutada, la del Saler, ha llevado al fiscal especial de jurado que lleva el caso a pedir la máxima condena que contempla el Código Penal español para los cinco acusados del crimen: la prisión permanente revisable. ¿Porque son tres asesinatos? No, porque quien presuntamente lo cometió pertenece a una temible organización criminal: está considerado jefe de la banda de Los Piloneros, asociada con Los Costeños, que a su vez es uno de los tentáculos del temible y temido Tren de Aragua, la macromafia venezolana que desde hace tiempo opera en medio mundo, incluida España, donde se les acusa ya de varios crímenes.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga. / L-EMV

Una auténtica carnicería

Uno de los muertos de esa matanza del Saler resultó ser un personaje más que conocido en aquel país: Roberto Vega Daza, Beto, el último varón vivo de un clan, el de los Vega Daza, que llevaba décadas sembrando el terror en el departamento del Atlántico del país andino. Concretamente, desde que su abuelo y fundador del cártel del Norte, Wildron Gabriel Daza Mejía, alias Gabi Daza, se puso al servicio de los carteles de Medellín, con Pablo Escobar al frente, y Cali, con los hermanos Rodríguez Orejuela al mando, para controlar las rutas de salida de la cocaína a través del Caribe.

"Roberto Carlos estaba junto al asiento del copiloto, y recibió cuatro disparos por la espalda que destruyeron la víscera cardiaca con afectación pulmonar con hemotórax. recibió un quinto disparo en la cabeza, estando en plano inferior, que destruyó centros neurológicos vitales. Las heridas eran mortales de necesidad y causaron su fallecimiento instantáneo", reza ahora la calificación provisional de los hechos que la Fiscalía ha presentado en el juzgado.

En el asiento trasero yacía su fiel guardaespaldas, Tarit José Salazar López. "Recibió siete disparos: cuatro en la espalda; uno en la cabeza; uno en el abdomen; y otro en el muslo izquierdo. Las heridas en cabeza y abdomen fueron mortales de necesidad, con destrucción de centros neurológicos vitales y causaron su rápido fallecimiento".

La tercera víctima mortal de ese ajusticiamiento propio de las calles de muchas ciudades tomadas por el narco en Colombia, Venezuela o Ecuador, pero completamente ajenas a los usos y costumbres de los delincuentes locales, era Harold Hugo Jaramillo Rodríguez. El 'daño' colateral. Harold era el dueño del Passat y había ido al Saler a título de chófer ocasional de Beto y de Tarit, porque su mujer, con la que vivía desde hacía años en Picanya, era familia de los Vega. "Estaba próximo a la puerta del conductor y recibió dos disparos por la espalda, que penetraron y perforaron la vértebra D12, el diafragma izquierdo y el pulmón derecho, causando hemorragia aguda por hemoperitoneo y hemotórax traumático, y su fallecimiento instantes después".

El principal sospechoso

Desde el primer momento, todas las sospechas del grupo de Homicidios de la Guardia Civil fueron en una dirección: Álvaro Luis Ospino Illera, alias La Negra Dominga. ¿Por qué? Porque le había jurado venganza desde aquel 24 de octubre de 2022, cuando su sobrino predilecto y ahijado, Jonathan José Ospino Illera -las malas lenguas dicen que, en realidad, era su hijo-, celebraba su 23 cumpleaños en una macrofiesta con amigos, familiares y dos orquestas en un lujoso rancho de Salgar, una pedanía de Puerto Colombia, cerca de Barranquilla

Avanzada la fiesta, en la que Jonathan recibió como regalo dos camionetas Toyota Hilux adornadas con globos dorados, se inició un cruce de disparos en el que los guardaespaldas de Roberto Carlos Vega Daza acribillaron al cumpleañero: seis disparos llevaba en el cuerpo, uno más que los que mataron a Beto en el Saler. El propio Ospino acabó admitiendo ante el fiscal, en su única comparecencia ante el juez de València que investiga el triple crimen, que sabía que el autor material del asesinato de su sobrino fue Roberto Carlos Vega Daza, miembro, según él, de la principal oficina de cobros -eufemismo para designar los grupos de sicarios- del norte de Colombia. ¿Y cómo lo sabía? "Porque lo vi en vídeos que me mostraron. Él le disparaba desde dentro de la camioneta", respondió.

Pintada con aerosol rojo sangre en la puerta de la mansión de los Vega Daza, cerca de Barranquilla, hecha a los 22 minutos del triple crimen del Saler

Pintada con aerosol rojo sangre en la puerta de la mansión de los Vega Daza, cerca de Barranquilla, hecha a los 22 minutos del triple crimen del Saler / Levante-EMV

La pintada hecha a los 22 minutos de la matanza

Las evidencias pacientemente reunidas por el grupo de Homicidios de la Guardia Civil desde ese 27 de febrero no dejan lugar a la duda. Lo del Saler, que Ospino niega -"¿Pa' qué meterme en una guerra con los Vega Daza si la iba a perder?, le soltó al juez-, fue una venganza totalmente personal, pero orquestada desde el crimen organizado. Lo primero lo apuntan la pintada que apareció en casa de los Vega Daza solo 22 minutos después del triple crimen del Saler -dos motoristas pintaron con aerosol rojo sangre en la puerta blanca de la mansión con letras bien grandes y visibles: "Game over los Vega"-; lo segundo, lo han acreditado las pruebas recabadas durante estos dos años largos de investigación policial y judicial.

Después de aquel cumpleaños teñido de sangre, llegaron dos capítulos más. Roberto Carlos fue tiroteado primero en un centro comercial de Barranquilla, el 14 de junio de 2018, pero se libró por los pelos: recibió un balazo y presumió de que volvió a la vida tras estar 35 segundos muerto. Un año después, el 29 de junio de 2023, Beto volvió a burlarse de la muerte cuando su padre, Julio Vega Cuello ('Kike' Vega), y sus dos hermanos, Ray Jesús y Ronald Iván Vega Daza, fueron acribillados en su mansión, Villa Campestre, por hombres de Los Costeños, aliados con el Tren de Aragua para acabar con el poder de los Vega y quedarse ese espacio, supuestamente, por orden de La Negra.

Los ejecutaron de 36 balazos disparados con fusiles de asalto y munición de guerra (5,56 mm) mientras tomaban algo en el porche de la vivienda, y él se salvó porque justo había entrado a la cocina a por un vaso de agua. Después de eso, Roberto, que resultó herido, tuvo claro que su vida pendía de un hilo. Se mantuvo escondido en la Guajira, de donde era original la familia, para pasar luego a Maracaibo, al otro lado de la frontera venezolana. Allí consiguió un pasaporte falso a nombre de Janer Villalobos. 

Desde Maracaibo pasó, posiblemente en noviembre, a Panamá y desde allí, con pasaporte falso, se trasladó a España, después de haber pasado por Montenegro, Albania, Países Bajos e Italia. Todos los feudos de las mafias europeas que negocian de tú a tú con los colombianos las enormes partidas de cocaína que recalan en los puertos del Viejo Continente, entre ellos, el de València. Y aquí es donde recaló finalmente Beto. Y donde la gente de Ospino lo localizó.

Las pruebas de que fue organizado

El 13 de mayo pasado, agentes del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València capturaban, tras meses de paciente espera hasta que cayera en su red, a Álvaro Luis Ospino Illera, la Negra Dominga, jefe de la banda de Los Piloneros y asociado con el temible clan de Los Costeños. Los agentes de la Guardia Civil habían identificado a la perfección a los cinco presuntos implicados en esa matanza, pero solo lograron apresar a tres. Además de La Negra Dominga, fue capturado en Barcelona uno de los sicarios que ejecutaron el triple crimen, Víctor Hugo H. M., y a su novia, Luz Marina M. A., prima segunda de Ospino, acusada de haber colaborado en la planificación y ejecución de la encerrona de una manera fundamental. Los otros dos sospechosos, el segundo sicario, Juan Diego M. H., y su pareja, María Alejandra P. R., huyeron a los pocos días de los crímenes.

Roberto Carlos y Tarit, cuyo hermano Mauricio también fue asesinado a tiros en Colombia, llegaron en 2023 a España y, a finales de diciembre, se instalaron en casa de Harold Hugo y de su mujer en Picanya. Pese a las precauciones, los cinco presuntos implicados acabaron localizándole y, bajo engaño, lo citaron en ese apartamento del Saler. En las semanas anteriores, hubo una auténtica planificación: viajes, billetes de tren, coches alquilados, envíos de dinero y toda una trama para cerrar el círculo y cumplir con la venganza, pero, también, para extinguir por completo a los Vega y hacerse con su terreno.

Y precisamente por eso, la Fiscalía se acoge al tercero de los supuestos del artículo que regula la prisión permanente revisable, el que dice que esa es la condena para aquellos asesinatos cometidos "por quien perteneciere a un grupo u organización criminal". Porque aquí hubo una venganza personal, pero, más allá de eso, lo que había, desde hacía años, era esa cruenta guerra por dominar un territorio y un negocio, el del tráfico de cocaína a gran escala. La defensa de Ospino, lógicamente, rechaza de plano esa acusación.

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