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Las claves de la narcomasacre del Saler: la excuñada, el 'novio' y la encerrona final

La investigación de la Guardia Civil reconstruye los pasos de los cinco implicados en el consorcio criminal para acabar con Roberto Carlos Vega Daza

Solo uno de los dos sicarios que lo ejecutaron de 14 tiros a él, a su guardaespaldas y a un conocido se sentará en el banquillo: el otro murió acribillado en Colombia meses más tarde

Levantamiento de uno de los cadáveres del triple crimen del saler

Levantamiento de uno de los cadáveres del triple crimen del saler / Fernando Bustamante

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Teresa Domínguez

Teresa Domínguez

València

Horas, tardó La Negra Dominga en averiguar el momento exacto en que su archienemigo, Roberto Carlos Vega Daza, alias Beto, ponía los pies en España en esa fuga desesperada que había comenzado el mismo día que el primero, supuestamente, orquestó el exterminio del clan Vega en el asalto al feudo familiar, Villa Campestre, en Barranquilla, el 29 de junio de 2023. En ese ataque, con fusiles de asalto y munición de guerra -25 casquillos del 5.56 mm recogió la Policía-, fueron mortalmente acribillados el padre, Julio Vega Cuello ('Kike' Vega), y los dos hermanos, Ray Jesús y Ronald Iván, de Beto; él se libró por los pelos. Su única salvación fue evaporarse y escapar.

En los meses siguientes, mientras Roberto estuvo buscando refugio con gente con la que hacía negocios de exportación de grandes cargamentos de cocaína en Venezuela, Albania, Montenegro, Países Bajos e Italia, entre primeros de noviembre y las Navidades de ese año, nadie le traicionó. Pero, en cuanto tocó suelo español, alguien le fue con el cuento a Álvaro Luis Ospino Illera. Fue, sostiene la investigación del grupo de Homicidios de la Guardia Civil de València, el principio del fin para el último de los Vega.

El escrito de acusación del fiscal especial de jurado del caso, en el que, tal como adelantó Levante-EMV en exclusiva este domingo, 5 de julio, pide prisión permanente revisable para los integrantes del consorcio criminal que orquestó, presuntamente, la llamada narcomasacre del Saler, recoge la secuencia de dos meses escasos que precedió a la encerrona en la que Roberto Carlos, objetivo principal, su lugarteniente, Tarit José Salazar López, de 25 años, y el marido de una familiar del primero que solo le hacía de chófer improvisado, Harold Hugo Jaramillo Rodríguez, acabaron ejecutados de 14 disparos realizados con dos pistolas del calibre 9 mm.

Quien a hierro mata...

El acusador público, que basa su escrito provisional en la investigación de la Guardia Civil y en la instrucción llevada a cabo por el juez de València que investiga el triple crimen, identifica a cinco presuntos implicados: a la cabeza, Ospino Illera, alias La Negra Dominga, como inductor y principal interesado en la muerte de Beto -por un lado, para vengar el asesinato de su sobrino Jonathan en su fiesta de 23 cumpleaños, en Barranquilla, el 24 de octubre de 2022, y por otro, para quedarse hasta con el último trozo de negocio del clan de los Vega-; los dos sicarios, Víctor Hugo H. M. y Juan Diego M. H., alias Zarco; Alejandra P. R., exnovia de uno de los hermanos de Beto; y Luz Marina M. A., prima de Ospino.

Solo tres de ellos, La Negra, Víctor Hugo y Luz Marina se sentarán en el banquillo. Los tres, con la misma petición de pena, la prisión permanente, el primero, como autor intelectual, el segundo, como autor material, y la tercera, de momento, como cooperadora necesaria.

Los otros dos se escurrieron de las manos de los investigadores en los primeros días que siguieron a la matanza. Alejandra simplemente se esfumó: hay una orden internacional de detención contra ella, pero no tiene muchos visos de acabar con su captura a tiempo para sentarla con los demás en el banquillo de los acusados. Lo del segundo sicario está más claro: murió acribillado en su país, Colombia, meses después de la ejecución del Saler, así que para él la causa está archivada.

La investigación ha permitido saber que en esa fuga desesperada de Roberto Carlos, acompañado en todo momento por Tarit José Salazar, ambos entraron en España a finales de 2023. Desde finales de diciembre, se instalaron en casa de Jaramillo y de su mujer, en Picanya, que los acogieron porque ella era familiar de un Vega. Casi al mismo tiempo, esa información le llegó a Ospino: la Guardia Civil ha averiguado que en esas mismas fechas entró en España y se quedó en Madrid.

Los viajes de Barcelona a Madrid

Los siguientes en llegar fueron los dos sicarios, Víctor Hugo y Juan Diego. La investigación los sitúa en Barcelona el 5 de diciembre y el 10, en Sant Pol de Mar (Barcelona). Exactamente los mismos días y las mismas coordenadas donde ubican las geolocalizaciones de su teléfono a Roberto Carlos y a su lugarteniente y protector, Tarit. Barcelona es una gran urbe y podría ser casualidad esa coincidencia, pero ¿Sant Pol? Inverosímil, cuanto menos.

El 17 de ese mes, los dos presuntos sicarios viajaron a Madrid, donde ya vivía Ospino. ¿Otra anomalía de las teorías de la probabilidad? Los investigadores sostienen que fueron a rendirle cuentas al jefe de sus averiguaciones y quedadas en Barcelona. Allí permanecieron hasta el día 21, en vísperas de las Navidades, cuando ambos viajaron juntos a Colombia en un vuelo abonado con la misma tarjeta de crédito.

Víctor Hugo volvió a España a principios de 2024, sostiene el fiscal. Volvió a coincidir en la misma ubicación que La Negra, en Madrid, y, "con el teléfono de este, sacaron dos billetes de tren para viajar a València el 17 de enero". Ospino negó haber hecho ese viaje, pero Adif no tiene dudas: los dos billetes fueron activados y utilizados.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga.

Ficha policial antigua de Álvaro Luis Ospina Illera, alias La Negra Dominga. / L-EMV

Las relaciones de familia

¿Y qué papel jugaba Luz Marina? ¿Qué hizo para enfrentarse ahora a esa petición de condena máxima? La investigación ha reunido evidencias de que ella, prima carnal de Ospino, residía dese hacía tiempo en València, así que, en cuanto La Negra barruntó que Roberto Carlos se había instalado en tierras valencianas, tiró de relaciones familiares. El fiscal afirma que la mujer "facilitó información y medios a los acusados para llevar a cabo su acción homicida": en febrero alquiló un vehículo de la marca Jeep para sus desplazamientos y un apartamento que les sirvió de alojamiento, pagó distintos gastos -y recibió después la cantidad exacta-, compró un teléfono para Víctor Hugo y contrató el viaje de vuelta para él tras la narcomasacre en un BlaBlaCar, afirma la Fiscalía.

Pero aún había que diseñar la trampa final. Y ahí entra en juego la fugada María Alejandra P. R. y el segundo sicario. La primera tenía toda la confianza de Roberto Carlos, porque había sido la pareja de su hermano durante mucho tiempo. Su excuñada, vamos.

Alejandra y Juan Diego se desplazaron a València en febrero y alquilaron el apartamento de la torre 7 del Bloque de Aparejadores, en el Saler. Alejandra localizó a Roberto Carlos y le presentó a Juan Diego como su novio. No lo era. Una vez que lo tuvo confiado, "tras mantener varios contactos", lo invitó al apartamento del Saler. Beto, Tarit y Harold Hugo llegaron en el coche de este a las 19.00 horas del 27 de febrero de 2024.

Pintada con aerosol rojo sangre en la puerta de la mansión de los Vega Daza, cerca de Barranquilla, hecha a los 22 minutos del triple crimen del Saler

Pintada con aerosol rojo sangre en la puerta de la mansión de los Vega Daza, cerca de Barranquilla, hecha a los 22 minutos del triple crimen del Saler / Levante-EMV

El último acto: la pintada de "game over"

Estuvieron un par de horas. Sobre las nueve de la noche, se despidieron, bajaron y se encaminaron hacia el Volkswagen Passat azul oscuro de Harold, aparcado justo enfrente de la puerta del edificio. Cuando iban a subir al vehículo, sostiene la Fiscalía, Juan Diego y Víctor Hugo, armados con las dos pistolas del 9, los acribillaron por la espalda. 14 tiros cas a quemarropa.

Solo 22 minutos después, dos motoristas con las cabezas bien cubiertas por sendos cascos negros escribían con un aerosol de color rojo sangre "Game over los Vega" en la puerta de su mansión, en Barranquilla, a 8.000 kilómetros de donde yacía muerto de cinco tiros, el quinto, en la cabeza, para rematarlo, el último varón que quedaba del antes temido clan de los Vega, dueños y señores del Cártel del Norte desde los tiempos de Pablo Escobar y los hermanos Orejuela.

Foto familiar de Roberto Carlos Vega Daza tomada en su país, antes de la primera masacre.

Foto familiar de Roberto Carlos Vega Daza tomada en su país, antes de la primera masacre. / Levante-EMV

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