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El dueño del bar que mató a golpes a su hijastro en València tras una noche de fiesta: "El 'pelao' iba muy tomado y me atacó"

Agentes de Homicidios y de Policía Científica registran el local en presencia del detenido, quien asegura que pilló al hijo de su novia intentando robarle al despertarse

El homicida, que tardó más de tres horas en llamar a la Policía, afirma que se quedó dormido tras haber estado tomando alcohol y cocaína toda la noche

El inculpado asegura que los golpes que mataron a Harold Esteban, de 20 años, fueron con una maceta de arcilla de grandes dimensiones

Estado del interior del bar de València donde el dueño mató a golpes a su hijastro, tras el crimen.

Estado del interior del bar de València donde el dueño mató a golpes a su hijastro, tras el crimen. / Levante-EMV

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València

"El 'pelao' iba muy tomado y me atacó". Así ha resumido el móvil del crimen Hugo A. M., el dueño del restaurante colombiano La Esquina Tropical detenido este miércoles en València tras haber matado a golpes en su bar al que ha resultado ser su hijastro, tras una noche de fiesta juntos en el local, tal como adelantó Levante-EMV,. El arrestado ha insistido, además, en que causó la muerte a Harold Esteban, de 20 años, al que triplica la edad y dobla el peso, tras sorprenderle intentando robarle después de despertarse.

Lo ha hecho durante el registro practicado en el establecimiento, a primera hora de este jueves, por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional y especialistas de Policía Científica de ese Cuerpo, en presencia de la letrada de la Administración de Justicia del juzgado de guardia, del acusado y de su abogada, la penalista Nati García, y cuya finalidad es completar los primeros pasos de la investigación y ver in situ las explicaciones del detenido sobre dónde estaba cuando se inició el enfrentamiento y cómo se desarrolló este, para constatar o aclarar las incongruencias de su relato.

Dos públicos, dos versiones

El presunto homicida, de 62 años y que pasará casi con toda seguridad este viernes a disposición judicial, se ha mostrado tranquilo durante el registro y, a preguntas de los periodistas que grababan imágenes del entorno en el exterior cuando se han visto sorprendidos por la llegada de los agentes en compañía del detenido, ha proclamado una inocencia difícil de mantener y que no ha sostenido ante los investigadores. Así, ha respondido con un escueto "yo no he matado a nadie" cuando le han preguntado por qué había acabado con la vida de Harold, a quien triplicaba la edad. Nada que ver con ese reconocimiento implícito de lo sucedido que ha protagonizado durante el registro, cuando aseguró ante los policías que "el 'pelao' iba muy tomado y me atacó".

Ha sido en torno a las 9.25 horas de este jueves, cuando han llegado a ese número 7 de la calle Ferro, en el barrio de Ayora, varios coches patrulla, así como agentes de Homicidios y de la Policía Científica, junto con el letrado de la Administración de Justicia, para realizar esta diligencia, habitual en las horas siguientes a toda detención por un delito grave. El registro ha durado poco más de tres cuartos de hora, ya que el local donde se produjo la muerte de Harold Esteban es de pequeñas dimensiones, por lo que los agentes del equipo de inspecciones oculares de Científica han tardado poco en tomar imágenes y muestras de los vestigios con interés criminal, y en determinar, con el soporte de Homicidios, qué elementos debían llevarse para ser analizados por su relevancia.

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Con un macetero grande

Aunque a esa hora el presunto homicida aún no había prestado declaración oficialmente -esa diligencia se llevó a cabo en la tarde del jueves, y Hugo A. M. se acogió a su derecho a no declarar por consejo de su letrada-, sí ha trascendido que mientras la Policía registraba el lugar, no solo lanzó esa frase sobre que había sido el hijo de su novia quien le había atacado primero, sino que, además, admitió que los dos estuvieron juntos toda la noche, bebiendo y consumiendo drogas, entre ellas cocaína, y que, ya al amanecer, se quedó dormido en un viejo sofá cama del que ya solo queda el colchón, y que usa muchas veces para pernoctar en el bar, sobre todo cuando se queda bebiendo hasta tarde con algún amigo.

También, que cuando se despertó, sorprendió al hijo de su pareja rebuscando para, según él, robarle dinero, lo que le enfureció y le llevó a preguntarle qué estaba haciendo.

Hugo, que se hace llamar El Comandante porque, asegura, ese era su rango dentro de las FARC colombianas, afirma que cuando le llamó la atención a Harold, fue este quien reaccionó atacándole, y que durante esa pelea, el hijo de su pareja cayó al suelo. Según su versión, la víctima habría quedado tendida bajo una mesa de plástico extensible sobre la que había un macetero de arcilla de grandes dimensiones, que se volcó accidentalmente sobre él, causándole las gravísimas heridas en la cabeza y la cara.

Y es cierto que ese objeto estaba caído y roto, y la tierra, desperdigada, y que el cuerpo yacía exactamente debajo de la mesa cuando llegó la Policía, pero también lo es que buena parte de las lesiones que presenta el cuerpo de la víctima, que denotan que se ejerció una violencia y una fuerza considerables, no encajan en ese relato, ni por la forma en que fueron infligidas, ni por los puntos de impacto, por lo que no parece que esté diciendo la verdad.

Asegura que se asustó y no supo qué hacer

Afirma, así mismo, que cuando se dio cuenta de que el joven estaba muerto, porque no se movía y había mucha sangre, se asustó y que no supo qué hacer. El tiempo fue pasando y, horas después -más de tres, en realidad-, llamó a una de sus hijas y le dijo que le habían intentado robar y que había golpeado al ladrón. En esa primera llamada, no dijo quién era la víctima ni dio más información a su familiar, solo le pidió que pidiese ayuda. La hija marcó el teléfono 112 de Emergencias y repitió lo que su padre le había dicho. Eran más de las 9.30 horas.

Casi a continuación, fue el presunto homicida quien llamó, pero esta vez directamente al 091, la sala de control de la Policía Nacional, pidiendo ayuda porque, según dijo, había atacado a un joven que había intentado robarle en su local y creía haberlo matado. Obvió un detalle importante: que lo conocía y que era el hijo de su novia.

Los investigadores del grupo de Homicidios, sin embargo, creen que oculta la verdad y que en un primer momento trató de borrar las huellas de su acción. Por eso empezó a limpiar -había un cubo de fregar con agua sanguinolenta-, hasta que fue consciente de que era imposible dejar el escenario impoluto y, sobre todo, deshacerse del cuerpo a esas horas, cuando el barrio hacía rato que se había despertado y el tránsito de personas y coches era suficientemente frecuente como para que lo hubieran sorprendido con el cadáver entre las manos.

Heridas mortales de necesidad

Mientras se realizaba ese registro, otros agentes asistían a la autopsia que se le ha practicado al cuerpo sin vida de Harold Esteban P. T., que había cumplido los 20 años el pasado mes de febrero, en las instalaciones del Instituto de Medicina Legal (IML) de València. El informe preliminar confirma que varios de los golpes recibidos en la cabeza fueron mortales de necesidad porque destruyeron centros neurológicos vitales. De hecho, ya los primeros policías y la forense habían apreciado no solo diversas fracturas en la cara y en la cabeza, sino pérdida de masa ósea en algún punto, además de un reguero de hematomas y rozaduras que denotan la intensa pelea entre ambos.

También ha confirmado lo que ya habían detectado las médicas forenses de guardia que habían acudido en el primer momento, que el punto de coagulación de la sangre y otros elementos en el cadáver evidenciaban que, cuando lo examinaron, cerca de las 10.30 horas, llevaba horas muerto; concretamente establecieron que el fallecimiento debió producirse entre las cuatro y las seis de la madrugada, es decir, entre tres horas y media y cinco horas y media antes de que Hugo A. M. llamase a la Policía Nacional.

La primera patrulla que llegó al bar, un vehículo radiopatrulla de la comisaría del Marítim, se entrevistó con él, lo detuvo y lo mantuvo dentro del coche policial mientras se ponía en marcha el habitual protocolo de muertes violentas. Ya los primeros agentes vieron elementos que no cuadraban con la versión de Hugo A. M.: los intentos de limpieza, los restos en el bar que denotaban que había estado bebiendo con alguien -las pruebas de Toxicología que se le practiquen al cadáver revelarán la coincidencia con los restos del bar-, las incongruencias entre su versión y lo que decía el escenario, hablaban de otro tipo de homicidio.

Medida de prisión provisional

Poco después, Homicidios ordenó el traslado del presunto autor de este nuevo crimen en la ciudad de València al complejo policial de Zapadores, en cuyos calabozos permanecerá hasta que sea llevado este viernes a disposición judicial. Si la Policía concluye su trabajo antes de las 15.00 horas, serán la jueza de la plaza 2 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València y su fiscal adscrito quienes tomen la decisión de enviarlo a prisión, ya que son ello quienes llevan el asunto porque estaban de guardia cuando se descubrió el crimen.

De no ser así, es decir, si la Policía necesita más tiempo, el detenido y el atestado serían entregados en el juzgado de guardia, función que desempeña este viernes el titular de la plaza 4 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València, quien únicamente intervendría para determinar la situación procesal de Hugo A. M.

Gritos y peleas constantes

Mientras, el barrio de Ayora continuaba ayer conmocionado. Una de las vecinas de la calle Ferro confirmaba a Levante-EMV que en el bar La Esquina Tropical “sí se escuchaban bastantes gritos” y que “la verdad es que había bastantes peleas”. La misma persona sostiene que “no tenía clientes. Siempre estaba la misma gente y era un local que no daba buen ambiente; no me transmitía confianza ni él ni el local” en referencia al detenido, opinión que contrasta con las excelentes referencias del restaurante en su perfil de Facebook y con las declaraciones de los vecinos que se acercaron ayer al lugar, tras saber que se había producido un homicidio en su interior.

Otra vecina del barrio aseguró ayer a este diario que “no era un bar normal donde la gente entraba a almorzar”. Destacó que el dueño siempre estaba en la puerta y "era muy educado".

El Comandante vive desde hace siete años en el barrio, y desde hace dos regentaba el bar La Esquina Tropical. Solía realizar fiestas en el interior del establecimiento e incluso pernoctar en él. De hecho, dentro del bar había colchones, ropa y zapatos visibles desde una de las ventanas, que permanece abierta tras los hechos.

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