El juez decreta prisión para el dueño del bar acusado de matar a su hijastro a golpes en València
El magistrado de guardia imputa a Hugo A. M., de 62 años, que se ha negado a declarar y ha pedido que le hagan un análisis de tóxicos, un delito de homicidio y otro de tráfico de drogas
Homicidios considera que la muerte de Hugo, de 20 años, fue un asesinato por la diferencia de tamaño entre el agresor y su víctima y la falta de capacidad de defensa del joven

Fernando Bustamante

El juez titular de la plaza 4 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València ha decretado este viernes, 7 de agosto, el ingreso en prisión, provisional y sin fianza, de Hugo A. M., el hombre de 62 años que el pasado miércoles de madrugada mató a golpes a su hijastro de 20 años, Harold Esteban P. T. en el restaurante de comida colombiana del presunto homicida, ubicado en el número 7 de la calle Ferros, en el valenciano barrio de Ayora. Lo ha decidido, a instancias del fiscal, han informado fuentes del TSJCV, tras examinar el atestado entregado por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional y después de que el arrestado se haya negado a declarar, algo que ya había hecho durante su declaración policial, en la mañana de este viernes. De momento, le imputa un delito de homicidio y otro de tráfico de drogas por los estupefacientes encontrados en el local, La Esquina Tropical, durante los registros policiales llevados a cabo el miércoles y el jueves.
Tras ese trámite, el grupo de Homicidios, una vez concluida su investigación, ha determinado que las circunstancias en las que se produjo la muerte violenta de Harold, con heridas gravísimas e incompatibles con la vida en la cabeza y la cara, son más graves que las de un mero homicidio, por lo que concluyen que se trata de un asesinato, dada la evidente diferencia física entre autor y víctima que, concluyan, mermó su capacidad de defensa y algunos datos del informe preliminar de la autopsia que dejan en duda la posibilidad de defensa del joven.
Será, sin embargo, la jueza del caso, titular de la plaza 4 de la Sección de Instrucción del Tribunal de Instancia de València, quien establezca finalmente si la acción del acusado puede considerarse alevosa, lo que agravaría el homicidio y lo convertiría en asesinato, o si en lugar de esa alevosía, contempla un abuso de superioridad, una circunstancia que aumenta el grado de la pena pero deja el delito como homicidio, como lo ha considerado este viernes el juez de guardia. Tal como ha venido informando este diario, el presunto asesino triplica la edad y dobla el peso a su víctima, además de una considerable diferencia de altura, ya que Hugo A. M. supera el 1,80 de estatura, mientras que el hijo de su novia rozaba el 1,70.
Prueba de tóxicos y revisión forense
El detenido ha sido llevado a los calabozos de la Ciudad de la Justicia en la conducción de la tarde y ha comparecido ante el juez de guardia pasadas las cinco. Como había hecho antes en el complejo policial de Zapadores, se ha acogido a su derecho a no declarar. Eso sí, ante el magistrado sí ha accedido a que se le tome una muestra de ADN aunque ante los investigadores se había negado. Además, su letrada, la penalista Nati García, ha solicitado que sea examinado por el médico forense de guardia para dejar constancia de las lesiones físicas que, afirma la letrada, tiene y que, según ella, acreditarían que sí hubo pelea y que, por lo tanto, Harold, se defendió.
Así mismo, ha solicitado que se le tomen muestran de tóxicos, tanto de alcohol como de estupefacientes, porque, asegura, "ambos estuvieron toda la noche consumiendo grandes cantidades de alcohol y de distintas drogas, entre ellas cocaína, pero también otras". En caso de obtener resultados positivos, ese hecho le permite buscar una rebaja de la condena alegando que actuó con sus capacidades alteradas por ese consumo, según Hugo A. M., abusivo a lo largo de toda la noche del 4 al 5 de agosto.
En cuanto a su versión de los hechos, el presunto asesino ya no habla de robo, pero sí de una supuesta defensa legítima. Así, según su abogada, "dice que se quedó dormido y que Harold le atacó por la espalda" de repente, y que "él se limitó a defenderse".

Estado del interior del bar de València donde el dueño mató a golpes a su hijastro, tras el crimen. / Levante-EMV
"El 'pelao' iba muy tomado y me atacó"
La frase que empleó para describir los hechos, concretamente, fue "el 'pelao' iba muy tomado y me atacó", tal como ha venido informando Levante-EMV. Lo hizo durante el registro practicado en el establecimiento, a primera hora de este jueves, por el grupo de Homicidios de la Policía Nacional y especialistas de Policía Científica de ese Cuerpo, en presencia de la letrada de la Administración de Justicia del juzgado de guardia, del acusado y de su abogada, y cuya finalidad era completar los primeros pasos de la investigación y ver in situ las explicaciones del detenido sobre dónde estaba cuando se inició el enfrentamiento y cómo se desarrolló este, para constatar o aclarar las incongruencias de su relato.
El presunto homicida, de 62 años, se mostró tranquilo "aunque afectado", según su abogada, durante el registro y, a preguntas de los periodistas que grababan imágenes del entorno en el exterior cuando se han visto sorprendidos por la llegada de los agentes en compañía del detenido, ha proclamado una inocencia difícil de mantener y que no ha sostenido ante los investigadores. Así, respondió con un escueto "yo no he matado a nadie" cuando le preguntaron por qué había acabado con la vida de Harold. Nada que ver con ese reconocimiento implícito de lo sucedido que protagonizó durante el registro, cuando aseguró ante los policías que "el 'pelao' iba muy tomado y me atacó".
Ya no habla de robo
Hugo, que se hace llamar El Comandante porque, asegura, ese era su rango dentro de las FARC colombianas, ya no ha vuelto a sostener el robo que dio en su primera versión, la de que tras dormirse en el viejo sofá cama que tiene en el bar y del que ya solo queda el colchón, sorprendió al hijo de su novia robando, y que entonces Harold le respondió atacándole. Nada ha dicho este viernes, en el juzgado, del uso de un macetero grande de arcilla, roto, con sangre y la tierra desperdigada, que la Policía Científica cree que se usó como arma del crimen. Un día antes, durante el registro, había dicho que durante la pelea, el hijo de su pareja cayó al suelo y quedó tendido bajo una mesa de plástico extensible (esto sí lo mantiene). Y fue después, asegura, cuando, de algún modo que no acierta a explicar, ese enorme macetero de arcilla se volcó accidentalmente sobre Harold, causándole las gravísimas heridas en la cabeza y la cara que lo mataron.
Una versión poco creíble a tenor de las lesiones que presenta el cuerpo de la víctima, que denotan que se ejerció una violencia y una fuerza considerables, y no encajan en ese relato, ni por la forma en que fueron infligidas, ni por los puntos de impacto, ni por la cantidad de golpes.

Germán Caballero
Asegura que se asustó y no supo qué hacer
Afirmó, así mismo, que cuando se dio cuenta de que el joven estaba muerto, porque no se movía y había mucha sangre, se asustó y que no supo qué hacer. El tiempo fue pasando y, horas después -más de tres, en realidad-, llamó a una de sus hijas y le dijo que le habían intentado robar y que había golpeado al ladrón. En esa primera llamada, no dijo quién era la víctima ni dio más información a su familiar, solo le pidió que pidiese ayuda. La hija marcó el teléfono 112 de Emergencias y repitió lo que su padre le había dicho. Eran más de las 9.30 horas.
Casi a continuación, fue el presunto homicida quien llamó, pero esta vez directamente al 091, la sala de control de la Policía Nacional, pidiendo ayuda porque, según dijo, había atacado a un joven que había intentado robarle en su local y creía haberlo matado. Obvió un detalle importante: que lo conocía y que era el hijo de su novia.
Los investigadores del grupo de Homicidios, sin embargo, creen que oculta la verdad y que en un primer momento trató de borrar las huellas de su acción. Por eso empezó a limpiar -había un cubo de fregar con agua sanguinolenta-, hasta que fue consciente de que era imposible dejar el escenario impoluto y, sobre todo, deshacerse del cuerpo a esas horas, cuando el barrio hacía rato que se había despertado y el tránsito de personas y coches era suficientemente frecuente como para que lo hubieran sorprendido con el cadáver entre las manos.
Heridas mortales de necesidad
Mientras se realizaba ese registro, otros agentes asistían a la autopsia que se le ha practicado al cuerpo sin vida de Harold Esteban P. T., que había cumplido los 20 años el pasado mes de febrero, en las instalaciones del Instituto de Medicina Legal (IML) de València. El informe preliminar confirma que varios de los golpes recibidos en la cabeza fueron mortales de necesidad porque destruyeron centros neurológicos vitales. De hecho, ya los primeros policías y la forense habían apreciado no solo diversas fracturas en la cara y en la cabeza, sino pérdida de masa ósea en algún punto, además de un reguero de hematomas y rozaduras que denotan la intensa pelea entre ambos.
También ha confirmado lo que ya habían detectado las médicas forenses de guardia que habían acudido en el primer momento, que el punto de coagulación de la sangre y otros elementos en el cadáver evidenciaban que, cuando lo examinaron, cerca de las 10.30 horas, llevaba horas muerto; concretamente establecieron que el fallecimiento debió producirse entre las cuatro y las seis de la madrugada, es decir, entre tres horas y media y cinco horas y media antes de que Hugo A. M. llamase a la Policía Nacional.
La primera patrulla que llegó al bar, un vehículo radiopatrulla de la comisaría del Marítim, se entrevistó con él, lo detuvo y lo mantuvo dentro del coche policial mientras se ponía en marcha el habitual protocolo de muertes violentas. Ya los primeros agentes vieron elementos que no cuadraban con la versión de Hugo A. M.: los intentos de limpieza, los restos en el bar que denotaban que había estado bebiendo con alguien -las pruebas de Toxicología que se le practiquen al cadáver revelarán la coincidencia con los restos del bar-, las incongruencias entre su versión y lo que decía el escenario, hablaban de otro tipo de homicidio.
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