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Caso Abierto - Levante-EMV

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Los vientos erráticos, una clave en los incendios de la Comunitat Valenciana

Los cambios súbitos en la dirección del viento han avivado el fuego en Bejís

Un avión de extinción sobrevuela el incendio de Bejís

Los vientos "erráticos" -variables sin dirección fija y muy cambiantes, que en algunos casos han tomado direcciones opuestas en zonas cercanas- han sido una característica clave de los incendios forestales que ha sufrido la Comunitat Valenciana la última semana, en los que han ardido 32.000 hectáreas.

Este comportamiento del viento ha dado lugar a convergencias y en muchas ocasiones ha provocado que el humo en capas bajas no se dispersase y quedase confinado junto al suelo, dificultando las tareas de los medios aéreos.

Fuentes de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) en la Comunitat Valenciana han explicado que estos vientos tan "erráticos" están conectados con este verano "extremadamente cálido", ya que una temperatura del aire muy alta implica un mar muy cálido, y un mar muy cálido deriva en brisas más débiles, con menos fuerza y menos penetración hasta el interior.

Según las mismas fuentes, en todo el litoral mediterráneo el régimen de vientos es muy complejo en verano, cuando no suele haber un flujo rector que canalice el viento en una dirección principal.

En la Comunitat Valenciana, y por extensión en todas las comunidades del Mediterráneo con sierras litorales y un mar cálido en verano, se crean circulaciones de viento semidiurnas generadas por la desigual conducta térmica de las aguas y de las tierras, ya que las aguas poseen un calor específico más alto y las tierras se enfrían y calientan más rápido.

Así, durante el día el continente se calienta más y con mayor rapidez que el mar, lo que favorece un viento que penetra por la costa hacia el interior, mientras que por la noche se produce el fenómeno inverso, ya que la tierra irradia el calor acumulado durante el día y el mar presenta temperaturas más elevadas.

Consecuentemente, por la noche el viento cambia y se dirige del continente al mar, estableciéndose lo que se denomina "brisa de tierra", y en las zonas de sierra se produce una propia dinámica semidiurna de vientos, con vientos de valle y de montaña que cambian de dirección de día y de noche.

Estos factores, la presencia de sierras litorales y un mar cálido en verano, dan lugar a "campos de viento complejos" que, además, se encajonan por los valles, teniendo cada uno un propio sistema de vientos cuando el flujo general es débil.

"Todo esto hace complejo la creación de estrategias para la extinción del incendio, más si tenemos en cuenta que en los grandes incendios, sobre todo cuando la atmósfera está algo inestable, crean sus propias dinámicas internas", han señalado las mismas fuentes.

Además, este año ha habido varios factores que han dado lugar a campos de viento más débiles, y por tanto menos estables: fundamentalmente la temperatura del agua del mar, que está alcanzado registros históricos desde al menos 1959.

Según explica Aemet, un mar cálido dificulta el mecanismo de formación de las brisas, y cuando se generan son más débiles y con menos penetración hacia el interior.

De hecho, climáticamente las brisas más fuertes se suelen producir al final de la primavera y principio del verano -cuando mayor es el contraste entre las temperaturas del aire y del mar- , mientras que conforme avanza agosto, a medida que el mar se va calentando, las brisas cada vez se hacen más débiles, especialmente este año con un mar tan cálido.

Además, la lluvia ha estado ausente prácticamente desde hace casi cuatro meses, desde el 3 de mayo (día de lluvias torrenciales en la ciudad de València y que pusieron fin a una primavera extremadamente húmeda), lo que deja un escenario que combina calor, sequía, gran evapotranspiración, régimen de vientos más flojo y variable, y que ha dejado un final de verano catastrófico en los montes valencianos.

La situación desde mediados de la primavera encaja con un escenario de fenómenos extremos compuestos, en el que se presentan al menos dos situaciones adversas simultáneamente, en este caso olas de calor y sequía extremas, que han propiciado un riesgo de incendios muy alto.

Aemet recuerda que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático o Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) considera que estos episodios extremos compuestos son probablemente ya más frecuentes por el cambio climático, y con alta probabilidad la ocurrencia simultánea de olas de calor y sequías en nuestro entorno geográfico irá en aumento.

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