03 de octubre de 2010
03.10.2010

Los medios de incomunicación

Jaime Somalo Vilana

03.10.2010 | 07:30

Tras las manifestaciones celebradas en Madrid el otoño pasado contra la modificación de la anterior Ley del aborto resultaba chocante cómo unos medios de comunicación cifraban su afluencia en menos de 50.000 personas, y otros cercana a los 2.000.000. Ridículo, hiriente e irresponsable. Otras veces se encuentran titulares opuestos sobre los mismos hechos: «Costas regenera un cordón dunar, y lo naturaliza en la playa»; mientras en otros periódicos «el Gobierno autoriza la destrucción de una duna». Por terminar con los ejemplos, citar la guerra de cifras sobre el seguimiento de la Huelga General del pasado día29.
Informaciones tan contradictorias sobre la misma actuación despiertan recelo y desconfianza en lectores, oyentes o navegantes, que se preocupan de contrastar y que pretenden estar informados. El que se conforma con un solo medio, probablemente no percibirá la diferencia de tratamiento de la noticia. Los medios de comunicación deben ser fidedignos a los hechos. En ocasiones, dentro de su ámbito específico, cabe margen para introducir cierto sesgo, interpretación u opinión. Es el caso de los articulistas, editoriales o de las cartas de opinión. Pero una cosa es ese ámbito, que el propio sentido común debe acotar evitando disparates como los anteriores, y otra es ser torticero y manipulador. Cada vez se aprecian mayores dosis de estos ingredientes, contrapuestos a la objetividad, profesionalidad e independencia que deben presidir en todo medio que se precie de serlo. Cuando tales prácticas se fomentan y se extienden, dejando de ser excepcionales o puntuales, el medio se degrada y se corrompe. Se convierten en medios de incomunicación, tergiversación, desinformación, manipulación, politización y/o intoxicación. Los órganos destinados a la información pública deben ser lo más objetivos, asépticos y generales posibles. Sin embargo no es difícil recibir información tan dispar como la de los ejemplos, la cual persigue metas con frecuencia poco legítimas. Desde luego vinculadas a una corriente partidista, o a una esfera política y le transmite pautas de actuación rigurosamente estudiadas. Otras veces, haya que buscar las causas a la falta de tiempo, de profesión o de estudio adecuado en el asunto que se cubre.
Una sociedad civil que aspire a estar bien informada y formada debe exigir a sus medios profesionalidad y rigor en su proceder. Objetividad e independencia. Precisamente por la trascendencia e influencia que imprimen en todo lo que tratan. Teniendo en cuenta el voraz apetito de poder de gran parte de la clase política actual, es éste un objetivo ciertamente difícil? pero deben existir cauces y procedimientos para deslindar una cosa de la otra. Y si no, tendremos que inventarlos, acordarlos, y usarlos, para evitar que, recordando a Ramón de Campoamor, la realidad se vislumbre a través del color del cristal político que interesa.

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