27 de febrero de 2019
27.02.2019
TELEVISIÓN

Y viceversa

27.02.2019 | 04:15
El actor Bruno Ganz, caracterizado como Adolf Hitler.

Hace unos días murió el gran actor alemán Bruno Ganz, a quien deberíamos recordar por su interpretación del ángel Damiel en El cielo sobre Berlín pero que de hecho recordamos por haber encarnado de forma memorable y definitiva a Adolf Hitler en El hundimiento, la película que nos sumerge en el insano ambiente de locura, caos y horror cotidiano de los últimos días de Hitler en el búnker de la cancillería. Algunos criticaron El hundimiento porque «humanizaba» a Hitler, Speer, Joseph y Magda Goebbels y los nazis que acompañaron al Führer y a Eva Braun en el hundimiento del Reich, con el Ejército Rojo a la vuelta de la esquina. Pero Hitler y los suyos no eran extraterrestres, sino hombres. No eran orcos, ni cíclopes, ni cucarachas gigantes, sino hombres. No eran robots, ni cyborgs, ni androides, sino hombres. Adolf Hitler era un ser humano, como Nelson Mandela o Rosa Luxemburgo. Tenemos que vivir con esas contradicciones porque tan humano es el búnker de la cancillería como el ágora de Atenas o los cafés de Montparnasse en los que se sentaron Chagall, Modigliani y Kandinski. Dicho esto, vamos a embarcarnos en un submarino nazi.

La serie «El submarino» (AMC), inspirada en la excepcional película del mismo título, gustará a todos los que no pretendan ver en los marineros del submarino alemán U-612 a un grupo de orcos nazis sedientos de sangre aliada. No es que «El submarino» humanice a los nazis como dicen que El hundimiento humanizó a Hitler, sino que la serie nos trasporta a un incómodo submarino («Cuarenta tíos sin ducha y un solo cagadero», como dice uno de los tripulantes) y a un ambiente que a veces se parece al del búnker de la cancillería donde Hitler comía, hacía planes y recibía a sus generales. «El submarino» es muy emocionante, profunda, abarrotada de buenos detalles en la ambientación y la construcción de los personajes, respetuosa con los códigos del subgénero de submarinos y, además, original porque propone una trama paralela en tierra que permite introducir personajes femeninos y unos toques de drama. ¿Mujeres en una serie de submarinos? Pues sí. Había hombres y mujeres en el búnker de la cancillería, y solo había hombres en los submarinos (excepto en el maravilloso submarino rosa de Operación Pacífico), pero hombres y mujeres vivieron y murieron el espanto de la Segunda Guerra Mundial en tierra, mar y aire. Mujeres y hombres y viceversa, esta vez sí, en «El submarino».

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