21 de marzo de 2019
21.03.2019
Ciudadano cano

Incendiar

21.03.2019 | 04:15
Incendiar

Ahora que ya lo hemos quemado todo por estos lares, atáos los machos que empieza la traca electoral. Pasará sin contemplaciones para nuestra vista y oídos, con tal exceso de verborrea, que recomendaría al votante potencial que empiece a filtrar la magna cantidad de mensajes recibidos en masa, muchos básicos. La vehemencia aumenta por momentos y todos los partidos visibles lanzan al ruedo de las cámaras a sus oradores, los de primera y también los de segunda, a veces de tercera€ La formación ultraconservadora Vox ya hace tiempo que campa a sus anchas por el terreno televisivo. Después de la cita con las urnas andaluzas, Abascal se asomaba por el programa líder de las mañanas, «AR», y desde entonces ya no ha habido marcha atrás. Los candidatos verdes no hacen honor a su color y más que esperanza, inundan las tertulias televisivas de mensajes apocalípticos y maniqueos con los que conquistar a quién no se lo piensa mucho a la hora de decidir un futuro colectivo. Apelando a las emociones en el campo de las tertulias, es fácil llegar a tantos espectadores adictos a la conversación exaltada, aunque he presenciado casos como el reciente de Rocío Monasterio en el que vetó a los integrantes de la mesa en una conexión en directo. Pasó en «Cuatro al día» y sus ganas de confrontación se vieron saciadas con un cara a cara contra Carmen Chaparro, zanjado con maravillosa educación por la presentadora que finiquitaba rápidamente la entrevista. En el programa que le precede, «Todo es mentira», Cristina Seguí ya fue expulsada por Risto Mejide, porque el espectáculo se acaba cuando se habla con insólita alegría de temas tan sensibles y fundamentales como la mujer que sufre un mundo en el que ellas todavía son minoría.

Y aquí está el riesgo, invitar para la audiencia y permitir que a golpe de repetición vayan calando con fuerza mensajes peligrosos que hablan de la inmigración, la libertad para amar y otros derechos fundamentales. Bombas léxicas televisadas y edulcoradas, con estrategias comunicativas que se ven reforzadas con invitaciones a plató con los que incendiar la campaña.

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