27 de junio de 2019
27.06.2019
El comentario de televisión

Otra vez Paquita

26.06.2019 | 20:33
Otra vez Paquita

En el intento por superar la primera de las muchas olas de calor que nos depara el cambio climático, me refugio entre dos mandos, el que maneja las frigorías y el que cambia de canal. Y voy cambiando, mientras pienso que la programación estival está a la vuelta de la esquina y que la escasez de contenido de calidad me abocará irremediablemente a mis queridos Netflix, HBO y Prime. Sus estrenos estivales compensarán la falta de originalidad y el desierto tradicional al que ya nos tiene acostumbrados la televisión generalista.

Mañana volveré a sentir la felicidad completa televisiva con la llegada de Paquita Salas a mi vida «streaming». Llevaba tiempo deseando ver por tercera vez en Netflix a esa mujer analógica que representa todo el exceso de los fluorescentes 90. Ella vive bajo un traje chaqueta, con falda estrecha por debajo de las rodillas, tan grande como su corazón, continuamente roto por ese mundo cruel que avanza sin piedad, machacando a quien se quedó rezagada en el «compact disc» y el pantalón de campana.

El alter ego en la ficción de Brays Efe no entiende de Instagram, pero si tuviese que colgar una imagen no creo que consiguiera muchos likes y la instantánea la situaría junto alguna estrella de los 90, hoy sin apenas destellos, casi apagada pero querida por todos aquellos buenos momentos que hizo pasar y que seguramente nunca volverán. Podríamos hablar de Belinda Washington o de Miriam Diaz Aroca y de mucha nostalgia que precisamente es el mejor antídoto contra el olvido cuando el teléfono deja de sonar. Paquita es una superviviente y no lo que se cuece por Honduras. Una anti-heroína imposible de adorar cuando sentencia y resulta imposible no encanarse a base de ginebra y torrezno, aunque lo suyo es mucho más drama que humor, brillante, tan duro como adorable.

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