03 de julio de 2019
03.07.2019
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Uf, ay, puaj

02.07.2019 | 20:20
Uf, ay, puaj

E l documental «Apollo 11» se presenta (con razón) como el documental definitivo sobre la misión espacial que llevó al hombre a la Luna, y es la forma perfecta de celebrar el 50º aniversario de una aventura científica que todavía hoy nos deja sin aliento. «Apollo 11» no tiene actores, ni narradores, ni efectos especiales, sino que utiliza imágenes y voces originales de la misión restauradas digitalmente. El resultado es espectacular y emocionantísimo, aunque todos sabemos que la misión termina con la huella de Armstrong y de la humanidad en la Luna. Y, con todo, es probable que en la cena de Nochebuena alguien le susurre que todo es mentira, que el Apolo 11 nunca llegó a la Luna y que todo es un fraude rodado en un estudio bajo las órdenes de Kubrick. Uf.

La película de animación «Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo» es una historia de ficción basada en hechos reales que nos permite acompañar a Juan Sebastián Elcano, Fernando de Magallanes y sus marineros en un viaje que les llevó a dar la vuelta al mundo por primera vez demostrando que el planeta Tierra es esférico. Los hechos fueron mucho más dramáticos que los que presenta la película (solo una de las cinco naves que partieron de Sevilla y 18 de los 240 marineros concluyeron el viaje), pero el espectáculo y la emoción están garantizados. Y, con todo, es probable que en una fiesta de cumpleaños alguien le susurre que todo es mentira, que Elcano no existió y que la Tierra es en realidad un disco gigante bordeado por una pared de hielo. Ay.

El documental que la serie «Dictadores» (National Geographic) dedica a Mussolini explica de forma detallada y tranquila el proceso histórico que llevó a Benito Mussolini a convertirse en el «Duce», hacerse amigo de Hitler y poner poses ridículas en los balcones sin que el público se descacharrara de risa como el pueblo de Jerusalén en «La vida de Brian» cuando Poncio Pilato anuncia que va a soltar un «ggeo» de las «magmoggas». Después de destruir Italia, el cadáver de Mussolini, junto con el de Clara Petacci y otros líderes fascistas, terminó colgado en el techo de una gasolinera. Y, con todo, es probable que en la pausa del café alguien le susurre que todo es mentira, que el fascismo consiguió que los trenes llegaran a su hora y que el pueblo necesita líderes fuertes que mantengan a raya a los extranjeros. Puaj.

Conspiranoicos, terraplanistas y fascistas, uníos.

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