04 de septiembre de 2019
04.09.2019

Tenemos perdida la guerra

04.09.2019 | 04:15
Tenemos perdida la guerra

No son cosas. Son personas porque tienen sentimientos», le dicen a Marta Flich en «Todo es mentira» las activistas del santuario «Almas veganas» mientras señalan a unas gallinas que se encuentran a sus pies picoteando unos huevos que aquéllas acaban de arrojar a su lado. Para ellas, no se alcanza la condición de persona por tener una dimensión moral, ni por tener una dimensión lingüística, ni por tener una dimensión política o histórica. Adiós, Aristóteles. Adiós a veinticinco siglos de pensamiento occidental. Para ellas, la condición de persona se alcanza por tener sentimientos, y para demostrar que se tienen basta con reaccionar acercándose o alejándose ante ciertos estímulos. Hola, Disney. Hola, publicidad norteamericana.

A partir de ahí, todo es un dislate. Los gallos violan a las gallinas. Consumir carne animal es ser cómplice de un genocidio. Les animales están explotades por ganaderes fascistes. Llaman «intersección de luchas» a la multiplicación de los disparates. El vídeo de Flich se hace viral y todas las cadenas corren a entrevistar a Fani, Pilar y Rans, disfrazando de reportaje periodístico un largo gag que sólo busca que las veganas se ridiculicen a ellas mismas para solaz de tertulianos, espectadores y publicistas. Ellas saben que se van a reír de ellas, pero creen que pueden ganar más que perder en el trato. Los periodistas saben que lo saben. Todos disimulan. Los pactos implícitos son el sustento de nuestra sociedad y de la televisión.

Ni media idea con sentido zoológico acerca de lo que son los animales. Ni media idea con sentido jurídico acerca de lo que son los derechos. Ni media idea con sentido médico acerca de lo que es la nutrición. Sólo televisión en circuito cerrado. Lo que comenzó con «Patoaventuras» regresa veinte años después a «Espejo público». Se aparece en televisión para luchar contra el capitalismo con las ideas que les enseñó la publicidad de Coca-Cola. Lo que les ataca les hace más fuertes. Lo que les defiende les debilita. Tenemos perdida la guerra.

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