Hablar con los hijos de la guerra en Ucrania con sinceridad, realismo y confianza les ayudará a navegar por las complicadas emociones que suscita el conflicto. La preocupación por la guerra significa que los niños tienen empatía. La clave es no dejar que el miedo los paralice.

El Boletín de los Científicos Atómicos ha publicado unas recomendaciones sobre cómo los padres deben hablar con sus hijos de la guerra en Ucrania, después de consultar a una serie de expertos.

El Boletín de los Científicos Atómicos, creado en 1945, es una publicación académica dirigida al público en general, dedicada a temas relacionados con la supervivencia y el desarrollo de la humanidad.

En un artículo especial dedicado a los niños, el Boletín destaca que la guerra en Ucrania está en la mente infantil, ya que la información y las imágenes se repiten por todas partes. Incluso han percibido la amenaza nuclear que pesa en el ambiente.

Aunque no conozcan bien la información sobre la guerra y las amenazas nucleares, lo más probable es que nuestros hijos se sientan ansiosos, preocupados o confundidos con todo lo que está pasando.

Los padres y educadores pueden proteger a los niños de este trauma global, pero deben tener en cuenta lo que dice la ciencia: los niños experimentan mejores resultados de salud mental cuando sus padres y educadores hablan con ellos, destaca el Boletín.

Realismo

Añade que lo primero a tener en cuenta es aceptar la gravedad de la situación. También el miedo y el desconcierto que compartimos con nuestros hijos, y asumir que tenemos que ser todo lo sinceros que se pueda cuando hablamos con ellos.

Por eso es importante hablar, iniciar una conversación con ellos, preguntándoles por ejemplo qué han escuchado sobre la guerra en Ucrania, y también qué es lo que se está diciendo entre sus amigos.

Es posible que su hijo se sienta más cómodo respondiendo una pregunta sobre sus amigos, y esa perspectiva puede proporcionar un primer paso para descubrir los pensamientos de nuestros hijos sobre lo que está pasando, destaca el Boletín.

Hay que ser sensibles a lo que manifiestan en ese momento y debemos responder con tranquilidad, sin negar sus sentimientos en ningún momento, añade.

Temas difíciles

También es importante hablar con ellos sobre cómo se han sentido al ver en la televisión o en las redes sociales imágenes impactantes de la guerra, que abundan por todas partes.

Los hijos deben saber que sus padres están dispuestos a hablar sobre temas difíciles, como ahora en tiempos de guerra en Europa: este acercamiento resultará útil para hablar con ellos de otros temas, como los estudios, las drogas o el sexo, en otro momento de su infancia o juventud.

También hay que tener en cuenta que esta guerra no va a ser breve, sino dura y prolongada, advierte el Boletín, por lo que puede ser un tema recurrente de conversación que sirve también para hablar de valores y educar en la cultura de la paz.

Seguridad familiar y colectiva

La cuestión de la seguridad de la familia es un tema necesario en la conversación con los hijos, ya que seguramente están preocupados por la cercanía geográfica de los combates o por los familiares de algún conocido.

Seguramente, en el colegio hay niños ucranianos, que nuestros hijos han conocido e incluso jugado con ellos. Estos refugiados pueden tener problemas de integración o de rechazo social, y todo ello puede formar parte de las preocupaciones de nuestros hijos.

Los padres pueden, en estos momentos, ser buenos consejeros para ofrecer a los hijos un contexto cultural en el que interpretar lo que está pasando, proporcionándoles así una visión objetiva y serena que los tranquilice.

Los conflictos a menudo pueden difundir estereotipos negativos sobre regiones o grupos de personas de diversos orígenes, que estas conversaciones pueden ayudar a objetivar. El tono de la voz es importante cuando hablamos con ellos de temas difíciles, enfatiza el Boletín.

Edad y verdad

En este diálogo con los hijos, dos premisas son indispensables, según los expertos: tener en cuenta su edad, ya que la profundidad de las explicaciones debe depender de su desarrollo actual y, en segundo lugar, no mentir nunca para decorar la realidad. De lo que se trata no es de calmar sus preocupaciones, sino de ayudarles a navegar por las complicadas emociones que suscitan las informaciones sobre la guerra en Ucrania.

La preocupación por la guerra no es del todo mala, significa que un niño tiene empatía. La clave es no dejar que el miedo abrume a su hijo, destacan los expertos consultados por el Boletín.

El lenguaje con el que hablamos con los niños ha de ser por ello totalmente claro, añadiendo siempre un mensaje positivo, hablando por ejemplo de que hacemos todo lo posible para poner fin a esta situación.

Hay que evitar que los niños queden paralizados por el miedo, por lo que, además del diálogo, hay que controlar en lo posible la información que están recibiendo, por ejemplo cuando vemos las noticias todos juntos en familia, señala el Boletín.

Ver estas imágenes muchas veces, supone que en sus mentes esas imágenes se repiten constantemente, induciendo a sus cerebros a creer que están sucediendo una y otra vez, lo que puede aumentar su ansiedad y preocupación.

Protesta juvenil contra la guerra en Hong Kong el 25 de febrero. Egor Lyfar. Unplash.

Desconexión y solidaridad

Un último consejo plantea el Boletín: no hablemos con nuestros hijos solo de la guerra: demos con ellos un paseo, juguemos a algo, cocinemos juntos o veamos un programa de humor en la televisión. Es importante que perciban que se pueden realizar actividades ordinarias, aunque la guerra esté ocurriendo en Ucrania.

No obstante, si manifiestan síntomas de angustia, como cambios repentinos en los hábitos de sueño o alimentación, irritabilidad, dolores o molestias físicas o preocupación por la violencia, lo mejor es recurrir a un psicólogo infantil. No olvidar que los padres somos cuidadores, no terapeutas, advierte el Boletín.

Por último, el Boletín plantea la conveniencia de invitar a los hijos a implicarse en acciones de solidaridad o de ayuda con los refugiados, siguiendo una corriente social que está muy extendida.

Los niños de todas las edades a menudo quieren y pueden ayudar. Pueden organizar eventos para recaudar fondos, donar juguetes o ropa ​​en buen estado, o escribir cartas a miembros del gobierno. Ayudar puede dar a los niños un sentido de compromiso en situaciones difíciles, como una guerra en el contexto de una pandemia mundial, o una crisis climática, concluye el Boletín.

Los científicos hablan

Este informe del Boletín es un ejemplo emblemático de un movimiento social creciente que está llevando a los científicos a compartir conocimientos con la sociedad ante la gravedad de los problemas que vivimos como especie.

La manifestación más clara de la preocupación científica por las posibles repercusiones de los descubrimientos se plasmó poco después de la segunda guerra mundial, con la constitución del Boletín de los Científicos Atómicos y la creación del Reloj del Apocalipsis, que marca el tiempo que falta para la "destrucción total y catastrófica" de la Humanidad.

Aunque originalmente esa destrucción total se refería al riesgo de guerra nuclear global, luego incluyó el cambio climático y los riesgos derivados de los avances científicos y técnicos, para volver a evocar la amenaza atómica después de la invasión de Ucrania.

Que el Boletín aconseje a los padres sobre cómo hablar con sus hijos de la guerra en Ucrania es un ejemplo más de este proceso de acercamiento de los científicos a la sociedad, plasmado de sabiduría en medio de una confusión global sobre cómo gestionar los problemas que hemos creado como especie.