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Ciencia y sociedad

Científicos descubren el circuito cerebral que se enciende con la Navidad y evoca la infancia

En personas que celebran la Navidad, el cerebro desarrolla un circuito integrado que conecta emociones, sensaciones corporales y la capacidad de experimentar momentos trascendentes

Cerebro iluminado como un árbol de Navidad brillante con vías neuronales como luces festivas.

Cerebro iluminado como un árbol de Navidad brillante con vías neuronales como luces festivas. / IA/T21

Redacción T21

Madrid

El espíritu navideño ha arraigado en el cerebro y convertido la Navidad en una experiencia neurobiológica real: te hace sentir que formas parte de algo mayor y que vives momentos únicos cada año, recreando la felicidad compartida desde tu más tierna infancia.

Existe un lugar específico en tu cerebro donde habita el espíritu navideño: es una red de circuitos neuronales que se encienden cuando procesa símbolos festivos si creciste celebrando Navidad.

Neurocientíficos de Copenhague lo documentaron por primera vez en 2015 usando una técnica de neuroimagen que fotografía el cerebro en tiempo real mientras funciona: observaron que la Navidad es un patrón de activación distribuido, una firma neurológica que tu cerebro desarrolló a lo largo de años de repetición.

El estudio, publicado en BMJ bajo liderazgo de Anders Hougaard, comparaba dos grupos de veinte personas residentes en Copenhague. Los primeros celebraban Navidad desde pequeños con asociaciones claramente positivas. Los segundos provenían de Pakistán, India, Irak y Turquía, sin esa tradición en sus biografías. Todos vivían en la misma ciudad. Todos compartían edad similar. Lo único que variaba era la historia de sus celebraciones navideñas.

Mientras estaban dentro de una máquina de resonancia magnética funcional, ambos grupos veían dos tipos de imágenes: unas con símbolos navideños inequívocos y otras con fotografías neutras de objetos cotidianos que compartían características visuales similares, pero sin conexión a la festividad.

Los resultados revelaron que, cuando los celebradores de Navidad observaban símbolos festivos, cinco áreas cerebrales específicas se iluminaban simultáneamente: el córtex motor primario, el córtex premotor, la corteza somatosensorial y los lóbulos parietales inferior y superior. Era un patrón de coordinación neuronal estadísticamente significativo, medible, reproducible. El grupo sin tradiciones navideñas mostró un patrón de activación completamente distinto ante las mismas imágenes visuales. La máquina captó la diferencia de manera nítida.

Avances paralelos

Después de ese hallazgo inicial, un estudio publicado en 2019 en la revista Cerebral Cortex examinó la respuesta del cerebro ante la rememoración de la experiencia espiritual más significativa que cada participante había experimentado personalmente. Observaron que, cuando los participantes vivenciaban estados espirituales, mostraban reducción significativa de actividad en el lóbulo parietal inferior (IPL), región vinculada convencionalmente con la autopercepción y los límites del yo.

Los investigadores interpretaron este hallazgo como evidencia de que, durante experiencias espirituales auténticas, el cerebro experimenta una "disolución de los límites del yo", un borramiento de la frontera entre uno mismo y algo mayor. Simultáneamente, reducían actividad en el tálamo medial y el estriado, regiones implicadas en procesamiento sensorial y emocional. En otras palabras: la experiencia espiritual es, a nivel cerebral, una desactivación temporal de los sistemas de frontera personal.

En caso de lesiones

Más recientemente, una investigación de Harvard/Boston publicada en 2023 en la revista Biological Psychiatry, utilizó una metodología completamente distinta: en lugar de neuroimagen funcional, analizaron a pacientes con lesiones cerebrales documentadas, identificando qué regiones cerebrales dañadas causaban cambios drásticos en la experiencia religiosa o espiritual.

Utilizando una técnica llamada "mapeo de redes de lesiones", cartografiaron dos conjuntos independientes de pacientes (88 neuroquirúrgicos, 105 con traumatismo craneal de combate de Vietnam) y descubrieron que, en múltiples regiones diferentes del cerebro (parietal, temporal, frontal) todas compartían una característica común.

Sus mapas de conectividad funcional convergían en una región subcortical específica: la sustancia gris periaqueductal (PAG), un área del tronco encefálico vinculada convencionalmente con procesamiento del miedo, modulación del dolor y comportamientos altruistas.

Impacto cerebral

Lo relevante de todas estas investigaciones es que, aunque utilizan métodos completamente distintos (neuroimagen funcional en individuos sanos, lesión en pacientes, mapeo de conectomas), convergen en que la experiencia espiritual y religiosa no depende de una región única sino de la coordinación entre múltiples sistemas cerebrales.

En el caso de la Navidad específicamente, cuando tu cerebro se desarrolló celebrando esa festividad, fue creando un circuito integrado que conecta tu procesamiento emocional, tus sensaciones corporales, tu sentido de identidad y tu capacidad de experimentar trascendencia. Ese circuito existe literalmente en la estructura de tus conexiones sinápticas.

Ahora bien, lo que hace a la Navidad neurológicamente distintivo es que activa simultáneamente múltiples sistemas. El lóbulo parietal recuerda lo que significa ser parte de algo mayor. La corteza motora y somatosensorial traducen esa comprensión en sensaciones corporales: el escalofrío cuando ves decoraciones, la calidez al reconocer un ritual compartido. La corteza premotora contiene neuronas espejo que permiten que tu cerebro literalmente recree los momentos alegres compartidos con otros que acumulaste durante décadas. El tálamo y el estriado modulan la respuesta emocional, permitiendo que la celebración active un estado que es parcialmente diferente al estrés cotidiano.

Los autores de esta investigación, no obstante, son prudentes y explícitos sobre las limitaciones. El tamaño de la muestra del estudio Hougaard es pequeño: veinte personas por grupo. No están completamente seguros de si esas áreas responden exclusivamente a la Navidad o si simplemente reaccionan ante cualquier estímulo visual que generara emociones nostálgicas, anticipatorias o de alegría compartida.

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