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Ciencias de la Tierra / Neurociencias

La contaminación del aire altera el desarrollo cerebral de los adolescentes

Un estudio con 11.000 niños revela cambios estructurales en el cerebro vinculados a la exposición a contaminantes comunes

Los científicos vinculan la exposición a partículas finas con alteraciones en la función ejecutiva y el lenguaje.

Los científicos vinculan la exposición a partículas finas con alteraciones en la función ejecutiva y el lenguaje. / Crédito: Maria Lysenko en Unsplash.

Redacción T21

Los investigadores descubrieron que la contaminación del aire está asociada con cambios estructurales en el cerebro adolescente, específicamente en las regiones frontal y temporal, las áreas responsables de la función ejecutiva, el lenguaje, la regulación del estado de ánimo y el procesamiento socioemocional.

Una nueva investigación liderada por la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón (OHSU), en Estados Unidos, ha revelado que la exposición a contaminantes comunes del aire está provocando cambios estructurales físicos en el cerebro de los adolescentes. El estudio, publicado recientemente en la revista Environmental Research, advierte que incluso niveles de contaminación considerados "seguros" por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos están asociados con alteraciones en el desarrollo neurológico.

Este trabajo científico es uno de los primeros en evaluar el impacto a largo plazo de la contaminación atmosférica en la salud cerebral adolescente, utilizando datos del Estudio ABCD (Desarrollo Cognitivo del Cerebro Adolescente), el mayor análisis longitudinal de este tipo en Estados Unidos. Tras analizar a casi 11.000 niños, los investigadores descubrieron que la exposición a contaminantes como el material particulado, el dióxido de nitrógeno y el ozono está vinculada a un "adelgazamiento cortical atípico".

Impacto en los lóbulos frontal y temporal

Las regiones cerebrales más afectadas son los lóbulos frontal y temporal. Estas áreas son críticas para el funcionamiento diario de la actividad cerebral, ya que controlan las funciones ejecutivas, como por ejemplo la planificación y la toma de decisiones, el lenguaje, la regulación del estado de ánimo y el procesamiento de las emociones.

"Estamos descubriendo que la exposición crónica a contaminantes comunes de bajo nivel puede actuar como una presión lenta y sutil sobre el cerebro en desarrollo", explicó en una nota de prensa el investigador Calvin Jara, autor principal del estudio. Según Jara, aunque estos cambios no provocan síntomas inmediatos, "parecen capaces de empujar el desarrollo cerebral fuera de su curso típico", algo que podría derivar en problemas cognitivos y emocionales a lo largo de la vida.

Adelgazamiento cortical

Un aspecto alarmante de la investigación es la detección de un adelgazamiento cortical acelerado. El grosor de la corteza cerebral es un indicador de la maduración del cerebro: sin embargo, cuando este adelgazamiento ocurre de manera prematura o atípica, puede señalar una interrupción neurológica subyacente. Los investigadores encontraron que la exposición base a contaminantes entre las edades de 9 y 10 años, sobre el inicio de la pubertad, se asoció con cambios persistentes en el desarrollo.

Referencia

Longitudinal associations between air pollution and adolescent gray matter development: Insights from the ABCD study. Calvin A. Jara et al. Environmental Research (2025). DOI:https://doi.org/10.1016/j.envres.2025.123333

Aunque se sabe que la contaminación del aire agrava problemas respiratorios y cardiovasculares, sus efectos neurocognitivos habían permanecido en una zona gris, por lo menos hasta el momento. "Se trata de lo que le está sucediendo a millones de niños y adolescentes en todo el mundo, que están expuestos a bajos niveles de contaminación del aire durante años", advirtió Jara.

Los científicos concluyen que la solución requiere esfuerzos desde diferentes sectores. Esto incluye políticas públicas más estrictas, una mejor infraestructura de transporte y un mayor acceso a espacios verdes. Además, la industrialización y los incendios forestales continúan degradando la calidad del aire, siendo vital su gestión y control para proteger el desarrollo cerebral de las próximas generaciones de seres humanos.

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