Ciencia y sociedad
Un estudio revela que los londinenses ya celebraban una Navidad consumista en el siglo XV con regalos importados
Investigadores de las universidades de Bamberg y Londres han descubierto que la globalización comercial ya existía en el Medievo, satisfaciendo las demandas de una población urbana consumista

Escena imaginada del puerto de Londres en el siglo XV, con barcos descargando juguetes y mercancías festivas llegadas de toda Europa para las celebraciones de Navidad. / IA/T21
Redacción T21
Un proyecto de historia digital ha rastreado más de 200.000 registros aduanales del Puerto de Londres y descubierto que, mucho antes del comercio online, los londinenses ya estaban “enganchados” a regalos baratos importados por barco desde los Países Bajos, la Península Ibérica o el Báltico.
Imaginamos la Edad Media como una época gris, austera, casi sin color. Casas frías, comida escasa, diversiones precarias. Pero los registros aduanales de Londres revelan una realidad que ya en el siglo XV, los londinenses importaban juguetes y otros objetos lúdicos desde los Países Bajos, pelotas de tenis desde el norte, muñecas sofisticadas, dados de marfil, joyas, especias exóticas, frutas y obsequios elaborados…
Un equipo de investigadores de las universidades de Bamberg y Londres ha digitalizado más de doscientos mil registros de importaciones y exportaciones del Puerto de Londres entre 1380 y 1560, transformando estos documentos fiscales olvidados en ventanas hacia la vida cotidiana medieval.
Consumo masivo
Descubrieron que la Navidad medieval londinense era un evento de consumo masivo, más que un lujo aristocrático. Los registros muestran cantidades enormes de productos asequibles, muchos de ellos juguetes y baratijas manufacturadas en serie, vendidas en tiendas a lo largo del Puente de Londres o distribuidas por mercaderes ambulantes que viajaban por el campo inglés. La modernidad no inventó el comercio masivo de regalos navideños.
Werner Scheltjens, profesor de Historia Digital en Bamberg, explica que al tratar los registros aduanales medievales no solo como documentos económicos, sino como fuente cultural, es posible seguir cómo se difunden gustos y preferencias de consumo a través de las fronteras.
Lo que esto significa es que la globalización no es un fenómeno reciente. Ya en el Medioevo tardío existía una red comercial transnacional sofisticada que abastecía las demandas festivas de una población urbana cada vez más consumista.
El trabajo de la conservadora Hazel Forsyth con con juguetes de peltre encontrados por mudlarks en el fango del Támesis ha mostrado que Londres conserva una cantidad y variedad excepcional de juguetes medievales, lo que ha cambiado la forma en que los historiadores entienden la infancia en ese periodo.
Al alcance de muchos
El volumen de juguetes encontrados resulta sorprendente: pelotas, muñecas, tableros de juego, silbatos, campanillas metálicas, toda una industria de entretenimiento infantil que se manufacturaba en los Países Bajos y se exportaba en cantidades masivas. Un único envío registrado en noviembre de 1480 contenía decenas de silbatos, pinturas, cuerdas de arpa, cientos de candelabros, una "caja de bromas" (juguetes), y "14 docenas de Jesús", probablemente pequeñas figuras religiosas.
Los precios registrados en las aduanas indican que muchos de estos artículos estaban al alcance de mercaderes, comerciantes urbanos y personas de clase media. Esto contradice directamente la idea romántica del medieval pobre y desamparado.
Además de juguetes, los londinenses importaban también frutas exóticas, especias caras, objetos devocionales como cuentas de rosario y medallas de Agnus Dei, guantes de cuero fino, papel para escribir, libros impresos (a partir del 1480 en cantidades asombrosas), gafas de lectura con estuches ornamentales, y hasta artículos de lujo como tazas de coco montadas en plata y loros como mascotas, con sacos de semillas incluidos para su alimentación.
Precursores de la moderna navidad
Los mercaderes más ricos, como la familia Cely, cuyos escritos de los 1470 han sobrevivido, viajaban personalmente a Bergen-op-Zoom, cerca de Amberes, para comprar en la "Feria Fría", uno de los mayores mercados europeos que abría anualmente el 6 de noviembre. Era, en esencia, una feria navideña medieval, un precursor del mercado navideño moderno. Para el resto de la población, una red de comerciantes flamencos y holandeses, junto con vendedores itinerantes, llevaba estas mercancías a las puertas de las casas.
La realidad es que no inventamos los regalos navideños. Esta tradición la heredamos de gente que vivió hace seiscientos años, en las calles mojadas de Londres, esperando los barcos cargados de juguetes desde Flandes.
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