Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Tecnología y sociedad

Científicos de Viena amplían el mundo cuántico: la superposición se observa en materia sólida

Un experimento con nanopartículas de sodio desafía la idea de una frontera clara entre lo cuántico y lo clásico, al demostrar que la superposición cuántica puede ocurrir en objetos con masa y estructura

La mecánica cuántica permite que partículas y pequeños agregados de átomos existan en superposición, algo que nunca observamos en objetos ordinarios como una silla.

La mecánica cuántica permite que partículas y pequeños agregados de átomos existan en superposición, algo que nunca observamos en objetos ordinarios como una silla. / IA/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

EDUARDO MARTÍNEZ DE LA FE/T21

Madrid

Nunca vemos una silla en dos lugares a la vez, pero eso no significa que la mecánica cuántica deje de funcionar en cuanto los objetos crecen. Un experimento publicado en Nature demuestra que incluso fragmentos de materia sólida, formados por miles de átomos, siguen comportándose de forma inequívocamente cuántica.

Desde los primeros días de la física moderna sabemos que, si no miras, una partícula puede estar en dos estados a la vez: es un dato experimental. Pero siempre ha habido una línea intangible que parece separar ese comportamiento de lo que vemos a simple vista. Nunca vemos superposiciones en cosas “grandes”, por ejemplo, una silla en dos sitios a la vez. Por eso, cada vez que alguien intenta poner un pie más allá de esa línea, el experimento se siente menos como un avance técnico y más como un desafío directo a la experiencia cotidiana.

Eso es lo que ha hecho el equipo de la Universidad de Viena en un trabajo que han publicado en Nature: un experimento que lleva la superposición cuántica al terreno donde no debería seguir siendo válida.

En lugar de trabajar con electrones o fotones —esas partículas subatómicas que se usan siempre porque son fáciles de manejar— los investigadores pusieron a prueba nanopartículas de sodio compuestas por miles de átomos. Es decir, fragmentos de materia sólida, con masa y estructura claras. Si algo así puede mostrar superposición, entonces la mecánica cuántica no está confinada al reino de lo infinitamente pequeño, que se mueve en escalas mil millones de veces menores que un metro.

Datos clave de esta investigación

  • Qué se ha observado. Fragmentos de materia formados por miles de átomos pueden comportarse como ondas y existir en más de un estado a la vez.
  • Por qué es sorprendente. Ese comportamiento cuántico nunca se observa en objetos cotidianos y, hasta ahora, solo se había medido en partículas mucho más pequeñas.
  • Cómo se ha logrado. Las nanopartículas se hicieron pasar por un dispositivo de luz, sin rendijas físicas, que permitió conservar su comportamiento cuántico.
  • Qué se ha descartado. Las explicaciones clásicas no pueden reproducir los resultados; solo la mecánica cuántica describe lo que ocurre.
  • Qué cambia en nuestra comprensión. El límite entre el mundo cuántico y el mundo ordinario no está bien definido y parece situarse más lejos de lo que se pensaba.
  • Para qué podría servir. A largo plazo, este tipo de control sobre sistemas cuánticos más grandes podría mejorar sensores ultraprecisos y tecnologías cuánticas todavía en desarrollo.

Referencia

Probing quantum mechanics with nanoparticle matter-wave interferometry. Sebastian Pedalino et al. Nature, volume 649, pages866–870 (2026). DOI: https://doi.org/10.1038/s41586-025-09917-9

Ondas de materia

El truco que usaron se llama interferometría de ondas de materia. La idea que hay detrás es que cualquier objeto en movimiento tiene una longitud de onda asociada. Si esa longitud de onda puede interferir consigo misma, el objeto se comporta como una onda y no como una partícula. En sistemas muy pequeños esto se ha observado muchas veces. En sistemas más grandes, la onda se vuelve tan corta y frágil que cualquier interacción con el entorno la destruye. Ese ha sido siempre el límite práctico.

Para sortearlo, construyeron un interferómetro sin rendijas materiales. Las nanopartículas no atraviesan barreras sólidas, sino tres rejillas formadas por patrones de luz ultravioleta. Esas regiones de luz actúan como filtros y moduladores: eliminan algunas partículas y modifican la fase cuántica de las restantes. El conjunto está diseñado de tal manera que cualquier vibración o interacción no controlada basta para borrar la señal que se busca.

Y, aun así, aparecieron las franjas de interferencia, señales claras de que las nanopartículas no habían seguido una trayectoria bien definida, sino que su centro de masa se había deslocalizado en dos caminos a la vez, separados por más de lo que mide el propio objeto. Eso es exactamente lo que significa superposición: un estado físico real mientras no se mide.

Explicación cuántica

Cuando los resultados se comparan con modelos clásicos, no cuadran. Tratar las nanopartículas como objetos que siguen trayectorias definidas, aunque se introduzca ruido o dispersión, no reproduce el patrón observado en este experimento. Solo un modelo cuántico, en el que el centro de masa se describe como una onda coherente que se divide y se recombina, da cuenta de los datos. En este rango de masa, no basta con una descripción clásica afinada: la interferencia exige una explicación cuántica.

Los autores no se quedaron solo en observar el patrón. Utilizaron una medida llamada macroscopicidad cuántica, que permite comparar experimentos muy distintos bajo un mismo criterio. Con ese parámetro, este trabajo supera claramente a todos los anteriores. En términos simples, es la prueba más exigente realizada hasta ahora de superposición en sistemas tan grandes.

Hay otra consecuencia menos visible, pero importante. Algunas teorías proponen que la mecánica cuántica debería romperse de forma espontánea al aumentar la masa o la escala, introduciendo un umbral a partir del cual las superposiciones dejan de existir. Este experimento no las descarta, pero reduce de manera significativa el margen en el que pueden seguir siendo compatibles con los datos. Si ese umbral existe, está más lejos de lo que muchos suponían. Las fronteras del mundo cuántico parece que invaden cada vez más el mundo ordinario.

Nada de esto significa que vayamos a ver una silla en dos lugares a la vez. El mundo macroscópico sigue siendo clásico para todo lo que nos rodea. Pero sí deja algo claro: no existe una frontera nítida entre lo cuántico y lo clásico. Cada vez que se intenta fijarla con un experimento riguroso, la frontera se desplaza. Y con ella, nuestra manera de entender dónde empieza realmente la materia “normal”.

Tracking Pixel Contents