Biología Evolutiva / Antropología
Un estudio cuestiona que los humanos seamos violentos por naturaleza
La investigación analiza distintas especies de primates y concluye que la agresión cotidiana y la violencia letal no siguen la misma lógica evolutiva

La evidencia en primates apunta a que la violencia extrema responde a trayectorias evolutivas distintas de la agresión cotidiana. / Crédito: Unsplash/CC0 Public Domain.
Pablo Javier Piacente / T21
Una nueva investigación desafía una suposición común sobre los orígenes evolutivos de la violencia humana, sugiriendo que la agresión cotidiana no conduce inevitablemente a un conflicto letal: la violencia humana no sería algo "natural", sino un producto del contexto, las condiciones y la cultura.
Durante años se ha repetido que la violencia es inherente a la especie humana. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Evolution Letters y basado en diferentes especies de primates sugiere que no toda agresión conduce a la violencia extrema y que ambas respuestas podrían tener orígenes distintos.
Los investigadores de la Universidad de Lincoln, en el Reino Unido, vuelven a poner en discusión una vieja idea muy extendida: aquella que indica que la violencia sería una consecuencia casi inevitable de nuestra evolución, un comportamiento "natural" e inherente a la esencia humana.
Matices en las formas de violencia
En su investigación, los científicos sostienen que la agresión cotidiana y la violencia letal no siguen la misma lógica biológica y que, por lo tanto, no conviene tratarlas como si fueran una única manifestación. Según una nota de prensa, el trabajo analizó la evolución de cinco tipos distintos de agresión en primates: agresión leve dentro y entre grupos, adulticidio dentro y entre grupos, e infanticidio. Para ello, los autores reunieron datos de 100 especies de primates de vida libre y con organización grupal, incluidos los humanos.
La conclusión más importante es que la agresión leve no parece ser un buen predictor de la violencia letal. Los científicos sostienen que la señal evolutiva de la filogenia fue más débil en la agresión leve que en la letal, y las formas de agresión no letal se relacionaron apenas de manera sutil con el homicidio entre congéneres y con el infanticidio. En cambio, las distintas formas de violencia letal mostraron relaciones positivas entre sí, principalmente en los machos.
Ese hallazgo pone en duda una suposición muy repetida en antropología y biología evolutiva: que una especie más conflictiva en la vida diaria tendría también mayor propensión a matar o a desarrollar formas de violencia extrema. El nuevo estudio, en cambio, propone que la violencia extrema obedece a trayectorias evolutivas distintas y emerge bajo condiciones sociales y ecológicas específicas, no como una simple escalada de pequeñas disputas.
La violencia extrema no tendría un origen exclusivamente biológico
De esta forma, los investigadores admiten que aunque la teoría de los conflictos sugiere que una agresión moderada puede escalar hasta formas mortales en ciertos contextos, los resultados de la investigación pintan un panorama más complejo y dual.
Referencia
Origins of violence: evolutionary decoupling between mild and lethal conspecific aggression in primates. Bonaventura Majolo et al. Evolution Letters (2026). DOI:https://doi.org/10.1093/evlett/qrag002
En consecuencia, creen que se debería incorporar de manera más formal la diferencia entre agresión no letal y violencia letal en los modelos socioecológicos. También advierten que conviene ser prudentes al mezclar bajo una misma categoría o rótulo distintos tipos de homicidio o infanticidio, ya que cada uno de ellos tendría orígenes y evoluciones diferentes.
¿Somos violentos por herencia biológica o por organización social, cultura y contexto? Evidencias como las aportadas por este estudio incrementan el peso de las posturas que combinan ambas posibilidades: aunque existe una tendencia evolutiva a la agresión en la vida social de los primates y específicamente de los humanos, la violencia radical que lleva a matar no estaría tan condicionada por cuestiones biológicas, sino que otros factores influirían en su desarrollo.
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