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Psicología

Sentirse solo importa más que estar solo

La clave no está únicamente en tener relaciones, sino en saber si esas relaciones se viven como seguras o amenazantes

La soledad "invisible" es la que más daña la salud.

La soledad "invisible" es la que más daña la salud. / Crédito: Laila Milevski/Universidad de Cornell.

Pablo Javier Piacente / T21

Dos nuevos estudios introducen un concepto llamado asimetría social, que es la brecha entre el aislamiento social objetivo y el sentimiento subjetivo de soledad. Basándose en un amplio conjunto de datos, los especialistas concluyen que este desajuste está asociado con un mayor riesgo de enfermedad y muerte.

Durante décadas, el debate sobre la soledad se resumió en una idea demasiado simple: estar rodeado de gente protege la salud emocional, mientras que estar aislado la perjudica. Pero dos estudios recientes sugieren que la ecuación es más compleja: lo decisivo no sería únicamente cuántos vínculos tiene una persona, sino cómo vive esos vínculos y si siente que pertenecen a un mundo afectivo seguro o, por el contrario, a un entorno social amenazante.

La asimetría social y cómo se interpreta la soledad

Según una nota de prensa de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, que lideró uno de los estudios, la conclusión es incómoda y al mismo tiempo reveladora: sentirse solo puede ser más dañino que estar realmente solo. En otras palabras, una persona con mucha gente a su alrededor puede sentirse más sola que otra con pocas relaciones, pero que resultan significativas.

La investigación publicada en la revista JAMA Network Open analizó a 7.845 adultos de Inglaterra, de 50 años o más, seguidos durante un promedio de 13,6 años. El equipo midió una noción que llama “asimetría social”: la distancia entre el aislamiento social objetivo y la soledad subjetiva.

En ese seguimiento se registraron 2.775 muertes, 2.415 casos de enfermedad cardiovascular, 989 de enfermedad pulmonar obstructiva crónica y 710 de demencia. El resultado fue claro: cuando la experiencia interna de soledad superaba aquello que predecía la situación social de cada persona, el riesgo de enfermedad y mortalidad aumentaba.

Quienes estaban clasificados como “socialmente vulnerables”, o sea con más soledad de la esperable según sus redes y circunstancias, presentaron mayor riesgo de mortalidad por todas las causas, enfermedad cardiovascular y EPOC que los “socialmente resilientes”.

La sensación de soledad y la forma de vivir la compañía

En cambio, algunas personas con aislamiento objetivo pero sin sensación de soledad no mostraron el mismo nivel de riesgo. Esa diferencia cambia el foco: no basta con saber si alguien está acompañado, sino que hay que preguntar si se siente apreciado, validado y seguro.

Un segundo estudio publicado en la revista Communications Psychology siguió a 157 adultos durante 20 días y encontró que la soledad funciona menos como un rasgo fijo que como un sistema dinámico: los momentos de soledad se asocian con percepciones de rechazo o amenaza, y esas experiencias hacen que la persona se retraiga, comparta menos y se proteja más. El problema es que esa defensa, a largo plazo, refuerza el aislamiento emocional que se buscaba evitar.

Referencias

  • Social Asymmetry and Risk of Morbidity and Mortality. Pei Qin et al. JAMA Network Open (2026). DOI:https://www.doi.org/10.1001/jamanetworkopen.2025.58214
  • Loneliness modulates social threat detection in daily life. Sijing Shao et al. Communications Psychology (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s44271-026-00410-1

Estos resultados ayudan a entender por qué las soluciones simplistas suelen fallar. Organizar más actividades, multiplicar los encuentros o sumar contactos no siempre resuelve el problema, principalmente cuando la persona interpreta cada interacción como una posible confirmación de que no encaja en los círculos sociales.

Los especialistas señalan que la intervención eficaz debería ir más allá de expandir redes sociales: también tendría que modificar las percepciones de amenaza y los hábitos de retirada que sostienen la soledad subjetiva. En consecuencia, lo más importante no es tener gente alrededor, sino reconstruir la forma en que se experimenta la compañía y se viven los momentos de soledad objetiva.

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