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Genética / Ciencias Ambientales

El aire está lleno de ADN: puede utilizarse para "leer" ecosistemas, detectar especies invasoras e identificar personas

La ciencia del ADN aerotransportado avanza como herramienta de conservación, vigilancia ambiental y biología forense, con resultados cada vez más sólidos

Dispositivos de muestreo de aire en una playa de Norfolk, Reino Unido, recogen material para la secuenciación de ADN.

Dispositivos de muestreo de aire en una playa de Norfolk, Reino Unido, recogen material para la secuenciación de ADN. / Créditos: DarrenHeavens/Instituto Earlham

Pablo Javier Piacente / T21

El aire es un archivo biológico en movimiento: diferentes estudios muestran que contiene ADN capaz de revelar la composición de los ecosistemas, anticipar la presencia de especies invasoras e incluso aportar pistas sobre la identidad de seres humanos. Los métodos de captura y análisis de esta información vital son cada vez más precisos y reveladores.

El ADN aerotransportado, que consiste en fragmentos genéticos que viajan en partículas, polvo o aerosoles, empieza a consolidarse como una herramienta de observación biológica con alcance ilimitado.

Un artículo publicado en Nature resume estos avances con claridad: el material obtenido puede servir para dibujar el estado de salud de un ecosistema, vigilar especies invasoras e incluso identificar seres humanos. La clave está en que el aire, además de transportar polen, esporas y restos celulares, también arrastra señales genéticas de plantas, animales y microbios.

Estudios y avances en distintas áreas

Por ejemplo, un estudio publicado en Environmental DNA en 2023 indicó que un muestreo pasivo de polvo atmosférico, realizado durante un año en una pradera norteamericana, permitió detectar aves, mamíferos y anfibios en un entorno natural.

Los autores observaron además que la señal genética variaba de forma coherente con patrones conocidos de actividad animal, velocidad del viento y lluvia, lo cual refuerza la idea de que el ADN en el aire no es "ruido", sino una huella ecológica interpretable.

Otro avance importante lo marca un estudio publicado en Nature Communications en 2025, basado en 34 años de filtros de aire archivados en el norte de Suecia. En ese lugar, los investigadores reconstruyeron series temporales semanales de más de 2.700 géneros y hallaron que el ADN aéreo puede detectar organismos a lo largo de todo el árbol de la vida, con señales coherentes con el monitoreo tradicional.

La investigación alcanzó una precisión estimada del 93 % y una recuperación del 71 % para su clasificación taxonómica, y además vinculó el descenso de biodiversidad regional con cambios de uso del suelo y manejo forestal. En otras palabras, esto deja en claro que el aire no solo delata quién está presente en un ecosistema, sino que también ayuda a leer cambios de fondo en el paisaje.

Aplicaciones y retos a futuro

Esa capacidad tiene consecuencias prácticas inmediatas y concretas. En conservación, el ADN del aire podría complementar cámaras trampa, censos visuales y grabaciones acústicas. En bioseguridad, puede convertirse en una alerta temprana para especies invasoras antes de que se expandan.

Referencias

  • Answers blowing in the wind: Detection of birds, mammals, and amphibians with airborne environmental DNA in a natural environment over a yearlong survey. Mark D. Johnson et al. Environmental DNA (2023l. DOI:https://doi.org/10.1002/edn3.388
  • Airborne eDNA captures three decades of ecosystem biodiversity. Alexis R. Sullivan et al. Nature Communications (2025). DOI:https://doi.org/10.1038/s41467-025-67676-7

En tanto, en salud pública o investigación forense el ADN ambiental abre la posibilidad de reconocer material genético humano presente en aerosoles, algo que ya se contempla como una de las aplicaciones emergentes de la especialidad.

Sin embargo, hay desafíos a superar: la contaminación, la dispersión atmosférica y la interpretación de señales difusas siguen siendo retos cruciales. Los científicos creen que la disciplina todavía necesita protocolos más detallados y bases de referencia más amplias para poder aprovechar todo su potencial, aunque creen que estarán disponibles en los próximos años.

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