Tecnología y sociedad
El queroseno del futuro se fabrica con restos de remolacha y serrín de madera
El objetivo final es conseguir combustible de avión a partir de agua, electricidad limpia y dióxido de carbono

Los aviones del futuro se moverán con una combinación de agua, electricidad limpia y dióxido de carbono. / Pixabay
Redacción T21
La guerra con Irán ha disparado la demanda de queroseno y las aerolíneas ya advierten de escasez este verano. En Austria, un equipo de investigadores acaba de poner en marcha una planta piloto que fabrica combustible de aviación de forma completamente sintética, a partir de residuos agrícolas y forestales.
La aviación consume cada año unos 280 millones de toneladas de queroseno, equivalentes a 350.000 millones de litros. Eso la convierte en una de las mayores fuentes de emisiones del planeta: entre el 3 y el 5% de todos los gases de efecto invernadero que se vierten a la atmósfera proceden de los aviones, y los expertos advierten de que esa cifra va a crecer. La aviación no para de expandirse y, a diferencia del coche eléctrico, apenas ha dado pasos reales hacia formas de energía más limpias.
La solución más extendida hasta ahora consiste en mezclar el queroseno convencional con los llamados SAF (Sustainable Aviation Fuels, o combustibles de aviación sostenibles): combustibles obtenidos de aceites usados y grasas alimentarias recicladas. El problema es evidente: no hay suficiente aceite de cocina en el mundo para abastecer a toda la industria aérea.
En la Universidad de Leoben, en Austria, han optado por una vía diferente: fabricar el combustible de forma completamente sintética, informa la agencia ORF Science. El proceso comienza con residuos de la producción de azúcar —restos de remolacha— y virutas de madera sobrantes de la industria maderera. Esa biomasa se convierte primero en un gas de síntesis, y de ahí se obtiene etanol, el mismo alcohol presente en las bebidas alcohólicas, pero de uso industrial.
La clave está en alargar las moléculas
El etanol, por sí solo, no sirve para mover un avión: sus moléculas son demasiado cortas. Para convertirlo en queroseno hay que alargarlas, algo que hacen los reactores de la planta austriaca mediante una cadena de reacciones químicas que produce intermediarios llamados olefinas y las va encadenando hasta obtener moléculas con entre 8 y 16 átomos de carbono. Esa es exactamente la estructura del queroseno.
La planta piloto ocupa un edificio entero en el campus de Leoben: un laberinto de tuberías, válvulas y sensores. Sus cuatro reactores producen, en pleno rendimiento, medio litro de queroseno sintético por hora a partir de 750 gramos de materia prima. No es mucho, reconocen los investigadores, pero el objetivo es optimizar el proceso y demostrar que funciona a escala industrial.
El principal socio industrial del proyecto es OMV, la gran petrolera austriaca. Según explica a ORF el director del proyecto, el ingeniero de procesos Markus Lehner, de la citada universidad: "OMV está muy interesada en desarrollar capacidades de producción de combustibles sostenibles; intentamos sobre todo optimizar los procesos ya existentes para hacerlos más eficientes.
El equipo de Leoben también contempla un escenario aún más ambicioso: prescindir por completo de la biomasa y obtener el etanol de partida de forma puramente química, combinando hidrógeno producido con electricidad renovable y CO₂ capturado del aire o de gases industriales. Sería, en esencia, fabricar combustible de avión a partir de agua, electricidad limpia y dióxido de carbono.
Una carrera contra el reloj
La presión regulatoria es enorme. La UE ya obliga desde el año pasado a mezclar un 2% de SAF en el queroseno de aviación. Ese porcentaje debe escalar al 6% en 2030, al 20% en 2035 y al 70% en 2050. Para cumplirlo, la consultora EY estima que hará falta una demanda de hasta 49 millones de toneladas de SAF en 2030, frente a los apenas 1,9 millones producidos en 2025 según la asociación del sector IATA. La brecha es colosal: harán falta unas 7.000 plantas de producción, la gran mayoría de las cuales ni siquiera están en fase de planificación.
Lehner no tiene dudas sobre el fondo del problema: "El tráfico aéreo no va a reducirse, sino a crecer: en los próximos 20 o 30 años se duplicará o triplicará como mínimo. La demanda de queroseno, y por tanto de combustible sostenible, ya está ahí."
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