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Vivir con ciencia (1)

Trucos para gastar menos en el supermercado: lo que la ciencia sabe sobre cómo compramos

Ocho de cada diez compradores reconocen haber sido influenciados por una promoción en el súper. Tu cerebro funciona así, pero también puede funcionar a tu favor

Vivir con ciencia es el espacio de T21/Prensa Ibérica donde usamos los datos, la investigación y el método científico para ayudarte a resolver los pequeños problemas de tu día a día

Un carrito de la compra en un supermercado de Barcelona.

Un carrito de la compra en un supermercado de Barcelona. / / ELISENDA PONS

Redacción T21

Madrid

Entras a por leche. Sales con cuatro cosas que no estaban en la lista: los supermercados llevan décadas explotando cómo toma decisiones tu cerebro. La ciencia del comportamiento tiene algunos trucos para que el carrito lo decidas tú.

Lo primero que conviene saber cuando vamos a hacer la compra es que nuestro cerebro odia pensar en serio cada vez que tiene que elegir algo. Le gusta ahorrar energía. Por eso, cuando vemos una oferta con un gran cartel rojo o un "3x2" muy llamativo, lo normal es que reaccionemos casi por impulso. El piloto automático toma el mando: "aprovecha". Si vamos cansados, con prisa o con hambre, todavía peor. No es algo que le pase solo a unos pocos: según el Informe OSE 2025 sobre el comportamiento del comprador en España, el 83% de los compradores admite haber sido influenciado por promociones en el supermercado. Prácticamente todo el mundo.

Tres ideas clave

Para simplificar la visita al supermercado, tres ideas pueden marcar la diferencia:

  • Ir con una lista realista
  • Comparar precios por unidad
  • Hacerse una pregunta de freno antes de caer en una oferta

La ciencia no te va a salvar de todos los carteles rojos. Pero si la próxima vez que metas algo en el carrito que no estaba en la lista te haces la pregunta, ya has ganado algo.

Pequeña pausa

Un truco sencillo para desactivar ese piloto automático: una única pregunta antes de meter el producto en la cesta. Por ejemplo: "Si no estuviera en oferta, ¿lo compraría igual hoy?". Ese segundo obliga al cerebro a salir un momento del modo automático. No funciona siempre, pero corta muchas compras impulsivas.

Otro enemigo silencioso es el tamaño del envase. Tendemos a fijarnos en el "precio por paquete", cuando lo que realmente importa es el precio por unidad: por kilo, por litro, por dosis. Todos hemos visto formatos "ahorro" que, cuando miras la letra pequeña, salen más caros que el tamaño normal. La regla es simple: comparar siempre por unidad. Si lo conviertes en hábito, el supermercado deja de ser un laberinto y se parece más a una hoja de cálculo.

Sobre esta serie

Vivir con ciencia es una iniciativa de T21, el portal de ciencia, tecnología y sociedad de Prensa Ibérica. Si quieres leer más reportajes sobre cómo aplicar la evidencia científica a tus decisiones cotidianas, aquí tienes las anteriores entregas:

Cómo desconectar del móvil sin perderte nada: lo que la ciencia sabe sobre nuestra atención

¿Última oportunidad?

"Solo hoy", "últimas unidades", "hasta fin de existencias". Cuando vemos esos rótulos, se activa un reflejo de urgencia que tiene sentido evolutivo: nuestros antepasados necesitaban reaccionar rápido ante los recursos escasos. Hoy esa urgencia se explota para que compremos con menos reflexión. La pregunta que lo desmonta es sencilla: si algo fuera realmente imprescindible, ¿dependería de un cartel de "solo hoy"?

Podemos hacer un experimento personal durante una semana. Solo necesitamos una nota en el móvil. Cada vez que metamos algo que no estaba en la lista, lo apuntamos: qué era, por qué lo compramos (oferta, antojo, curiosidad) y si al final lo usamos.

Al cabo de siete días, miramos la lista. Casi siempre aparecen patrones: ciertos productos, cierta tienda, cierta hora. Esa mini investigación casera vale más que cualquier sermón.

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