Vivir con ciencia (5)
Cómo recuperar la concentración en un mundo de interrupciones: lo que la ciencia sabe sobre notificaciones y multitarea
Cada notificación puede robarnos unos siete segundos de atención, y una interrupción puede obligarnos a tardar más de 23 minutos en retomar bien una tarea
Vivir con ciencia es el espacio de T21/Prensa Ibérica donde usamos los datos, la investigación y el método científico para ayudarte a resolver los pequeños problemas de tu día a día

Cada notificación en el móvil puede robarnos unos siete segundos de atención. / Manu Mitru
Redacción T21
Nos pasamos el día creyendo que hacemos muchas cosas a la vez, cuando en realidad lo que hacemos es romper nuestra atención en trozos pequeños. La ciencia obliga a mirar de otra manera al móvil, al correo y a esa costumbre de saltar de una pestaña a otra sin parar.
La concentración la vamos perdiendo a pellizcos. Un aviso en el móvil, un correo que entra, una pestaña que abrimos “solo un momento”, un mensaje que contestamos rápido. El problema es que esos cortes, que parecen mínimos, no salen gratis. Un estudio publicado en Computers in Human Behavior concluye que las notificaciones ralentizan el procesamiento cognitivo durante unos siete segundos, incluso cuando no siempre llegamos a interactuar con ellas.
Siete segundos no parecen gran cosa. Pero el efecto cambia cuando se repite decenas de veces al día. El propio estudio explica que la interrupción no depende solo del tiempo total de uso, sino de la combinación entre la visibilidad del aviso, el hábito aprendido de responder y la relevancia personal que le damos al mensaje. Dicho de otra manera: no es solo cuánto miramos el móvil, sino cuántas veces consigue secuestrar nuestra atención.
Tres ideas clave
Para proteger la concentración, tres cambios marcan la diferencia:
- Quitar notificaciones innecesarias
- Agrupar mensajes y correo en momentos concretos
- Trabajar por bloques con una sola tarea abierta.
Lo demás ayuda, pero esto es lo que más se nota antes. La ciencia contribuye a que dejes de regalar tu atención a cualquier cosa que parpadee.
El mito de la multitarea
Durante años hemos asumido que sabemos trabajar en multitarea. Que podemos contestar mensajes, revisar el correo, leer un documento y seguir “más o menos” en lo que estábamos. La ciencia describe otra cosa. En el trabajo intelectual, más que hacer varias tareas a la vez, lo que hacemos es cambiar de una a otra. Y cada cambio tiene un coste.
Ese coste es desorientación. En un trabajo de referencia sobre interrupciones y fragmentación del trabajo, Gloria Mark y su equipo observaron que las distracciones afectan al foco y que, de media, las personas tardan unos 23 minutos en retomar realmente una tarea interrumpida. La cifra aparece recogida en un artículo académico posterior de la propia investigadora sobre atención y distraibilidad.
La parte más engañosa de todo esto es que la multitarea da sensación de actividad. Nos hace sentir ocupados, incluso diligentes. Pero una cosa es estar ocupados y otra avanzar. Abrir muchas ventanas mentales dispersa el rendimiento. Y por eso acabamos la jornada con esa sensación tan conocida de haber hecho mil cosas y, al mismo tiempo, no haber terminado ninguna del todo.
Sobre esta serie
Vivir con ciencia es una iniciativa de T21, el canal de ciencia e innovación tecnológica de Prensa Ibérica. Si quieres leer más reportajes sobre cómo aplicar la evidencia científica a tus decisiones cotidianas, aquí tienes las anteriores entregas:
- Trucos para gastar menos en el supermercado: lo que la ciencia sabe sobre cómo compramos
- Cómo desconectar del móvil sin perderte nada: lo que la ciencia sabe sobre nuestra atención
- Gestos ecológicos: cuáles merecen la pena de verdad y cuáles son puro postureo verde
- Por qué duermes mal y qué puedes cambiar hoy: lo que dice la ciencia sobre el sueño
Diseñar fricción
La salida pasa por poner fricción donde hoy hay acceso inmediato. Si las notificaciones compiten por tu atención, la primera medida sensata es reducir su capacidad de irrumpir: basta con quitar las que no sean esenciales y agrupar el resto en momentos concretos del día.
También ayuda trabajar por bloques. Un bloque de 25 o 30 minutos sin correo, sin mensajería y sin cambiar de tarea vale más que una hora salpicada de interrupciones: le da al cerebro tiempo suficiente para entrar de verdad en lo que está haciendo. La atención necesita continuidad.
Experimento de tres días
La forma más rápida de comprobarlo es hacer una prueba corta. Durante tres días, deja todas las notificaciones no urgentes en silencio y reserva dos momentos fijos para mirar mensajes y correo. El resto del tiempo, una sola tarea abierta. Al final de cada jornada, anota dos cosas: cuánto has avanzado de verdad y cómo de cansado has terminado.
Suele pasar algo interesante. No siempre trabajas más horas, pero sí notas menos desgaste y más sensación de control. Y eso encaja con lo que llevan años señalando los estudios sobre atención: el gran ladrón de energía es la interrupción.
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