Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Biología / Neurociencias

Las altas temperaturas también confunden a los animales: cómo el calor altera su comportamiento y su memoria

Aves que aprenden más lento, perros que muerden más, gamuzas más agresivas y abejas menos eficaces: la ciencia empieza a medir cómo las olas de calor alteran la conducta animal y pueden desestabilizar ecosistemas enteros

El calor afecta a las células cerebrales de los animales.

El calor afecta a las células cerebrales de los animales. / Crédito: RAUNAK BASU / UNIVERSIDAD DE UTAH, SALT LAKE CITY.

¿Ya nos sigues?Márcanos como medio preferente
Añádenos en Google

Pablo Javier Piacente / T21

A medida que suben las temperaturas, algunas criaturas se pelean mientras que otras tienen dificultades para aprender. Las consecuencias de estos cambios de comportamiento pueden extenderse por los ecosistemas. Diversos estudios muestran que las altas temperaturas cambian la forma en que los animales se comportan, aprenden, cazan, se defienden y se relacionan entre sí. El resultado puede ser una cadena de efectos que va desde la pérdida de alimento hasta un mayor riesgo para especies ya vulnerables.

En pleno calor abrasador en Sudáfrica, unas aves turdoide bicolor fueron incapaces de resolver una tarea sencilla: en lugar de rodear una barrera transparente para llegar a un premio, insistían en picotearla sin éxito. Ese experimento, que se describe en un estudio publicado en 2025, se ha convertido en una de las señales más claras de que las olas de calor no solo afectan al cuerpo, sino también al cerebro de los animales.

Problemas de aprendizaje y agresividad

Según una publicación de Knowable Magazine, la evidencia acumulada apunta en la misma dirección. Cuando las temperaturas suben, muchas aves pasan más tiempo buscando sombra y menos tiempo alimentándose o atendiendo a sus crías. Las abejas incluso se refrescan con gotas de agua sobre la cara para proteger el cerebro, mientras otras especies reducen su actividad para evitar el estrés térmico. En paralelo, estudios en humanos ya habían relacionado el calor con alteraciones en la toma de decisiones, la memoria y la conducta agresiva.

Esa agresividad también aparece en otras especies. Distintas investigaciones documentan que, con días más calurosos y mayor contaminación, aumentan las mordeduras de perros en varias ciudades de Estados Unidos. En los Alpes italianos, las gamuzas se vuelven más territoriales cuando el calor reduce la vegetación disponible, y los científicos creen que su agresividad podría crecer de forma notable de aquí a 2080. Incluso un pez tropical, el Golden Julie, reacciona con más hostilidad cuando el agua se calienta unos grados.

Un turdoide bicolor salvaje examina un artilugio que contiene un sabroso gusano de la harina debajo de una de las dos tapas. Las aves pueden aprender a asociar una tapa de un tono de color concreto con el gusano de la harina, pero cuando hace mucho calor, les lleva mucho más tiempo hacerlo.

Un turdoide bicolor salvaje examina un artilugio que contiene un sabroso gusano de la harina debajo de una de las dos tapas. Las aves pueden aprender a asociar una tapa de un tono de color concreto con el gusano de la harina, pero cuando hace mucho calor, les lleva mucho más tiempo hacerlo. / Crédito: C. SORAVIA ET AL / ROYAL SOCIETY OPEN SCIENCE 2025.

Calor que afecta directamente al cerebro

El problema no termina en el incremento de la agresividad. El calor también deteriora el aprendizaje: en los experimentos mencionados, las aves tardan más en asociar señales con comida, los diamantes cebra fracasan con mayor frecuencia en tareas de resolución de problemas y los abejorros tienen problemas en vincular colores con recompensas cuando la temperatura sube. En mamíferos como los ratones, el calor se asocia a inflamación en el hipocampo, una región clave para la memoria, de acuerdo a un estudio publicado en 2015.

La explicación apunta a un mismo mecanismo: al aumentar la temperatura exterior, también puede elevarse la del cerebro, interfiriendo en el funcionamiento de las neuronas. Eso afecta a la percepción, la memoria y la capacidad de reaccionar ante depredadores o de encontrar alimento. En un planeta más cálido, ese deterioro conductual podría amplificarse en ciudades, ríos tropicales y regiones ya expuestas a olas de calor más largas e intensas.

Todo esto permite concluir que el cambio climático no solo está modificando dónde viven los animales, sino también cómo piensan y actúan. Lo más preocupante es que, según los expertos, probablemente todavía estamos subestimando hasta qué punto el calor puede alterar el cerebro de los animales, incluyendo a los seres humanos.

Tracking Pixel Contents