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Ciencia y Sociedad

Los científicos explican por qué no debes rascarte las picaduras de insectos

La investigación muestra que rascarse aumenta la hinchazón, aunque podría tener una pequeña ventaja evolutiva frente a gérmenes

Por qué rascarse las picaduras de insectos solo alivia unos segundos y después las empeora.

Por qué rascarse las picaduras de insectos solo alivia unos segundos y después las empeora. / Crédito: Anita Austvika en Unsplash.

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Pablo Javier Piacente / T21

Rascarse demasiado las picaduras de insectos puede dañar la piel: ahora, los investigadores han explicado en un estudio por qué incluso una picazón leve puede desencadenar un ciclo de picor y rascado con consecuencias graves si se cede a la tentación.

Ese gesto automático de rascarse las picaduras de insectos puede aliviar durante unos segundos, pero la ciencia confirma que después empeora el problema: más inflamación, más picor y una recuperación más lenta. Así lo ha determinado un equipo de investigadores de la Universidad de Pittsburgh, en Estados Unidos, que viene trabajando en el tema desde hace años y ha publicado un estudio al respecto en 2025 en la revista Science.

El rascado empeora la lesión

Según una reciente publicación de Medical Xpress, basada en información de The Associated Press, los especialistas estadounidenses determinaron que el rascado activa señales nerviosas e inmunitarias que agravan la reacción de la piel. La clave está en lo que ocurre bajo el tejido cutáneo: cuando una zona irritada se rasca, las terminaciones nerviosas sensibles al dolor liberan una molécula llamada sustancia P.

Esa señal, a su vez, activa a los mastocitos, células inmunitarias que participan en las respuestas inflamatorias y en la liberación de histamina, una de las sustancias vinculadas al picor. El resultado es un círculo vicioso: más rascado, más inflamación y más ganas de seguir rascándose. ¿Quién no ha sufrido esto en algún momento de su vida?

Referencia

Scratching promotes allergic inflammation and host defense via neurogenic mast cell activation. Andrew W Liu, Daniel H Kaplan et al. Science (2025). DOI:https://doi.org/10.1126/science.adn9390

El equipo científico trabajó con ratones y utilizó incluso pequeños collares para impedir que pudieran rascarse. El hallazgo fue contundente: cuando los animales no podían rascarse, la hinchazón era menor y también se acumulaban menos células inflamatorias en la zona irritada. Esto significa que el rascado no solo no ayuda, sino que empeora la lesión.

Un mosquito picando a un humano. Las picaduras no solo son molestas y pueden transmitir enfermedades: también pueden generar graves consecuencias en la piel.

Un mosquito picando a un humano. Las picaduras no solo son molestas y pueden transmitir enfermedades: también pueden generar graves consecuencias en la piel. / Crédito: AP Photo/Rick Bowmer, archivo.

¿Una razón evolutiva?

El trabajo también sugiere una explicación evolutiva de por qué rascarse resulta tan tentador. En ciertas circunstancias, el gesto podría contribuir a reducir bacterias de la piel, un posible beneficio secundario que ayudaría a entender por qué esta conducta persiste en humanos y otros animales. Aun así, los investigadores insisten en que ese posible efecto protector no compensa el daño inflamatorio que provoca en la mayoría de los casos.

¿Qué hacer entonces frente a una picadura que no deja de molestarnos? Los dermatólogos recomiendan romper el ciclo con tratamientos sencillos: antihistamínicos cuando sea imprescindible, crema de hidrocortisona, loción de calamina o baños de avena. También puede ayudar una crema con mentol, que engaña temporalmente a la piel al generar sensación de frío y reduce el impulso de rascarse.

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