Data Centers
España se perfila como la puerta digital de la Inteligencia Artificial en el sur de Europa
Se esperan hasta 90.000 millones de euros en inversión para construir centros de datos que generan ruido, alteran el ecosistema y agotan las reservas de agua local

Imagen de un centro de datos para servidores de Inteligencia Artificial. / Hanwha Data Centers.
Cuando le pedimos a ChatGPT que resuma un PDF complejo o que genere la imagen de un astronauta montando a caballo, la respuesta aparece en la pantalla en cuestión de segundos, limpia, mágica y aséptica.
Pero al otro lado, en el mundo físico, esa magia huele a asfalto caliente, hace temblar los cimientos de las casas y seca los acuíferos. La inteligencia artificial tiene cuerpo, y es un monstruo industrial extremadamente glotón. Esa es la otra cara de la realidad.
Según la Agencia Internacional de Energía, se prevé que el consumo mundial de electricidad para centros de datos se duplique, alcanzando aproximadamente 945 teravatios-hora para 2030, lo que representa algo menos del 3 % del consumo total mundial. Entre 2024 y 2030, el consumo de electricidad de los centros de datos crecerá entre un 12% y un 15% anual, más de cuatro veces más rápido que el crecimiento del consumo total de electricidad de todos los demás sectores, según sus estimaciones.
Alerta ciudadana
Un reportaje publicado en The New Republic relata la frustración de ciudadanos comunes en pequeñas localidades estadounidenses que, de la noche a la mañana, descubrieron que sus tranquilos vecindarios iban a convertirse en el ruidoso patio trasero de Silicon Valley.
Allí no hubo debates públicos ni consultas ciudadanas. Todo se gestó a puerta cerrada mediante estrictos acuerdos de confidencialidad entre alcaldes deslumbrados por promesas de prosperidad tecnológica y empresas que operaban bajo empresas pantalla. Los vecinos solo se enteraron cuando las retroexcavadoras ya estaban en la puerta de sus casas destrozando el paisaje.
Primero ruido insoportable
Lo que narran estas personas no tiene nada que ver con el glamur del futuro. Hablan del martilleo insoportable de las obras y de nubes de polvo denso que lo cubren todo durante meses.
Hablan del momento exacto en que los servidores se encienden y los sistemas de ventilación masiva arrancan, emitiendo un zumbido industrial, agudo e ininterrumpido, que penetra en las paredes y arruina el sueño de los residentes.
A este paisaje hay que sumar una fractura social inmediata: la llegada en tropel de operarios para levantar estas naves revienta el mercado inmobiliario local, multiplicando los alquileres y expulsando a la población autóctona.

La inteligencia artificial no solo consume datos: también consume energía, agua, suelo e infraestructura. Detrás de cada respuesta instantánea hay una creciente demanda de recursos físicos. / IA/T21
Luego el problema del agua
Pero por encima del ruido, el gran drama es el agua. Para evitar que estos cerebros artificiales se derritan, la refrigeración exige millones de litros de agua dulce al día.
Es una sangría insostenible que ocurre a menudo en condados rurales que ya sufren graves restricciones hídricas por la sequía, enfrentando a los ecologistas y a los agricultores locales contra las multinacionales.
Reacciones ciudadanas
Las reacciones a los centros de datos se multiplican en todo el mundo. La más reciente: residentes de ciudades japonesas como Inzai, cerca de Tokio, han protestado contra los proyectos de centros de datos por preocupaciones relacionadas con el ruido, el calor, los riesgos de incendio, el consumo de agua, el impacto visual y la presión sobre la infraestructura local. Algunos incluso han presentado demandas impugnando los permisos para grandes instalaciones planificadas cerca de viviendas. Esta reacción negativa surge en un momento en que Japón prevé que su mercado de centros de datos casi se duplique para 2028.
España, puerta digital del sur de Europa
Visto desde España, la experiencia estadounidense o japonesa no resuena lejana. Nuestro país aparece cada vez más como un nodo estratégico para el tráfico de datos y para nuevas inversiones en infraestructura digital.
Nuestro país se ha colgado el cartel de gran puerta digital del sur de Europa. Las proyecciones hablan de un auténtico tsunami de capital: hoy contamos con decenas de centros de datos, especialmente concentrados en Madrid (que acapara casi el 90% de la oferta). Y están en el aire unos 66.900 millones de euros en inversiones vinculadas a centros de datos hasta 2030, cifras que algunas previsiones disparan hasta los 90.000 millones de cara a 2026.
¿Qué puede pasar?
Aragón, con sus vastas llanuras, se ha convertido en la joya de la corona para este tipo de despliegues. Gigantes como Amazon están inyectando miles de millones en la región, transformando hectáreas de terreno en inmensos parques de servidores para liderar el negocio europeo.
Sobre el papel, las instituciones políticas celebran la inyección económica y la creación de empleo. Sin embargo, no está claro quién y cómo vigilará la presión sobre nuestras redes eléctricas, nuestras ya castigadas cuencas hidrográficas y la calidad de vida de las personas que viven en su entorno.
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