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Biología Evolutiva

El parto no es solo traumático para los humanos: también lo es en otros primates

Un estudio desmonta la idea de que el “dilema obstétrico” sea exclusivo de nuestra especie

El “dilema obstétrico” no es solo humano: otros primates también tienen partos difíciles.

El “dilema obstétrico” no es solo humano: otros primates también tienen partos difíciles. / Crédito: University College London.

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Redacción T21

El ajuste apretado de la cabeza de un bebé a través del canal de parto de la madre, que causa grandes dificultades, no es exclusivo de los humanos, como se entendía anteriormente. En cambio, algunos bebés primates de cuerpo pequeño tienen cabezas casi el doble de grandes que el espacio pélvico de sus madres, según descubrió un nuevo estudio.

Una investigación publicada en la revista Nature Ecology & Evolution deja en el pasado una de las ideas más repetidas en antropología evolutiva: que el parto humano es excepcionalmente difícil por una combinación única de cerebro grande y pelvis estrecha.

El estudio, liderado por científicos de la University College London (UCL), en Reino Unido, revisa datos comparativos de primates y concluye que el “dilema obstétrico” no es exclusivo de nuestra especie, sino una realidad compartida en distintos grados por otros monos y simios.

Dificultades compartidas

Hasta ahora, gran parte de la literatura había sostenido que el nacimiento en humanos era singularmente complejo por la adaptación a la marcha bípeda y el aumento del tamaño cerebral. Sin embargo, el nuevo trabajo señala que parte de esa conclusión procedía de mediciones antropocéntricas que subestimaban las dificultades del parto en otras especies.

De acuerdo a una nota de prensa, los autores volvieron a analizar la proporción entre la cabeza del recién nacido y la abertura pélvica materna con datos tridimensionales específicos de cada especie, y además ampliaron la muestra de ocho a 29 primates.

El resultado indica que un ajuste cefalopélvico estrecho aparece también en primates de menor tamaño corporal, especialmente en varios monos americanos, como los monos ardilla. En algunos casos, la cabeza del recién nacido puede llegar a ser casi el doble del espacio pélvico materno.

La tensión entre el tamaño de la cabeza del recién nacido y la pelvis materna aparece también en otros primates.

La tensión entre el tamaño de la cabeza del recién nacido y la pelvis materna aparece también en otros primates. / Crédito: University College London.

No es un rasgo exótico ni exclusivo de los humanos

Según la investigación, la combinación de neonatos proporcionalmente grandes, pelvis pequeñas o ambas cosas explica restricciones al parto mucho más severas en otras especies que en los humanos. La revisión también aporta un matiz importante: no todos los primates afrontan el nacimiento del mismo modo.

Referencia

Comparative primate analysis shows that humans are not unique in having a tight cephalopelvic fit at birth. Nicole Torres-Tamayo et al. Nature Ecology & Evolution (2026). DOI:https://doi.org/10.1038/s41559-026-03102-5

Algunas especies han desarrollado adaptaciones para facilitarlo: por ejemplo, en los macacos rhesus los huesos pélvicos de las hembras se fusionan más tarde que en los machos, durante su etapa reproductiva, mientras que en otras especies no llegan a fusionarse, lo que permite que la pelvis se expanda en el momento del parto.

Los especialistas concluyen que la dificultad del parto no debe entenderse como un rasgo exclusivo de nuestra evolución, sino como parte de un abanico de “dilemas obstétricos” que han surgido en distintos linajes de primates. En ese sentido, el caso humano seguiría siendo extremo entre los grandes simios, pero no representa una excepción absoluta en el mundo animal.

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