El coronavirus se ha llevado a Pablo Lozano a los noventa años de edad, sabio del toreo, matador de toros y hombre de despachos en cuestiones ganaderas, por representar a la ganadería de Alcurrucén, y por ser apoderado de toreros jóvenes que luego se convirtieron en figuras. 

Pablo Lozano siempre cogía el teléfono para hablar de toros. Charlar con él era comprobar su gran generosidad, para sacar adelante toreros jóvenes, y entender que el toreo es una ilusión, por estar siempre soñando con el toro de su vida. Ese mismo que llegó a salir en plazas como Madrid, con aquel “Licenciado”, o con aquel “Economista” en València. Lozano era el segundo de los hermanos que formaron una larga y famosa dinastía de gentes del toro, con presencia tanto en los ruedos como en los despachos y la ganadería.

Después de una larga carrera como novillero, Pablo Lozano tomó la alternativa en Barcelona, de manos de Luis Miguel Dominguín, el 25 de septiembre de 1951, lo que le llevó a ser, hasta hoy y después de Julio Aparicio y Miguel Báez "Litri", uno de los decanos de los matadores de toros de todo el mundo.

Después de varias temporadas discretas, con idas y venidas, y un triunfo importante en Las Ventas en 1957, "la muleta de Castilla", como se le llamaba en la prensa taurina, se retiró de los ruedos en 1954 para dedicarse, en asociación con sus hermanos, José Luis y Eduardo, a negocios taurinos, bien como apoderados o bien como empresarios.

Siguiendo la estela de la familia Dominguín, que la ideó, Lozano dio dimensión a la famosa "Oportunidad" de Vista Alegre en 1964, de la que salió lanzado Palomo Linares para ser apoderado por estos tres hermanos hasta convertirlo en primera figura.

Respetado en todo el mundo taurino, Pablo Lozano ha pasado por ser un gran experto en el campo y un gran conocimiento del toro bravo, tanto como "veedor" para elegir las corridas como ganadero al frente al hierro de Alcurrucén.

Además de esa faceta, también ha sido reconocido como descubridor y maestro de nuevos toreros, a los que ayudó en distintos momentos de su carrera y entre los que destacan el propio Palomo Linares, Espartaco, César Rincón, Manuel Caballero, Vicente Barrera o Eugenio de Mora.

Junto a sus hermanos, Pablo Lozano también fue empresario de varias e importantes plazas de todo el mundo, pero en especial de la monumental de Las Ventas, de Madrid, que dirigió desde 1990 a 2004. Además, dos de sus hijos, Fernando como matador y Luis Manuel como novillero, siguieron sus pasos en la profesión, mientras que un tercero, Pablo, es un reconocido escultor.