21 de diciembre de 2018
21.12.2018

Torreta: Cabanyal en modo restaurante

21.12.2018 | 04:15
Torreta: Cabanyal en modo restaurante

Conocí a Toni García en una comida que organizó mi antiguo jefe, y sin embargo amigo, en Alejandro del Toro. «Tengo un amigo que quiere montar un restaurante, vente y le aconsejas», me dijo. Sólo Dios sabe cuántas encerronas de este tipo he tenido que lidiar ya en mi vida. Imaginé el típico empresario próspero, aficionado al buen comer, que quiere tener su propio restaurante para invitar a una copa de champange a sus amigos. Acudí con un arsenal de razones para intentar evitar a ese inocente una mala decisión: que llenar un restaurante es muy difícil, que hay muchísimos gastos, que este negocio te robará la vida€ Un monólogo bien ensayado con el que convencerle, sin ofender, de que la restauración no es un negocio, sino una forma de vida para la que muy pocos valen. Sin embargo, el hombre que encontré frente a mí era un próspero empresario, pero para nada un alma cándida. Toni sabía de esto tanto o más que yo. Tuvo un restaurante de culto que se llamó Los Cuentos. No es cocinero, pero conoce muy bien las entretelas de un restaurante. Es, además, un tipo sensato y con los pies en el suelo. Durante dos horas tumbó cada uno de los argumentos con los que yo intentaba disuadirle, hasta que finalmente me convenció y acabé recomendándole a Quique Barella para que dirigiera su nuevo proyecto. Se entendieron pronto. Uno es de El Cabanyal y el otro de El Grao. A los dos les gusta que la cocina respire producto y ambos tienen ese carácter de la gente del marítimo que les hace ir siempre en línea recta.

El proyecto se planteó en dos etapas. Empezar a funcionar con una taberna marinera en la planta baja para, en un plazo breve, abrir en el piso superior un restaurante con más ambiciones gastronómicas. El primer paso funcionó muy bien. Esa taberna frente al mar fue sabrosa y exitosa desde la primera semana. Pero el segundo paso, un año después, aún no se ha dado. Más bien las dos plantas se han reconvertido en un restaurante de cocina de mercado con amplitud de miras. Puedes tapear de forma divertida y gustosa. Pedirte una buena titaina, una sepia o un capellanet a la brasa. O puedes ser más ambicioso y entrar en terrenos más importantes. En ese caso recomiendo los mosquitos. Se trata de una especie de cigalita corta y rechoncha que se come frita con cáscara incluida. Es curioso y resulta sorprendente. Si nos ofrecen marisco o pescado podemos confiar sin titubeos. Compran a diario en el mercado de El Cabanyal. Más de una vez me he encontrado a Toni entrando en el restaurante trayendo un «mandado de última hora». Estando donde estamos resultan inevitables los arroces. Los hay secos, caldosos y paella por encargo. Recomiendo especialmente los de pescado.

El primer paso está dado. Pero los aficionados esperamos el segundo. Quique Barella también. De momento ha vuelto a dar clases en el CDT durante la semana para quedar como un asesor de lujo que está en la cocina sólo los sábados y domingos. La calidad que día de hoy ofrece Torreta es muy buena, pero nos queda el gusanillo de volver a reencontrarnos con ese chef que sabe integrar los sabores de su tierra en platos atrevidos y coquetos. Es lo que nos prometieron cuando lo inauguraron. Mientras tanto, seguiremos disfrutando del capellanet y los mosquitos.

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