22 de febrero de 2019
22.02.2019

Los tres tenores del vino valenciano

Se cruzaron en el camino hace 20 años. Juntos (y sin proponérselo) le pusieron cara a la revolución vinícola valenciana de finales de los 90

22.02.2019 | 04:15
Los tres tenores del vino valenciano

Cada uno con su estilo, con su particular manera de entender el vino, pero siempre apostando por la viña, el terruño y la uva autóctona. Dos décadas después siguen siendo toda una referencia con sus nuevos proyectos.

Fue hace ocho años cuando el equipo del portal Verema acuñó el término de Los 3 Tenores para referirse a los protagonistas de una cata magistral que aún hoy se recuerda con Toni Sarrión (Mustiguillo), Pablo Calatayud (Celler del Roure) y Pepe Mendoza (Bodegas Enrique Mendoza y más recientemente Casa Agrícola). Era el décimo aniversario de la Experiencia Verema València, y la cata supuso un punto de inflexión para el sector vinícola valenciano. Cada uno con su particular manera de entender el vino, pero siempre bajo la premisa del respeto al origen y la búsqueda de la excelencia. Pero la historia en común de estos tres bodegueros valencianos había nacido antes, en el año 1999, cuando coincidieron en un master de viticultura en Requena y sus caminos se unieron para siempre, compartiendo experiencias, viajes y un deseo común, romper con lo establecido y apostar por una enología sincera y honesta. Todo a contracorriente, sentando las bases de una viticultura precisa en la que aspectos como la altitud o el terruño influyen y transmitiendo todos esos conocimientos para que las nuevas generaciones puedan seguir sus pasos. Dos décadas, esos tres enólogos, probablemente los que mayor influencia hayan tenido en el desarrollo del sector vinícola valenciano, vuelven a sentarse en una mesa. La cita fue en Casa Montaña, el lugar donde a menudo se reunían. Como testigo, Emiliano García, en aquel momento enlace para que los tres bodegueros pudiesen dar a conocer sus vinos por toda España.

«No sabría decir de que modo surgió nuestra relación. Eramos jóvenes y teníamos una manera similar de entender este mundo del vino. Pepe ya tenía la bodega familiar, pero buscaba nuevos retos, y Pablo y yo teníamos mucha ilusión y muchas ganas, pero poco más» comenta Sarrión. «Al poco de conocernos –añade Mendoza– ya estábamos tramando salir al mundo a empaparnos de enología. Los padres de Pablo nos decían que no era necesario, que 'todo estaba en los libros', pero yo había estado haciendo vino en Nueva Zelanda y tenía claro lo importante que era conocer otras maneras de trabajar». Los tres programaron un primer viaje a Chile y Argentina en el año 2000 (un año después repetirían aventura, en este caso exclusivamente en Argentina). «De cada viaje hemos vuelto con más ideas, con más conocimientos, pero también más unidos, ya que pese a que cada uno tiene su propio proyecto siempre hemos creído que juntos somos más capaces», afirma Calatayud.
Sus proyectos personales han ido evolucionando de la mano de esta relación. Pepe, que comenzó trabajando con variedades foráneas, es a fecha de hoy uno de los que mejor ha sabido entender la Monastrell en Alicante; Pablo, cuyo primer Maduresa era Tempranillo, Cabernet y Merlot, se ha especializado en vinos antiguos recurriendo a varietales autóctonas, tinajas de barro y viejas prácticas enológicas; y Toni le ha puesto cara a la Bobal y la Merseguera, uvas clásicas en su zona.

Durante la reunión se suceden anécdotas y halagos. Cómo se plantea el desarrollo del enoturismo en la C. Valenciana o el tratamiento que la restauración le da a los vinos son algunos de los temas que preocupan a los tres enólogos, que ven en las nuevas generaciones la continuidad de una manera de entender el vino intuitiva pero precisa. Pero también se habla de vinos, de aquellas botellas que han emocionado a los tres tenores durante estos últimos veinte años, y entre ellos, los que elaboran en sus bodegas. Pablo y Pepe coinciden en señalar a Quincha Corral como el vino que más le gusta de Sarrión. Éste, por su parte, confiesa su devoción por el Maduresa de Calatayud y el Santa Rosa de Mendoza –aunque Estrecho le parece fantástico, como a Pablo–; mientras Pepe prefiere un Safrá de Celler del Roure. Cada uno con su estilo propio, fieles a su personalidad, pero dando el do de pecho cada vez que se cruzan en el camino, quizá la próxima vez, quién sabe, también compartiendo proyectos.

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