25 de octubre de 2019
25.10.2019

EL FARO DEL COACH

Tengo una conversación pendiente

25.10.2019 | 04:15
Tengo una conversación pendiente

Hace unos meses la responsable de recursos humanos de una empresa con la que tengo una muy buena relación, me pidió una propuesta para un proyecto de un equipo. La preparamos con mucho cariño después de mantener una primera reunión y quedamos para presentarla en vivo y en directo, ya que nuestros proyectos pueden resultar de difícil comprensión si no los explicamos en persona. Dicho y hecho, presentamos el proyecto una semana después, con presencia parcial de los asistentes que habíamos quedado. Primera mala señal. Pese a ello, lo explicamos de mil amores y quedamos a la espera de que nos indicaran si seguíamos adelante o no.

Pasadas dos semanas sin tener noticias, le escribí un email a mi contacto, y no obtuve respuesta. Extrañada, dos o tres semanas más tarde, le pregunté si había recibido mi email anterior, y tampoco obtuve respuesta. Dada la confianza que tenía con la persona en cuestión le escribí al móvil preguntándole si estaba bien, ya que me extrañaba no tener noticias suyas. Tampoco me dijo nada. No puedo negar que me sentí algo molesta, no ya porque nuestro proyecto no prosperara, sino porque no me lo estaba diciendo directamente y había confianza para ello. Me resultó fácil pensar que no estaba dando suficiente importancia a cómo me podía estar sintiendo yo.

Al cabo de dos meses, ambas estábamos invitadas a una fiesta y confieso que no me apetecía fingir que todo estaba estupendamente en aquel contexto. Tampoco me resultaba fácil imaginar una conversación en la que le trasladara mi feedback, evidentemente de mejora, en una fiesta. Así que, dado que también estaba muy cansada, decidí no asistir a la fiesta.

Han pasado dos meses más y hace unos días fue su cumpleaños. Le escribí para felicitarle y hemos quedado para comer y, como ya imaginaba, me ha anticipado que me tiene que contar «muchas cosas». Yo también tengo que contarle una: un «no» a tiempo resulta mucho menos doloroso que todo este proceso de «persecución» por mi parte y silencio atronador, por la suya. Nada más. Estoy perfectamente preparada para aceptar un «no» por respuesta, forma parte de las «reglas del juego», pero me duele que no me digan nada y, de alguna manera, me mantengan en vilo, cuando yo soy cercana y natural siempre. Igual estoy perdiendo una oportunidad de mejora respecto del proyecto que presentamos para situaciones futuras. Con eso me sentiría suficientemente retribuida por mi esfuerzo. Sin duda, alguna (buena) razón tendrá para no haber seguido adelante, en ese sentido estoy muy tranquila.

A menudo, cuando vamos a dar una mala noticia caemos en la procastinación, dando una patada para adelante y posponiendo la conversación en la que creemos que podemos disgustar a alguien. Detrás de todo ello suele haber una necesidad de protección de algo. En este caso, bien podría ser de la imagen que tengo de ella o de nuestra buena relación, sin embargo, de forma paradójica, procastinar acaba dañando más aquello, que si damos la mala noticia. En definitiva, una conversación con un «no» puede ser mucho más saludable para las relaciones que un silencio procastinador.

Y tú, ¿qué conversación incómoda tienes pendiente? ¿Qué tratas de proteger evitando hablar? ¿Es realmente efectivo en ese sentido?

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