08 de noviembre de 2019
08.11.2019

Raúl Aleixandre se reinventa en Gran Vía con Baobab

El chef valenciano sigue apostando por un producto de gran calidad con una barra que invita al disfrute de paladares exigentes

08.11.2019 | 04:15
Raúl Aleixandre se reinventa en Gran Vía con Baobab

Raúl Aleixandre está en forma. Motivado, ilusionado y seguro de sí mismo. Apenas 12 meses han sido suficientes para disipar las dudas que me generó la apertura de Baobab. No había mala intención en ellas. Sólo el excepticismo del periodista que ha visto a inversores bien intencionados retirarse de la hostelería después de dos meses de pérdidas. También, no lo voy a negar, la desconfianza del crítico que ha visto pasar a Raúl por demasiados restaurantes. Pero me siento en esa barra preciosa y me lo encuentro con una sonrisa enorme, una energía bestial y la misma ilusión que cuando lo conocí hace veinte años. Lo veo manejar un producto de escándalo y, lo más importante, hacer platos nuevos que surgen de manera espontánea mirando lo que le ha regalado el mercado. Raúl no sabe cocinar si no tiene buena materia prima. Y aquí no parece tener ningún límite. Él se crece cuando llegan a sus manos pescados con tintes de joya victoriana, de la misma manera que se deprime si se ve obligado a trabajar con un producto de circunstancias. Cuando recibe una langosta, se le pone esa cara de niño con ganas de jugar, hunde la cabeza en la sartén y le bastan dos minutos y un refrito de ajos para regalarte una langosta de ensueño. Pero hay más. Un canelón concebido a la inversa, como si de un roll california se tratara, relleno de una delicada crema de queso y cubierto de una potente salsa de pato. Hay un tartar de atún con cebollino, soja y aceite de jengibre, sus buñuelos de bacalao. Raúl está tan enchufado que hasta los postres resultan destacables. Si en anteriores restaurantes nos aburría con repostería a base de tarritos, aquí se lanza con postres de verdad como una tarta de manzana de escándalo que cubre con un mantecado de vainilla suave y etéreo.

Raúl está muy bien. Se le nota feliz y se le ve regalar felicidad a una parroquia que lo ha acogido como cocinero de cabecera. Baobab se ha vuelto punto de encuentro para una clientela fiel que huye de las tonterías y sabe apreciar el producto de un restaurante serio y el buen gusto de un gran cocinero. Si yo no estuviera obligado a comer cada día en un restaurante diferente sería un devoto más de su congregación.

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