Si algo bueno se puede sacar de esta pesadilla en la que vivimos es la solidaridad con el servicio público de salud de la sociedad española. Seguramente, no hay ninguna otra profesión que haya sido tan alabada en la historia del cine. Sí, existe el género del «mad doctor», el científico loco en su traducción española, pero fuera del género fantástico, se les aprecia y se les admira. Aquí van los homenajes que el gremio del Séptimo Arte ha hecho al gremio de las batas blancas.

Obsesión

(Douglas Sirk, 1954) El maestro del melodrama también se puso la bata blanca para rodar este filme protagonizado por Rock Hudson. Tristemente, esta película tiene de todo: gente irresponsable, crisis por la carestía de respiradores, personal sanitario que fallece€ Pero también un arco de transformación por el que Hudson, un viva la vida impenitente, decide cambiar y convertirse en un neurocirujano de prestigio capaz de salvar vidas en un final más optimista de lo acostumbrado en Sirk.

Contagio

(Steven Soderbergh, 2011) Desgraciadamente, ha sido la película más comentada durante el último mes. Tomando como punto de partida las películas de desastres, el genial Steven Soderbergh imaginaba una pandemia global como la que ahora nos afecta. Todo empezaba con una infidelidad de Gwyneth Paltrow€ y se armaba la mundial. La verdad es que da miedo ver las similitudes entre el filme y lo que está pasando estos días: desde el contagio a la especulación de cierto sector farmacéutico y el heroísmo de investigadores y médicos.

La tragedia de LouisPasteur

(William Dieterle, 1936) Si hoy nos repiten constantemente que lavarse las manos salva vidas es, en parte, gracias al gran genio de la microbiología, Louis Pasteur. La película no puede estar a la altura de sus descubrimientos, pero sí que es un hito en la historia del cine, siendo uno de los mejores biopics jamás filmados. Paul Muni, más conocido por interpretar a un trasunto de Al Capone en Scarface, el terror del hampa, demuestra su versatilidad interpretando a un Pasteur que, pese a ser vapuleado por gobiernos y colegas, acaba por tener la más dulce de la victorias: la verdad.

Los últimos días del Edén

(John McTiernan, 1992) Sean Connery era un doctor mitad Tarzán-mitad hippie de comuna en este concienciado retrato ecologista. Escondido en medio de la selva amazónica, su personaje cree poder encontrar la cura contra el cáncer entre la vegetación de terrenos ignotos. Pero esa cura puede desaparecer por la ambición y codicia del hombre blanco, siempre dispuesto a cargarse todo lo que tenga a mano. Bella y muy entretenida, como todo lo de McTiernan.

Hipócrates

(Thomas Lilti, 2014) De un tiempo a esta parte, no hay año en el que el cine francés no estrene una película sobre las bondades de los servicios públicos. En 2014 le tocó a la sanidad, con esta película de Lilti sobre el día a día de un hospital. Su gran valor es el realismo, pues el director fue médico antes que cineasta, y sabe lo que es sufrir cuando se comete un error de diagnóstico o pelear con las inhumanas decisiones de las administraciones. Cuando una la ve, no puede dejar de pensar en que El señor doctor, del inefable Cantinflas, denunciaba lo mismo a través del humor€ ¡en 1965! Parece que no aprendemos.

M*A*S*H*

(Robert Altman, 1970) La obra maestra de Altman y todo un homenaje a los sanitarios, así sin medias tintas. Altman humanizó a los integrantes de un hospital militar de campaña durante la Guerra de Corea, tan humanos como el resto de los mortales, con sus picores inguinales, sus rencillas personales y sus monomanías, pero que alcanzaban el estatus de súper héroes cada vez que había que arremangarse para salvar vidas. Se llevó la Palma de Oro en Cannes con todo merecimiento.

Salto a la gloria

(Steven Soderbergh, 2011) Desgraciadamente, ha sido la película más comentada durante el último mes. Tomando como punto de partida las películas de desastres, el genial Steven Soderbergh imaginaba una pandemia global como la que ahora nos afecta. Todo empezaba con una infidelidad de Gwyneth Paltrow€ y se armaba la mundial. La verdad es que da miedo ver las similitudes entre el filme y lo que está pasando estos días: desde el contagio a la especulación de cierto sector farmacéutico y el heroísmo de investigadores y médicos.

El velo pintado

(Richard Boelawski, 1936 y John Curran, 2016) Hasta tres adaptaciones ha tenido la novela homónima de William Somerset Maugham. La más recordada, sin duda, es la primera, con estelar interpretación de Greta Garbo. Narra un triángulo amoroso en el Extremo Oriente en el que una joven deseosa de aventuras se ve frustrada por la monótona existencia de su marido, bacteriólogo de profesión, hasta el punto de serle infiel. Pero cuando las circunstancias le obligan a convivir con su desempeño médico, vuelve el amor acompañado de admiración. ¿Acaso hay mejor aplauso? En 2016, se hizo una nueva versión con Naomi Watts. Como las comparaciones son odiosas, diremos que lo más destacable era su fotografía.

Patch Adams

(Tom Shaydac, 1998) Robin Williams, encarnación en su vida personal del mito del «payaso triste», protagonizó dos películas basadas en médicos reales: una fue Despertares, sobre la vida de neurólogo (y escritor de éxito) Oliver Sacks. Preferimos esta segunda por parecernos más apropiada en estos momentos en los que, quien más quien menos, estamos alicaídos. El doctor Hunter Adams creo una nueva disciplina, la risoterapia, convencido de que las carcajadas fortalecen nuestro sistema inmunitario.

Madame Curie

(Melvin LeRoy, 1943) No hace falta que narrar las penurias que han soportado las mujeres para ejercer su profesión. En el cine, son tan abnegadas como devotas, y así son retratadas tanto en Misión en la jungla (Douglas, 1961) con Angie Dickinson como en Historia de una monja (Zinneman, 1959). Recientemente se estrenó The Cave, un duro documental sobre sanitarias en Siria. Por eso creemos que es justo reivindicar a la dos veces premio Nobel Madame Curie, en la más canónica de sus biografías fílmicas, la dirigida por LeRoy, con Greer Garson encarnando a la física.