En pocos domicilios valencianos faltan las cartas, el dominó o el parchís. Juegos clásicos que han ido pasando de padres a hijos, y que siempre se han relacionado a tiempos de vacaciones o relajación. Luego se popularizaron el Monopoly y el Trivial, que además de los más vendidos en el mundo, también se puede jugar on line, en una adaptación similar al milenario ajedrez. Pero además de comprar calles, edificios o hoteles, o responder a «¿En qué libro de la Biblia se narra la historia de Adán y Eva?», en los últimos años se han popularizado Catán, Dixit o Dobble, donde se han incorporado los más pequeños en una competición con los mayores en la misma mesa, donde además del conocimiento, la pericia y el azar mantienen un papel esencial. El confinamiento ha vuelto a dar protagonismo a estos juegos domésticos, a los que habían por casa, e incluso aquellos que estaban por estrenar desde las Navidades pasadas, pero también han disparado sus ventas.

El Monopoly sigue siendo el rey. En sus diferentes formatos, desde la versión clásica al Monopoly Tramposo o su versión electrónica. Este juego de compraventa inmobiliaria permite entender a la perfección las ventajas y peligros del mercado de vivendas. Hay que tener un poco más de cultura general para el Trivial Pursuit, recomendado para mayores de 10 años y donde puede reunir desde 2 a 36 jugadores (en equipos de seis participantes). Pero al mismo tiempo se puede disputar una partida de policias y ladrones en el Cluedo. Hay cientos de propuestas en el mercado y las tiendas especializadas no paran de recibir pedidos. Los educadores y psicólogos recomiendan los juegos de mesa como alternativa a las consolas y resto de videojuegos, está demostrado que activan las áreas del cerebro relacionadas con las relaciones espaciales, así como que estimulan el crecimiento neuronal en los más pequeños, ayudan a la prevención del alzhéimer y sirven como terapia para síntomas de depresión y ansiedad.

La oferta es variada, pero también es muy aconsejable volver a los clásicos como el ajedrez o las damas, e incluso a las múltiples opciones que da la baraja de cartas, y reivindicar el autóctono «truc». Ya sabe: «truque, retruque, quatre va i joc fora!».