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Santi Balmes | Cantante de Love of Lesbian

Love of Lesbian: "Teníamos la necesidad de ser más concretos, tirar más a gol"

Dice Balmes que «Viaje épico hacia la nada» ha luchado por ser más simple y menos lírico y que el objetivo, a estas alturas de la fama, es salir a jugar.

Love of Lesbian: lo que hay entre la épica y la nada. Ximenaysergio

Casi siempre que Love of Lesbian actúa en València, Santi Balmes recuerda aquel concierto en la sala Wah Wah tras el cual la banda decidió no separarse. Hasta entonces no habían logrado ninguno de sus objetivos, pero la calurosa acogida del público en aquella ocasión les quitó de la cabeza la idea de deshacer la formación. Desde ahí al éxito actual y los conciertos en los que suelen colgar el «no hay entradas» como los dos que darán mañana en la Marina Sur dentro del ciclo Nits al Carme. «

Ese concierto fue un momento crucial de nuestra carrera -reconoce el cantante- porque fue el público el que nos aupó y a partir de ahí salimos cambiados. Cuánto tiempo ha pasado, ¿verdad?».

¿Piensas en cómo hubiera sido tu vida si hubieran ido cuatro gatos a aquella actuación?

Aún hubiéramos persistido un poco más, pero no mucho. Y ahora, en estos momentos, sería un desgraciado oficinista, o un protagonista de un libro de Kafka.

¿Trágico y absurdo?

Sí, totalmente, me veo así. Y en blanco y negro.

¿Y el pop español, qué se hubiese perdido?

Queda mal decirlo, pero algunas buenas canciones se hubieran perdido, eso seguro. Si me lo dices a mí queda un poco complicado. Luego leerlo y pensar, madre mía, qué pedante es el cabrón.

«Viaje épico hacia la nada» es, pese al título, un disco pelín menos épico que sus anteriores.

Era la consigna, la contradicción entre la épica y la nada del título, como una lucha. Teníamos la necesidad de ser más concretos y más contundentes, tirar más a gol. Veníamos del Poeta Halley, que era un disco en el que la música quedaba supeditada a las letras.

¿Te advirtieron tus compañeros de que te estabas pasando con las letras?

No, no, fui yo cuando al cabo de un tiempo de gira me di cuenta de la barbaridad que había hecho y que para recordar las canciones estaba dedicando el 75 % de mi cerebro y tenía que borrar archivos de memoria de mi infancia para que cupiera todo. Como los humanos no tenemos eCloud pensé que tenía que ir a la concreción. Aun así, ahora estaba hablando con mi mujer y me decía «Yo no sé cómo te puedes acordar de la letra de “Los irrompibles”». Y sí, tiene razón. Aun conteniéndome he sido bastante echado para adelante. Pero es mi lucha hacia la simplicidad, estoy ahí.

Más que tú te acuerdes de tus letras, lo que me sorprende es que se las sepa y las coree el público desde la primera sílaba a la última.

Es un público que, desde luego, tiene memoria. No sé qué tal les irá la vida pero hacen un ejercicio mental importante aprendiéndose los temas. A veces miro los labios de la peña de primera fila para que me haga de apuntador. No somos un grupo con el que te quedes con toda la información que enviamos con la primera escucha.

¿Pide paciencia vuestra música?

Sí. Estamos en una época en la que hay mucho golpe de efecto, muchas canciones que las escuchas durante dos días y te encantan, y luego pasan siete años y te preguntas por qué no las has vuelto a escuchar. Quizá porque ha sido un prodigio de producción moderna que con un par de escuchas ya ha dado todo de sí. Nosotros optamos por ese tipo de películas que has de ver varias veces para quedarte con un detalle de guión o un plano interesante.

Sale épica pero entran «slides» terrosos y alguna balada setentera y cierta suciedad.

Aunque en España se diga «tocar» un instrumento, en ingles es «to play» y en francés «jouer». Es decir, jugar y crear nuevas reglas. Ponerte en peligro o irte por otros derroteros en los que te has de adaptar hace que te sientas más vivo que incidiendo siempre en los terrenos que tienes dominados. No podríamos avanzar si nos quedáramos en las mismas sonoridades. El reto para nosotros ahora es tocar cualquier palo y adaptarlo a nuestra personalidad, y eso es muy bonito.

Algún no fan dirá que todos vuestros discos suenan igual.

Es que a la que pongas la voz, aunque sea una bossa nova, para bien o para mal va a ser una bossa nova de Love of Lesbian. Debería haber un cambio radical, distorsionar mi voz y ponerle un «vocoder», para que la gente no apreciara que somos la banda de siempre. Pero eso es también una ventaja porque puedes atreverte a hacer cualquier cosa y al final siempre estará bajo el amparo de Love of Lesbian.

Love of Lesbian solo actuará el 1 de mayo XimenaySergio

Es un disco con melancolía y mala leche. ¿Es hijo de los tiempos o de las circunstancias personales?

Veníamos de una situación política y personal dentro de la banda en la que tuvimos que dar ciertos pasos…

Como marcha de Joanra, el bajista...

Por ejemplo, o la de la agencia de management… Pasos que no fueron nada agradables pero que eran necesarios para dar un revolcón a nuestra necesidad de superarnos. Ha habido momentos muy duros pero ahí está la metáfora de dar el paso, de decidirnos a no quedarnos quietos. Cuando estamos en una situación acomodaticia, algo que para otras personas puede ser un lujo, nos empezamos a inquietar. Necesitamos estar en movimiento y por eso el disco está impregnado un poco de tristeza y enfado y el punto de esperanza final. Coincide mucho con este tiempo de pandemia: empieza muy oclusivo y acaba con un halo de esperanza.

La canción que da título e inicia el disco está inspirada en el suicidio de un amigo.

Así es. Fue un momento muy duro, reflexionar sobre dónde estabas tú, sobre si con un café o una charla esa persona podría haber llegado a otro tipo de conclusiones. Es el alto en el camino que haces cuando te dan una noticia así y te revuelve por dentro. A partir de ahí empieza toda la temática del disco.

«Te suspendiste en el vacío aunque nadie puntuó».

Sí, es de esos temas que va a costar mucho cantar en directo, que hurgan en la herida. Pero espero que se produzca el efecto contrario, que sea algo catártico y curativo. Lo que uno intenta es que estos momentos dolorosos y chocantes, a través de una canción y por un proceso de alquimia, se conviertan en algo bonito, que hagas las paces y sea una elegía por una persona que valía mucho la pena.

«Murió Peter Pan viendo series en un sillón», cantas en otro tema. ¿El viaje épico hacia la nada es también generacional?

Sí, es esa sensación de adormecimiento, pensar que con un tuit quejándote del Gobierno o de la extrema derecha ya has hecho la revolución, y después sigues con tu maratón de series. Creo que estamos adormecidos, y me incluyo, no soy acusativo sino «autoacusativo». Está sucediendo, estamos viviendo en un mundo ficcionado que no es la realidad.

«Catalunya bondage» habla del «procés». ¿Por qué ahora esa necesidad de cantar sobre un tema que habíais esquivado?

Ha sido un proceso doloroso en el cual te ves obligado a posicionarte. Lo cierto es que al final te das cuenta de que todo ha sido una retroalimentación que se ha producido muchas veces en la historia de este país: la relación sadomasoquista entre España y Cataluña, como una pareja que se ha acostumbrado después de mucho tiempo a una relación insana, y esperas la mala reacción del otro para confirmarte en tu postura. Es una relación ya muy viciada y te preguntas hasta cuándo llegará. Al final es muy estresante para los que vivimos aquí. Solo escuchamos soluciones muy radicales por una parte y por la otra.

Cantáis en castellano por toda España ¿Cómo os ha afectado en eso el «procés»?

Mal. Tienes que contar hasta diez cada vez que quieres opinar. Somos catalanohablantes y es una situación que cuando empezamos no pensábamos que iba a llegar al extremo al que ha llegado. Echamos de menos habernos escuchado más los unos a los otros. Cataluña sabe ver los defectos de España y España los de Cataluña, pero «autovernos» nuestros defectos es más difícil. Posicionarte políticamente es arriesgado porque los políticos son los primeros que dan un paso atrás y dejan delante a los músicos con cara de parguelas. Pero nuestro terreno es emocional y si hablamos del «procés» es porque nos ha tocado de manera emocional, no porque tengamos necesidad de defender nuestra ideología.

¿Dan más rabia esos políticos o los defensores de las esencias indies que siempre os han despreciado?

Cuando piensas en la cantidad de energía que desperdicias en la vida preocupándote por estas cosas, te das cuenta de que no ha valido la pena. Alguien me dijo que muchos de estos que nos critican darían su brazo derecho por tener todo el público que tenemos nosotros. Hay mucho snobismo, una necesidad de aplanar el césped para que no se vean los brotes que sobresalen. Es algo muy ibérico.

Pero está superado, ¿no?

Yo creo que sí. Lo menos creativo que puede hacer alguien es estar pendiente de lo que digan de él en Internet. No creo que los clásicos del pasado hubieran sido tan prolíficos si hubieran pasado el tiempo haciendo stories de Instagram y leyendo lo que piensan los demás sobre ellos.

Tú eres bastante activo en las redes...

Tampoco te creas, me va por rachas. Hay semanas que no pongo nada y otras que pongo más. Pero me estoy conteniendo muchísimo. Hay gente que está continuamente colgando cosas y parece que haya invertido el tiempo de creación y el de promoción. El simple hecho de pensar a cada momento y a cada frase lo que puedan opinar de ti es realmente agotador.

¿Qué ha supuesto para vosotros el concierto-experimento del Palau Sant Jordi?

La sensación de ser Armstrong, Aldrin y Collins. El seguimiento que tuvo, la resonancia internacional, nos ha superado por todos los lados. Si me hubieras dicho que iban a hablar de nosotros en Al Jazeera, el New York Times o en un periódico en mandarín me hubiera reído… Pero va a faltar casi unos cuantos años para asimilar la trascendencia que haya podido tener.

¿Pero ese es el camino a seguir, el de pagar test de antígenos para que la gente pueda ir a conciertos?

Sí, es complicado. Está clarísimo que hay que mirar cómo puede ser más barata la planificación de estas cosas, la compra de antígenos o de lo que sea. Pero es necesario porque cada concierto que se haga bien genera un efecto dominó. La iniciativa quería demostrar que se pueden hacer las cosas con voluntad.

En directo siempre presentas a «John Boy» con cierta ironía. ¿Que no te llevas bien con él?

Me llevo bien. Ha significado algo muy bonito para la banda, que es ver cómo miles de personas lo han hecho suyo. Ni mucho menos pienso que es el mejor, pero quizá tocó en la tecla, tuvo las frases adecuadas, «todos los raros fuimos al concierto», algo que ha hecho que muchísima gente se sienta identificada.

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