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Violincheli Brothers: Sacrificio, talento y disciplina

Con seis y cuatro años, los hermanos Pablo y Alejandro Turlo empezaron a estudiar violín y violonchelo, ahora los Violincheli Brothers aspiran a conquistar el mundo y ser los referentes de la nueva música clásica

Los hermanos valencianos que dejaron boquiabierto a Risto Mejide A. Iranzo / A. Barbeta

Llegan a casa «cansadísimos» tras un largo día escolar. Es martes. Pablo, el mayor de los Turlo, por la mañana ha tenido audición de violín en el Conservatorio. Está contento. Todo ha ido como esperaba. Alejandro, el pequeño, está preocupado porque tiene que repasar ya que al día siguiente tiene examen de lenguaje. Esta tarde-noche, no podrán «divertirse» con el violín y el violonchelo. Tendrán que esperar. Cena, ducha y a dormir. Así es el día a día de los hermanos Turlo, de 16 y 14 años . En junio empiezan la gira por lo que los ensayos de 3 a 4 horas diarias ya están planificados. Por el apellido quizás no los conozcan, pero seguro que al escuchar su nombre artístico, Violincheli Brothers, saben que los escolares son los virtuosos Pablo y Alejandro, los hermanos valencianos que dejaron boquiabierto al jurado de «Got Talent» y finalizaron el concurso en quinta posición. «Participar en un programa así te da mucha visibilidad», reconoce Pablo, el mayor de los hermanos. El violinista. «Yo me lo pasé superbién», apostilla Alejandro, el violonchelista, mucho más tímido y reservado. En su casa, una obviedad visto el resultado, la música clásica siempre ha estado presente. Dos detalles delatan la pasión familiar, un piano de pared en el recibidor y otro de cola en el comedor. Inmaculada, la madre, toca el piano, y Roberto, el padre, es el oboe solista de la Orquesta de València. Con esos mimbres y sacrificio, talento y disciplina.... Violincheli Brothers.

Violincheli Brothers, quintos en Got Talent

Los Turlo ya no son unos niños. Su comportamiento les delata. Quizás, en lo único que se parecen a los de su edad, es en que les gusta el fútbol -son del Villarreal-. En lo demás, su gusto es exquisito. ¡Cómo no! A los cuatro años, cuando otros jugaban con las piezas de lego, ellos empezaron a tocar instrumentos de cuerda. Y tan bien, tan bien se le empezó a dar, que en meses, ambos tenían claro que ya no se separarían del violín y el violonchelo. «En nuestra casa siempre se ha escuchado música clásica. Nuestros padres son músicos y este tipo de música es la que nos han inculcado. Ellos decidieron que tocáramos estos dos instrumentos -también el piano- porque nosotros aun no estábamos capacitados y no pudieron hacer mejor elección. Acertaron. Si por nosotros mismos tuviéramos que elegir, los elegiríamos», afirma Pablo que ya ha enfocado su educación hacia la música. El menor lo hará cuando acabe la ESO. Tres días a la semana acude al Conservatorio Superior de València y uno se desplaza hasta Barcelona para formarse en el Liceu. Eso, entre otras cosas, le permite «socializar» con gente con la que comparte sus gustos y con los que se identifica. «En esta vida tiene que haber de todo. A unos les gusta el reguetón y a otros nos gusta la música clásica», sostiene Pablo (2004), al que le gustaría actuar en el Festival de jazz de San Sebastián o llenar una plaza de toros, sueño que comparte con Alejandro (2006).

«Es verdad que para llegar a cierto nivel tienes que sacrificar pasatiempos, pero como en cualquier profesión. Esto es una carrera de fondo y nosotros la acabamos de empezar, pero vamos por el buen camino. Estamos invirtiendo mucho tiempo para nuestro futuro. Lo que está claro es que para llegar adónde queremos necesitamos echarle horas. Esto es lo que queremos y para eso nos esforzamos», reconoce el mayor, mientras su madre, orgullosa, asiente. Los padres son los que les han inculcado y transmitido su amor y mimo por la música, parte del conocimiento es gracias a Enrique Palomares (profesor de Pablo y concertino de la OV) y David Apellaniz (maestro de Alejandro y catedrático del Conservatorio Superior de Murcia).

Violincheli Brothers, en concierto.

Participar en «Got talent», el programa de talentos de Telecinco , pero sobre todo llevarse las entusiastas valoraciones del jurado -Risto Mejide llegó al decir que al escucharlos sintió «lo mismo que el día que conocí a mi hija»-, les ha dado una visibilidad y popularidad «increíble». «Nos conocen por la calle», se sorprende Alejandro, mientras la madre desvela que, tras compartir Alejandro Sanz el vídeo en sus redes sociales, la notoriedad de los Violincheli Brothers se ha disparado tanto que, desde Sudamérica, se han puesto en contacto con ellos para que vayan a actuar. Saben lo que hacen. Antes de ser mediáticos, los Turlo ya habían girado con dos espectáculos, Desconchertantes y En serio. Su primera actuación ante público, con 14 y 12 años respectivamente, fue el 31 de marzo de 2019 en el Palau de la Música. «Cuatro días y todo lleno», se enorgullece la madre.

Sus conciertos son una apuesta por la frescura. Una nueva propuesta artística, ecléctica y al estilo Ara Malikian, en el que se mezcla el humor y el juego escénico. Su propuesta musical, cuentan, es «híbrida». Les gusta, dicen, recurrir a composiciones clásicas de grandes compositores como Vivaldi, Bach, Albéniz o Paganini, para mezclarlas con canciones del pop-rock, pasando, «indudablemente» por el jazz. Disciplinados, ellos «obedecen» al interpretar las composiciones que crean su guionista (Joaquín Daniel), el pianista (Pau Chafer) y su padre. «Le damos ideas pero ellos hacen las mezclas», lanzan.

Pablo tiene claro por dónde quiere conducir su carrera. «Vamos por el mismo camino que ha marcado Ara Malikian pero no estamos en la misma línea. Cada uno tiene su estilo», confiesa. Un camino que, reflexiona, pasa por modernizar a los clásicos: «El mundo de la música clásica tiene que modernizarse para no extinguirse. Nosotros intentamos transmitir el mensaje de que se puede hacer buena música clásica transformándola para que no sea monótona. Si esto no se hace, mal vamos, porque el público no rejuvenecerá. Lo que más llega son las fusiones. No hay quien no se sorprenda al escuchar un violín y un violonchelo interpretando la zarzuela de las Bodas de Luis Alonso mezclada con Albéniz, Bach, Vivaldi, Tino Casal, Mecano, Paco de Lucia, Queen, Coldlplay o Michael Jackson». «A mí -confiesa Alejandro- me encanta ver en los recitales cómo se sorprende la gente joven al escucharnos».

El violín para Alejandro es «eléctrico y sensible», mientras para Pablo el violonchelo tiene «un sonido muy bonito» y es el instrumento que más se parece a la voz humana. Ellos son su mejor forma de expresarse. La música, tienen claro, va a ser su profesión. El reconocimiento, ya depende de otros.

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