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Entrevista

«Los conciertos de este verano son terapéuticos»

El dúo de Cornellà rompe año y medio de parón forzoso con una gira de 10 conciertos, retomando el guion de su gira ‘Fuego’ y celebrando 20 años de trayectoria. Hablamos con José, el menor de los Muñoz.

David y José Muñoz, el martes en 
Pineda de Mar, antes de su concierto 
en el Festival Arts d’Estiu. ferran sendra

David y José Muñoz, el martes en Pineda de Mar, antes de su concierto en el Festival Arts d’Estiu. ferran sendra

¿Son sus primeros conciertos en casi año y medio?

El último fue el de Londres, el 14 de febrero de 2020.

¿Cómo se han sentido durante este tiempo de parón? ¿Cabreo, ansiedad, resignación serena…?

Nos lo hemos tomado con bastante calma. Si es lo que tocaba hacer… Todo esto ha sido también una cura para tu cabeza, para el estrés, desde el momento en que se paró todo. Incluso componer, al estar mi hermano y yo separados, era difícil al principio, porque siempre hacemos las canciones juntos. Pero desde que ya nos pudimos juntar en las terrazas de nuestras casas, ya empezaron a salir canciones. Son temas que no hacen ninguna mención a la cuarentena, y eso está bien.

Hace un año pudimos hablar y me contaron que hasta que no volviéramos a la plena normalidad no saldrían de gira, pero han cambiado de opinión. ¿Influye pensar que dependen de Estopa puestos de trabajo, sus músicos, técnicos, etcétera?

En gira somos bastantes, sí, aunque no queremos pensar tanto en eso, porque afortunadamente nuestros músicos y nuestros técnicos son muy buenos, y si no están con nosotros, están trabajando con otros. ¡Se los rifan!

¿Cómo se sentían ante la expectativa de volver a pisar un escenario?

Al principio teníamos sensaciones de duda. Te decías a ti mismo: «Digo yo que me acordaré, que esto es como andar en bici». Pero de las canciones como La raja de tu falda o Tu calorro, yo creo que, aunque no volvamos a ensayarlas en la vida, nos seguiremos acordando siempre de las letras, sin necesidad de prompter ni nada. Las llevamos dentro. Y las otras también. Están todas grabadas a fuego. Así que los músicos ensayaron un par de días, y nosotros solo el día antes. La banda va sola.

En los conciertos de Estopa siempre hay una electricidad en el ambiente. ¿Creen que estos días se transforma en algo distinto?

Creo que los conciertos de este verano son un poco terapéuticos. Las canciones más alegres te dan ganas de salir de fiesta, y las más tristes y melancólicas igual te las quitan. Pero intentamos jugar con las sensaciones del público, ir subiendo y bajando la tensión, y acabar arriba de todo. Creo que la gente, cuando escucha nuestras canciones, se pone contenta y le dan ganas de irse de fiesta, y ahora hay que decirle que sí, pero con la mascarilla. Para nosotros ver la gente sentada en un concierto y con la mascarilla es lo más raro que hay, pero luego sientes que la respuesta del público te llega igualmente.

Hay voces que ponen el grito en el cielo estos días cuando ven fotos de conciertos.

Pero hay unos protocolos y, mientras se sigan las pautas, no hay ningún problema. La cultura es segura, y si encima es al aire libre... En Santiago actuamos en un prado y nos dejaron meter a 4.000 personas. Todos en sus sillitas, agrupados por burbujas y con sus mascarillas. Estoy deseando que vuelva la vieja normalidad, pero ahora esto es lo que toca.

Hablaba de canciones nuevas. ¿Ya piensan en un nuevo disco?

Vamos como siempre, haciendo canciones por hacerlas, y cuando nos digan que es el momento de hacer un disco, empezaremos a seleccionar. Pero el año que viene todavía tenemos que darle espacio al álbum Fuego con la gira, que se quedó interruptus. En las nuevas canciones nos están saliendo las típicas rumbitas, algunos medios tiempos, y letras un poquito más introspectivas. De momento están pasando nuestros filtros.

¿Siguen manteniéndose como un dique de contención ante el reguetón?

Nunca diremos «de este agua no beberé», pero no, no, no hay reguetón en las nuevas canciones. Igual cuando no esté de moda lo haremos nosotros.

Quizá sus canciones sobre sueños, que son muchas, son apropiadas para tiempos de recogimiento.

Sí, los sueños dejan libertad de guion, y los nuestros son bastante raros. Nos gustan las cosas raras. Esas canciones siempre las dejamos para el número 12 de los discos, y a veces nos salen muchos 12.

De hecho, hay un tema nuevo de Estopa, El madero, de la banda sonora de Los hombres de Paco, que publicaron en abril. ¿Creado en pandemia?

Se nos ocurrió hacer una canción como El yonqui desde el punto de vista del madero. Ahora, en vez del yonqui, somos el madero.

Hay una vieja conexión de Estopa con el mundo policial, desde que la comisaría de Sant Ildefons nutría de clientes el bar de sus padres, La española. Entre ellos, Emilio Hita, Rockhita, el miembro de La Banda Trapera del Río que les enseñó a tocar la guitarra.

Claro, Emilio, que fue un maestro para nosotros, de esas personas que se quedan ahí para siempre como referentes. La comisaría ha estado siempre delante del bar, o sea que ha sido una relación bastante estrecha la que hemos tenido.

«Fui madero cualificado / Mal visto por algunos, por otros mal pagado / Pero yo sigo aquí, siguiéndote la pista», comienza diciendo la canción. ¿Se trataba de humanizar al madero?

Totalmente. En Los hombres de Paco ya lo humanizan, comparado con las películas de Hollywood. La serie se acerca más a la realidad. Hicimos la canción con este espíritu, con un poquito de humor.

¿Hay alguna canción de su repertorio prepandemia que ahora hayan decidido retirar en esta gira, o alguna incorporación?

Hay una, Paseo, que pensamos que mejor la dejamos para cuando vuelva la normalidad, porque invita a abrazarse y a cantar como si fueran las cinco de la madrugada, y ahora no es plan. La dejamos para la gira del año que viene.

Estos conciertos, ¿siguen el guion de la gira Fuego?

Más o menos. Queremos seguir presentando Fuego, pero luego hacemos un resumen de toda nuestra discografía. Hora y tres cuartos o algo así.

Con tanto tiempo libre en estos meses, ¿han hecho algún descubrimiento musical?

Estamos flipadísimos con el disco de Robe, de Extremoduro, Mayéutica. Nos lo ponemos por separado, mi hermano y yo, y luego lo comentamos: «Qué cabrón, qué letras, qué melodías…». Otro que nos gusta mucho, y que nos ha sorprendido, es C. Tangana. Ha cogido la rumba y la bossa, y les ha dado un toquecito eléctrico, trapero, con su estilo, y hay que felicitarle.

¿Se conocen?

Sí, vino a vernos al último concierto que hicimos en Madrid antes de la pandemia.

Nos dicen que la quinta ola podría estar empezando a remitir. ¿Ya están vacunados?

Sí, doble pauta los dos. Mi hermano, Moderna, y yo, Pfizer.

Quién nos iba a decir que tendríamos conversaciones sobre marcas de vacunas.

¡Como si se pudiera elegir! Nosotros fuimos a la Fira de Cornellà y nos pusieron la que nos tenían preparada. Cuando piensas que en el cole quemaban la aguja… Yo creo que nos vacunábamos todos con la misma aguja y llegaba un momento en que la quemaban para seguir utilizándola.

¿Conocen gente que no quiera vacunarse?

No, no conozco a ningún negacionista. A estas alturas, no creer todavía en el virus no tiene ni pies ni cabeza. El virus existe y las vacunas salvan vidas.

¿Ha sido muy sedentaria su vida en estos meses?

Pues sí, aunque nos hemos puesto nuestros horarios, para que las musas vinieran a vernos con la guitarra en la mano.

Y la pandemia sigue su curso. ¿Ven el vaso medio lleno o medio vacío?

Siempre decimos que tenemos el vaso medio vacío, ¡pero para pedirnos otro! Nunca habíamos tenido una agenda tan a largo plazo. Da un poco de vértigo pensar en 2022. Nosotros siempre trabajamos al año. Pero espero que llegue un momento en que, con el porcentaje de vacunación alto, esto se vaya a notar. Los negacionistas ya habrán pasado todos el virus, porque al no vacunarse… O igual se vacunan sin que nadie los vea. Creo que a partir de final de año ya iremos volviendo a nuestra vida antigua.

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