Resulta vertiginoso contemplar a qué velocidad ha evolucionado el mundo del vino, al menos en lo concerniente a la DOP Valencia. Hace medio siglo era casi imposible encontrar vino valenciano embotellado, y prácticamente toda la producción de uva, se destinaba a la elaboración de vinos a granel que se destinaban a diversos rincones del mundo. Poco a poco esa tendencia fue virando hacia una apuesta por la innovación y la calidad, animándose muchas bodegas a iniciar una aventura comercial que les ha llevado a convertirse en una de las zonas de España que más exportan y que ofrecen mayor diversidad de productos.

A día de hoy se cifran en varios centenares los diferentes vinos que lucen en su contraetiqueta el sello de la DOP Valencia, que ha basado precisamente en la diversidad muchas de sus estrategias comerciales para posicionar sus vinos en los mercados de todo el mundo. El objetivo, al menos desde que Cosme Gutiérrez accedió a la presidencia del organismo hace doce años, ha sido el de lograr que el consumidor pidiese sus vinos por su nombre, es decir, que pidiesen un ‘Valencia’. Bajo el paraguas de este término encontramos todo tipo de estilos, desde los blancos afrutados y frescos que se elaboran con variedades típicas de la zona como Moscatel, Merseguera, Verdil o Malvasía, hasta los intensos y concentrados tintos de castas tradicionales como la Garnacha Tintorera o la Monastrell, pasando por vinos finos y elegantes en los que varietales foráneas como Merlot, Cabernet Sauvignon, Syrah o Petit Verdot muestran una magnífica adaptación y propuestas de uvas recuperadas del olvido que reivindican el carácter mediterráneo de la zona.

Detrás de un ‘Valencia’ hay también una buena porción de tradición vinícola con las clásicas mistelas, esos vinos dulces típicos de zonas como Cheste, Turís o Godelleta siempre presentes en nuestras mesas y últimamente más ‘de moda’ que nunca gracias al trabajo realizado por bodegas como Reymos, Godelleta o La Baronía;pero también hay grandes dosis de innovación y capacidad de adaptación, como ha sucedido con los ‘Petit Valencia’ la nueva tipología con la que el Consejo Regulador controla y certifica elaboraciones de vinos de baja graduación que se han revelado como un gran éxito entre nichos de mercado que buscan productos más ligeros.

Pero sobre todo, detrás de un ‘Valencia’ se encuentra el esfuerzo de miles de agricultores valencianos que trabajan con mimo sus tierras para obtener unos frutos que permitan a enólogos y bodegueros producir vinos solventes, sinceros y sabrosos capaces de satisfacer a todo tipo de consumidores en cualquier ocasión.

Para jóvenes

Para jóvenes

Para jóvenes con ganas de descubrir

Dentro de la amplia tipología de vinos avalados por la DOP Valencia encontramos un buen número de etiquetas pensadas para consumidores poco iniciados o que buscan propuestas con un enfoque diferente. En este apartado los vinos de Moscatel son en muchos casos la llave para adentrarse en el inagotable mundo del vino valenciano.

En el mercado podemos encontrar propuestas frescas y desenfadadas como la de El Novio Perfecto (Cherubino Valsangiacomo), un blanco algo dulzón, muy fácil de beber. Silencio (Bodegas Godelleta) es otro interesante Moscatel, en este caso más seco y de aromas florales. La gama de espumosos Reymos (Reymos/Anecoop) son otra interesante alternativa para los amantes al Moscatel. Cañas y Barro (Alturia/Viñas del Portillo) ofrece un giro diferente con un armonioso coupage entre la Moscatel y la Malvasía. Al margen de los blancos, referencias como Sant Pere Tinto (Bodegas Sant Pere Moixent) o Mala Vida (Arráez) son vinos amables, bien definidos y con una imagen poco convencional en sintonía con los gustos de perfiles de consumidores más jóvenes.

Aval de los expertos

Con el aval de expertos de todo el mundo

Los vinos de la DOP Valencia son habituales en los cuadros de honor de los concursos más prestigiosos del planeta; y prescriptores de notable influencia en el contexto internacional avalan muchos de ellos con altas puntuaciones. Barón de Turís Reserva (La Baronía de Turís) ha obtenido decenas de medallas de oro en los principales concursos de todo el mundo, al igual que Venta del Puerto Nº 12 (La Viña/Anecoop) uno de los referentes dentro de la DOPValencia. La Finca (La Casa de las Vides) ha logrado el aplauso unánime de la crítica internacional con sus dos primeras añadas;y CasaBosca (Rafael Cambra) ha logrado la máxima puntuación para un vino valenciano en la prestigiosa Guía Peñín.

Mención merecen dos referencias de altísimas prestaciones: Maduresa (Celler del Roure) e Isidra (Clos de Lôm), el primero es todo un clásico que desde hace dos décadas figura en las primeras posiciones entre los favoritos de prescriptores de la talla de Robert Parker o Jancis Robinson; mientras que el segundo ha logrado con su primera añada convertirse en uno de los valencianos mejor valorados en las principales guías españolas.


Grandes clásicos

Grandes clásicos

Grandes clásicos que nunca fallan

Algunas bodegas llevan unido el sello de la DOPValencia a sus vinos desde hace casi medio siglo. En algunos casos se trata de compañías familiares que generación tras generación han ido creciendo al ritmo que lo hacía el Consejo Regulador, pero también figuran cooperativas que desde su origen se identifican con esta región vinícola. Laderas (Bodegas El Villar) es uno de los sellos con mayor tradición en la subzona de Valentino, al igual que Dominio de Calles (Vegamar), un sello que acompaña a la bodega desde su origen y que en los últimos años ha vuelto a situarse en primera línea gracias a los premios obtenidos con sus últimas añadas.

Noranta (Daniel Belda) es la última propuesta de una de las sagas de vinateros de mejor reputación en la Comunitat Valenciana. Es un tinto de Garnacha Tintorera con el que Daniel (tercera generación) celebra el 90 aniversario del nacimiento de la bodega. Por su parte, Ceramic Monastrell (Vicente Gandía), escenifica el compromiso de esta centenaria bodega por situar a los vinos de la DOPValencia en el firmamento de los grandes de España;mientras que Sericis (Murviedro) incide en la singularidad de uvas autóctonas como la blanca Merseguera.

Pequeñas joyas

Pequeñas joyas en edición limitada

Territorio de profunda tradición vinícola, en la DOPValencia conviven grandes bodegas con pequeños proyectos basados en extraer de la uva y el terruño la tipicidad de estas tierras mediterráneas. Simeta (Javi Revert Viticultor) es probablemente una de las etiquetas que mayores reconocimientos han logrado en las últimas campañas y ha dado visibilidad a un proyecto centrado en rescatar viejas parcelas de varietales casi olvidados, pero no el único que destaca en este sentido. CorSalvatge (Clos Cor Ví) explora el lado más salvaje de la variedad Verdil, autóctona de la subzona del Clariano; mientras que Los Frailes Caliza (Casa Los Frailes) ahonda en el tipo de suelo como elemento diferenciador. Sentada sobre la Bestia (Filoxera&Cia) abrió la puerta a nuevas vinificaciones peculiares con uvas autóctonas en una firma fiel reflejo del concepto de bodega de garaje; y Rascaña (Baldovar 923) incide ene l valor de los viñedos de altura de la subzona del Alto Turia. Por último, Parcela Solana (Vinya Alforí) refleja el compromiso de unos viticultores por extraer toda la esencia de una finca histórica de Terres dels Alforins.

Respeto al entorno

Respeto al entorno y mínima intervención

La apuesta por las prácticas enológicas respetuosas con el entorno y la adaptación de los cultivos de viñedos a pautas ecológicas han ido creciendo año tras año en la DOPValencia. Cada vez son más las bodegas que certifican sus vinos con el sello ecológico, y en muchos casos también son aptos para veganos. Actualmente se cuentan por decenas los vinos ecológicos que se encuentran en el mercado con el aval de la DOPValencia, entre ellos Aliats (Bodegas Enguera), un tinto que nace a partir de un proyecto de recuperación de murciélagos en la zona. La Vereda (el Angosto) es otro de los ejemplos del mimo que viticultores y productores ponen a la hora de cultivar la vid. Otras bodegas, como Los Pinos, van más allá, y desde hace una década elaboran un tinto sin sulfitos añadidos. Cooperativas como la de Ontinyent, con Begam, también han comenzado a poner en valor el compromiso de sus viticultores respecto a la tierra; mientras que Pago Casa Gran (Falcata Arenal) o Terra d’Art (Finca El Maldito) trabajan ya al 100% en ecológico y con prácticas biodinámicas.