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Sharon Fridman y sus "147 abrazos"

La pieza nace de la necesidad de tratar el amor y la relación entre dos personas. El espectáculo se realizará el día 31 en el anfiteatro del Parque de Cabecera.

Imagen de «Dosis de Paraíso» .

Amor y relación. Necesidad y satisfacción. Repitiendo una acción y un gesto se consolida una ruta. Movimientos en bucle. «147 abrazos», explica el coreógrafo Sharon Fridman, nació de la necesidad de tratar el amor y la relación entre dos personas. De observar la evolución de las relaciones humanas y sus posibilidades para lograr la armonía. Esa, apunta, fue su fuente de inspiración y el territorio de exploración para la compañía que, desde 2006, dirige en España. Porque, para el laureado director israelí, «la repetición es clave en este trabajo y a través de ella es como se va desarrollando la transformación de un estado dentro de un ciclo. La repetición lleva a una cadencia que sacrifica consciencia y genera inestabilidad», defiende. «El movimiento en una relación, que nace desde una necesidad, demanda una satisfacción por parte del otro. Repitiendo una acción y un gesto se consolida una ruta, y sólo llevando ese mismo movimiento a su límite se puede bifurcar hacia otro lugar», explica el autor de «147 abrazos», la pieza de danza de 23 minutos que, en exclusiva, se estrenará el día 31 en el Anfiteatro del Parque de Cabecera (12 horas) dentro del Festival Circuito Bucles. Melania Olcina y Begoña Quiñones serán las encargadas de interpretar la idea.

«147 abrazos» , en realidad, es un extracto de «Dosis de Paraíso» que, a su vez, nació de la necesidad de tratar el amor y la relación entre dos personas en escena, «estableciendo un diálogo con las nuevas tecnologías que permitía encontrar nuevos espacios subjetivos, emocionales, internos, en los que poder sumergirse en la complejidad de esta materia», relata. Esta obra se estrenó en 2020 y en ella se hablaba de la oportunidad del abrazo y el miedo a la soledad.

Dosis del paríso

Max al Mejor Espectáculo por «Free Fall» en 2015, el Max a la Mejor Coreografía por «Erritu» en 2019, el Primer Premio y el Premio del Público por «Hasta dónde…?» en el Certamen de Burgos-Nueva York 2011 y el Premio al Mejor Espectáculo de Danza en la Feria de Teatro y Danza de Huesca por «Free Fall» y «All ways» 2014 y 2017 respectivamente, Sharon Fridman trabaja la técnica Inay y sus coreografías se representan en gran parte del mundo. Una técnica que toma el nombre de su madre, Ina, con la que desde muy pequeño él colaboraba como voluntario en el hospital de diversidad mental donde ella trabajaba en Pardes Hanna (Israel), allí, Fridman ayudaba a los pacientes mediante terapias de movilidad corporal. «La base técnica que uso en mis obras se centra en la relación entre la gravedad y el equilibrio, y está inspirada en mi madre, que nació con el síndrome de Arnold Chiari. A partir de esta técnica, desarrollé un nuevo lenguaje corporal al que decidí llamar INA, Contact INcreation. Con este nuevo lenguaje, inicié un proceso de investigación sobre el contacto y las formas en la que se nos representa. Para ello, trabajo en laboratorios con bailarines profesionales y alumnos de conservatorio, públicos y privados, en España y otras ciudades que visito en mis giras. Hoy en día, todas mis obras están basadas en la técnica Inay se representan en gran parte del mundo», explica el creador, orgulloso de que un gran número de compañías y agrupaciones bailan en la actualidad algunas de sus creaciones, como la Compañía Nacional de Danza de España, la Compañía Nacional de Danza de Paraguay, la Vertigo Dance Company de Israel, el Bora Dance Project de Corea del Sur, la compañía Kukai Dantza del País Vasco, el Colectivo Cinético de Italia, la compañía LaMov de Zaragoza, la Compagnie Jus de la Vie de Estocolmo y el Ballet Bielefeld de Alemania.

Para «147 abrazos», el israelí ha desarrollado una intensa investigación sobre cómo las nuevas tecnologías lumínicas y audiovisuales pueden contribuir a la creación de atmósferas emocionales y sugerir alteraciones en el transcurrir del tiempo. «Para mí, la dramaturgia de la luz se convierte en un enfoque fundamental, porque es una vía de materialización de la energía, que adquiere múltiples propiedades y desarrolla sus propias intenciones. Es fundamental para lograr en el espectador un estado de apertura en el que sea posible la inmersión escénica», lanza.

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