En el número 8 de la calle Ontinyent, en pleno corazón de Arrancapins, hay un reducto de paz con olor a arcilla y a pintura. Antes era un almacén de plátanos del Mercado de Abastos, pero ahora es un estudio de cerámica diáfano, punto de encuentro para varias generaciones de ociosos. Cuit, que así es como se llama este taller, es el resultado de las personalidades de Celia Collado y Patricia Soriano, dos antiguas estudiantes de la Escola d’Art Superior de Ceràmica de Manises que tras acabar su formación comprendieron que lo suyo era convivir con el torno y las herramientas de modelado.

Tomaron el camino del emprendimiento en 2018 cuando alquilaron un bajo cercano a Abastos que no había levantado la persiana desde 1996. El presupuesto que había era ajustado, por lo que obligó a las dos amigas a tomar la sartén por el mango. Tiraron paredes, tumbaron el falso techo, cambiaron el suelo, lijaron y pintaron durante varios meses, hasta tener lo que se conoce actualmente como Cuit.

A la entrada, el visitante es recibido con los diseños de Celia y Patricia. Vasos, platos, tazas, pendientes, jarrones, macetas… Sus formas son orgánicas, casi desiguales. Las responsables de Cuit juegan con las texturas y los colores para dar con creaciones que se mimetizan con la naturaleza. Algunos de los clientes de estas dos artesanas son el restaurante El Bouet de València, el Sents Restaurant d’Ontinyent, la marca Rulls, The Nude Label o Turia.

Tras el recibidor, se encuentra el taller, con capacidad para 16 alumnos. Hay clases de iniciación, clases de torno y sesiones específicas para crear ensaladeras, jarras, macetas y elementos de la vajilla. Según Celia, quien estudió inicialmente para ser restauradora, el taller está siendo testigo de la eclosión de la cerámica. La alfarería está de moda. De hecho, según relata Celia, cuando comenzó a estudiar cerámica en Manises tan solo eran tres alumnos en algunas clases. Ahora, en cambio, hay lista de espera. Lo mismo ocurre en Cuit. Para entrar en algunos talleres, a veces, hay que ser paciente. Pero la espera vale la pena. De hecho, los que ya han caído en este nuevo vicio, destacan que el trabajo con la arcilla es casi terapéutico. Algo que también le enganchó a Patricia, quien renunció al camino marcado por los estudios en empresariales para sumergirse en el estudio. Según Celia, sus personalidades se complementan ahí dentro. Ella tiene un perfil manifiestamente técnico, mientras que Patricia «es una explosión de creatividad». «No hay ninguna pieza en el taller que no haya sido intervenida por las dos», puntualiza Celia.

El camino que les ha llevado hasta aquí no ha sido fácil. La apertura del local casi coincidió con el inicio de la pandemia. Cuit cerró a cal y canto. Sin embargo, se les ocurrió una idea para que el proyecto tuviera cabida en el confinamiento, la «Cuit Box», una caja con todo lo necesario para hacer una taza en casa. La propuesta triunfó. Tanto que ha sobrevivido a cada una de las olas de esta pandemia, como también lo hará este estudio de Arrancapins, un lugar de meditación para los ociosos, salpimentado con música soul y té.