Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Pannonica, un museo vintage

Hace 10 años que Celia decidió renunciar a su carrera en la industria de la moda para abrir una tienda con «tesoros» procedentes de Berlín, Nueva York, París o Los Ángeles

36

Pannonica un museo vintage Miguel Angel Montesinos

De su cornisa cuelga el dibujo de una cabeza anatómica, pero no es una clínica. Dentro hay bates de béisbol y guantes de boxeo, pero tampoco es una tienda de deporte. También tiene bolsos y bisutería, pero no es una boutique. Pannonica Vintage es un museo de cosas curiosas, antiguas y únicas venidas de todas las partes del mundo. Este anticuario vintage de la calle Baja de València tiene maniquíes, patines para el hielo, mariposas disecadas, copas, butacas, lámparas y hasta el maletín de un oftalmólogo.

Celia está detrás de todos y cada uno de los objetos de esta tienda del Carmen, inaugurada hace 10 años. Pannonica era el sueño de esta vecina del barrio, una antigua trabajadora de la industria de la moda que estaba harta de la caída en picado de los estándares de calidad y de la deshumanización de una industria que solo busca que gastemos y que luego tiremos. Todo lo contrario a Pannonica, que se nutre de objetos usados pero de gran valor ornamental e histórico, ya que algunos son de diseñadores como Piero Fornasetti o Luciano Frigeiro.

Todos los objetos vienen de mercados, tiendas de antigüedades y casas de subastas de Madrid o Barcelona, pero también de Berlín, Nueva York, París o Los Ángeles. La responsable de Pannonica asegura que no sigue un criterio específico a la hora de elegir los objetos que van a estar expuestos en su tienda. Aunque reconoce que su época favorita son los 50 y sus fetiches principales son las lámparas, los objetos deportivos y los utensilios médicos.

Según la dueña de Pannonica, el público de la tienda ha ido cambiando con los años. «Las generaciones más jóvenes tienen más gusto por las antigüedades. Les gustan las cosas únicas. Además, hay algunos que están muy concienciados por la sostenibilidad y el consumo responsable», explica. Los extranjeros son también muy asiduos a Pannonica. «Me encanta verles por aquí, son vecinos del barrio. Han hecho de València una ciudad cosmopolita. Ya nos tocaba», comenta.

Celia decidió dar un giro de 360 grados cuando renunció a su carrera dentro de una multinacional después de 20 años de trabajo. «No era nada feliz. Vivía con un móvil pegado a la mano. Pensé que era ahora o nunca», confiesa. «En una corporación, vives como quieren que vivas y piensas como quieren que pienses. Decidí que esa no era yo, porque lo superficial, en realidad, nunca ha ido conmigo. Llevaba tiempo coleccionando objetos y decidí dejar mi trabajo para ir directa a cumplir mi sueño».

Ahora recibe a sus clientes desde el corazón del Carmen, de donde no se mueve. «Creo en el comercio local y en la presencialidad. Las cosas hay que tocarlas, entrar aquí tiene que ser una experiencia», explica, ya que decidió que no quería vender por internet.

Celia describe Pannonica como un «museo de tesoros nostálgicos» que va llenando con sus viajes. Según ella, cada tres meses suele hacer la maleta para ir en busca de más cosas curiosas. El objetivo es que la visita a Pannonica siempre sea una sorpresa, incluso para los que visitan la tienda todos los días.

Compartir el artículo

stats