Hubo un tiempo en el que eran las mujeres las que se ocupaban de las labores del campo, sobre todo cuando los hombres abandonaban el hogar en busca de honor e incluso cuando éstas enviudaban y se veían en la obligación de sacar adelante a toda una familia. Ya sucedía en plena Edad Media, cuando los hombres marchaban a la guerra sin saber si regresarían a casa. Es la historia, entre otros, de los herederos de Dupuy de Lôme, que desde el siglo XIX cultivan las tierras de una finca enclavada en el corazón de lo que hoy se conoce como Terres dels Alforins, en el triángulo mágico que forman los municipios de La Font de la Figuera, Fontanars dels Alforins y Moixent; pero es la historia, sobre todo, de Isidra, bisabuela de la generación actual. Una mujer singular cuyo nombre se repitió en varias generaciones, lo que dice mucho de su importancia en la saga y de la impronta que dejó en todos ellos. Isidra encarna el trabajo silencioso de las mujeres de esta familia enraizada en Clos de Lôm desde el siglo XIX. Fueron principalmente ellas las que nunca cortaron los lazos que les unían con las tierras de los Alforíns y las que, en momentos de incertidumbre, hicieron de la finca un auténtico fortín de supervivencia y, a la postre, unión familiar.

De mujeres Urban

Y ha sido Isidra la que ha servido de inspiración para el que hasta el momento es el buque insignia de la bodega valenciana, un tinto de guarda elaborado con las uvas de las mejores parcelas de las variedades Garnacha y Tempranillo que se cultivan en la finca. La Isidra que da nombre al vino tuvo que dejar la ciudad de Alicante durante la Guerra Civil. Joven viuda, con tres hijos y en plena guerra, decide armarse de valor y volver los ojos hacia la finca de Fontanars donde había pasado mucho tiempo de su infancia y juventud. Con el coraje que tenía, más el que le inculcó aquel triste pasaje de nuestra historia, pasó la guerra en aquella finca viviendo de la tierra. Las uvas, el vino, el cereal, hasta los huevos de sus gallinas sirvieron para convertir en dinero y sustento con que sacar adelante a sus tres hijos.

Clos de Lôm hoy se ve como un caso de éxito, pero la trastienda esconde un trabajo continuo, fruto de la valentía de personas como Isidra que dieron prioridad a la tierra, al paisaje y a unos viñedos que siempre sobreviven a sus plantadores.

Lucia Serratosa ha sabido dar sentido al esfuerzo de todas las mujeres de su familia

Hoy no hay ninguna Isidra en la actual generación de esta saga familiar, pero Lucia Serratosa ha sabido dar sentido al esfuerzo de todas las mujeres de su familia que, generación tras generación, han mimado sus tierras para convertirlas en sustento y futuro de la familia. Lucia ha asumido las riendas de la finca sabiendo delegar en manos expertas todo lo relacionado con la viticultura (para adecuar sus cultivos y que estos produzcan la mejor uva posible) y la enología (en la actualidad es el prestigioso enólogo Pablo Ossorio el encargado de elaborar sus vinos desde que hace unos años decidiesen ser ellos mismos quienes embotellasen unos vinos que ya venían elaborando para posteriormente comercializar como granel premium.

Isidra es un vino mimado desde su origen. Solo se seleccionan los mejores racimos de Garnacha y Tempranillo, y tras la vinificación descansa durante un año en barricas nuevas de roble americano y francés de 300 litros. Desde su nacimiento en 2020 ha logrado hitos como la medalla de Oro en Mundus Vini y en el Concurso de Vinos del Real Casino de Madrid, 91 puntos en la Guía Peñín o 92 en la Guía Intervinos y en Vivir el Vino, aunque sin duda, su principal éxito ha sido hacer justicia a las Isidras que, en algún momento, lucharon la tierra para seguir dando sustento a los suyos.