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Existencialismo moderno con Nathan Fielder

HBO Max estrena este fin de semana el penúltimo capítulo de la serie del creador televisivo, humorista y actor Nathan Fielder, «Los ensayos». La serie, que navega entre el formato documental y la ficción, sigue a Nathan tratando de ayudar a los participantes a afrontar sus conflictos sociales recreándolos e interpretándolos en la ficción una y otra vez.

Plató recreado por Nathan Fielder para ensayar conflictos cotidianos. HBO

Este fin de semana, HBO Max estrena el quinto y penúltimo episodio de la excéntrica y -consecuentemente- polémica serie de Nathan Fielder, Los Ensayos -The rehearsal-. La producción, que juega constantemente a navegar entre los límites del documental y la ficción -siguiendo la estela iniciada por Jean Rouch en La pirámide humana-, parte de una premisa, ya de por sí extrema, que tratará de estirar hasta el límite: ¿Sería más sencillo enfrentarnos a nuestros conflictos sociales si tuviésemos la oportunidad de ensayarlos?

El creador, Nathan Fielder, que finalizó hace 5 años Nathan for you y produce How to with John Wilson, decide ayudar a los participantes de la serie -al estilo reality show- haciéndoles repetir recreaciones idénticas al conflicto al que desean enfrentarse, con intérpretes profesionales que fingen ser las personas implicadas y un plató que replica al detalle el espacio en el que se llevará a cabo la situación.

Resulta difícil conceptualizar la propuesta por lo surrealista y absurda que, en clave documental, puede resultar, pero el piloto resume eficazmente las reglas del juego que se desarrollará a lo largo de la temporada. El primer capítulo muestra a un profesor que desea confesarle a su amiga que no tiene un postgrado, así que Nathan, para ayudarlo, recreará fielmente el bar que suelen frecuentar, contratará a figurantes que lo llenen, y ensayarán con una actriz todas las posibles resoluciones que puedan llegar a desencadenarse para intentar que la situación final sea lo menos traumática posible.

En la época de la cultura de la simulación, este juego de espejos que fácilmente recuerda a Charlie Kaufman -y más concretamente a su Synecdoche, New York-, propone una deformación todavía más perversa de El Show de Truman de Peter Weir, en la que la acción es protagonizada por algo así como el showrunner que dirigiría el maquiavélico programa que seguía a Jim Carrey, pero caracterizado por una entrañable -y en ocasiones arrogante- timidez alimentada por su paradójica búsqueda de afecto.

La serie es una escenificación macabra de lo que la cognitivo-conductual llama overthinking o rumiaje, un psicodrama judorowskiano que juega a rizar el rizo hasta el infinito, un ejercicio de metalenguaje que usa el ingenio para adentrarse en el comportamiento humano y que, a través del género documental, actualiza la contemporánea crisis de lo real tratando de encontrar verdad en los rincones más artificiales.

The New Yorker criticó Los ensayos denunciando el trato de Nathan hacia sus participantes, quienes, buscando ayuda, acaban convertidos en títeres caricaturizados desde La Mirada -en mayúsculas- del neurótico protagonista. Nacho Vigalondo, que antes de ser cineasta y/o conductor de late night trabajó en la segunda edición de Gran Hermano, comentó respecto al artículo por Twitter «¿Por qué nadie jamás en ninguna parte dice que la gente que sale en un reality normalmente COBRA?». La serie propone, desde su aparente genuinidad, un debate ético sobre los límites en el que resulta complejo posicionarse.

Más allá de la crueldad o la benevolencia del experimento social de Nathan, sorprende la apuesta de HBO Max al producir una propuesta tan diferente, una rareza cuyo presupuesto parece tampoco tener límite, y logra materializar los rizomáticos bucles de autoconsciencia de forma física, tangible y, sobre todo, visual. En dos semanas se estrenará el último episodio de Los ensayos, y se podrá descubrir si el caos metanarrativo se dirige hacia algún lugar y si el objetivo de Nathan de abarcar lo inabordable llega a alcanzarse.

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