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La locura de unos gamberros del teatro

Hace ahora 20 años nació en València la escuela Off. Lo que empezó como el sueño, y diversión, de tres amigos se ha convetido en todo un vivero de artistas.

la Sala Off ya está preparada para arrancar el curos. Miguel Ángel Montesinos

De un gimnasio «trapero» de apenas 500 metros cuadrados a una escuela de 1.500 metros. Del sueño «gamberro» de tres amigos a convertirse en el centro de formación privada de referencia de las artes escénicas en València. De 38 alumnos en septiembre de 2002 a 530 en el mismo mes de 2023. Ese es el camino que ha recorrido la escuela Off, ahora Off Artes Escénicas, en los últimos veinte años. Un centro que, en este tiempo, ha formado a unos diez mil artistas. «Éramos unos locos con ganas de teatro», recuerda Pedro Giménez, director de la sala, escuela y compañía de teatro. Loco, felicidad y alma son las tres palabras que más repite Giménez al recordar los inicios «del sueño». «En aquella época yo era casi un cursillista profesional y hacía cursos de interpretación sin parar. En mi tiempo libre me iba a Madrid, a Barcelona o a Londres y me daba mucha rabia que aquí no se ofertara nada para poder aprender a hacer magia, clown, danza...», relata. Por aquel entonces funcionaba, como centro de formación, el Centro Escalante y la Escuela del Actor. Un día, recuerda algo nostálgico el alma mater del proyecto, al ver el cartel de «Se traspasa» en un local de la calle Turia, Giménez pensó que por qué no. Que porqué no crear la escuela a la que a él le gustaría ir en València. «¿Descabellado? Mejor pensar ilusionante?», afirma. Y así fue. Junto a dos amigos, Patrick y Rafa Cruz, el hasta entonces gimnasio, se transformó en una modesta escuela de artes escénicas. «Nos fascinaba el hecho de poder reformar un espacio destruido en un teatro con mucha vida. Y sobre todo, lo que queríamos era hacerlo todo a nuestra manera», comenta el ahora único socio y director.

Iluminación de la sala principal en la que ensayan los alumnos en la escuela-. | MIGUEL ÁNGEL MONTESINOS

La escuela arrancó con 38 alumnos y ofreciendo clases de malabares, interpretación, canto y danza. «No teníamos grandes ambiciones, pero sí ganas de pasárnoslo muy bien», apunta. El segundo año, el número de educandos se duplicó y así consecutivamente. «Los primeros años fueron muy gamberros. Nos negábamos a dar explicaciones a nadie y rehuíamos de las subvenciones y aportaciones, pero el problema o llámalo como quieras, es que el alma teatral que teníamos inicialmente poco a poco se transformó en alma empresarial para poder subsistir», confiesa. El punto de inflexión para el ‘cambio’ fue la muerte de Cruz hace doce años. «O nos profesionalizábamos o el agujero económico se hacía más grande y, decidí, perder el alma pero profesionalizar el centro. Me di un año. Dejé mi trabajo de director comercial y me centré en sacar Off adelante. ¡Y vaya si hemos salido!», se vanagloria muy satisfecho del éxito logrado porque, a media que el número de alumnos aumentaba y al tener más capacidad para invertir, la escuela mejoraba su oferta y llegaban más alumnos. Vamos, la pescadilla que se muerde la cola. «Me acuerdo que en una ocasión hicimos pasar a la gente con paraguas al teatro. Estaba lloviendo y el agua caía como en la calle. Era un desastre», bromea Giménez entre risas. En 2018, totalmente consolidado, el centro amplió y mejoró sus instalaciones -en la actualidad cuenta con dos salas de teatro, diez aulas , vestuarios, cantina-restaurante y recepción- y creció en la gestión para llegar a este, su veinte aniversario, siendo entre otras cosas, la única escuela de teatro musical en València. Cursar en la escuela, por si alguien se lo está preguntado, cuesta entre 45 y 300 euros al mes. ¿Edad? hay matriculados niños desde seis años hasta adultos de más de setenta. «No te lo creerás -dice Giménez- monté Off para poder hacer aquí los cursillos que hacía fuera de València y, en estos años, no he tenido tiempo de poder hacer ninguno».

Uno de los vestuarios repleto de ropa para las actuaciones.

En los próximos cinco años, la hoja de ruta de Off Artes Escénicas, su nueva denominación, es homologar los estudios que imparten, tanto en teatro textual y musical, y ampliar las salas de teatro para tener capacidad para 300 espectadores. Y sobre todo, apunta Giménez, aspirar a «generar» felicidad. Esa es ahora el alma de Off.

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