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Director y actor de "Ser o no ser"

Juan Echanove: "De zona de confort nada, me gusta saltar al vacío"

Juan Echanove lleva a escena la mítica película «To be or not to be» de Ernst Lubitsch estrenada en 1942 en la que se ironizaba sobre el nazismo.

Echanove dirige y protagoniza "Ser o no ser" Sergio Parra

Cree Juan Echanove que el público tiene «muchas ganas» de ir al teatro para «desintoxicarse». Y él propone asistir a las representaciones en el Teatro Olympia - del 18 al 29 de enero- de Ser o no ser, una comedia muy divertida en formato de vodevil que él mismo dirige e interpreta. La función es una adaptación, de la obra de Ernst Lubitsch, donde se ironizaba hasta el delirio sobre el nazismo.

«Ser o no ser» habla de la guerra, de un ejército de ocupación, de un caudillo megalómano. Todo suena demasiado actual cuando la historia se sitúa en la Varsovia de 1939.

Demasiado. Cuando nosotros empezamos con el proyecto de producción, nadie suponía ni imaginaba que Rusia iba a invadir Ucrania. Recuerdo que, cuando empecé a trabajar en la dramaturgia de la función con Bernardo Sánchez, yo le decía que el reto era acercar al teatro la invasión de Polonia como una referencia histórica perdida en el tiempo. Pero cuando llevábamos un mes ensayando, Putin invadió Ucrania. A partir de ahí, las similitudes eran muy claras, porque un país invadía la soberanía de otro y todo ello generaba, además, un desbarajuste mundial verdaderamente atroz.

Se demuestra que la historia es cíclica. Hitler invadió Polonia y Putin Ucrania.

Es más que una curiosidad. Es un motivo de preocupación. No sabemos evolucionar realmente por más que lo intentamos. Se repiten una y otra vez los mismos clichés del pasado y eso es un coñazo. Las similitudes entre Hitler y Putin son muchísimas. Son el mismo dibujo con pequeños matices. Suprimen la división de los poderes del Estado, no permiten la libertad de expresión y de opinión, amordazan la prensa, no permite la disidencia... las similitudes son muchísimas. 

Escena de "Ser o no ser" Sergio Parra

Tal y como están las cosas, el teatro es un buen refugio aunque el mensaje de esta función sea doloroso.

El mensaje de esta obra es el que hizo Lubitsch cuando estrenó Ser o no ser, de la misma manera que lo hizo Chaplin con El gran dictador. Ambos trataban de hacer reflexionar a la gente a través de un discurso de comedia. Se trataba de caricaturizar y ridiculizar a los nazis. Lo impactante de esta obra es que cuenta una historia muy pequeña y bonita. Y es que, una compañía de cómicos se ven involucrados en una trama de persecución y de poner en peligro sus vidas para intentar que el bestia más peligroso de la Gestapo llegue a Polonia con el objetivo de eliminar a la resistencia polaca. De repente, esta compañía tiene la responsabilidad de que esto no se produzca. Hay muchos detalles en la obra que nos indican que históricamente dentro de la resistencia polaca hubo muchos actos de heroicidad aunque al final no pudieron evitar lo que se produjo. 

«Ser o no ser», adaptada por Bernardo Sánchez, recuerda que una guerra, como se está viendo tras la invasión de Ucranía por Rusia, genera «un desbarajuste mundial verdaderamente atroz».

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Con la risa todos los mensajes, por duros que sean, se asumen mejor.

La risa es algo que vincula a todos los espectadores y que cuando se produce es contagioso y evidente. Los ritmos, las intenciones y los tonos funcionan vertiginosamente y es muy bonito hacerlo. Y muy expuesto también.

¿Se siente bien en este género?

Me siento como pez en el agua, la verdad. Es un género que en el teatro no había frecuentado; es más, es el primer protagonista de alta comedia que interpreto en el teatro, porque en cine y televisión sí lo había hecho. La vis cómica se tiene o no se tiene, eso está clarísimo. Otra cosa ya es la precisión con la que interpretes o dirijas, o que creas realmente ese paquete, que es el que se le presenta al espectador durante dos horas. 

¿Los aplausos tienen ahora un sonido especial?

Ahora ves las caras de los que te aplauden. Cuando hicimos la gira de La Fiesta del Chivo todo el mundo asistía enmascarado y fue tremendo. Fuimos la primera compañía que salió de gira después del confinamiento y las condiciones fueron realmente complicadas. Ahí fue cuando surgió la voluntad de querer hacer una comedia, porque lo necesitábamos. A mí no me gusta la comedia de situación en ninguno de los formatos, pero la alta comedia es otra cosas, sobre todo si está basada en una de las grandes películas de la historia del cine, que ofrecía mucho material para con ella hacer cosas maravillosas. El espectador cree que, cuando se levanta el telón, todo es tan fácil como parece, pero detrás está el esfuerzo de un centenar de personas para que el espectáculo salga adelante. Tras la dureza de la pandemia, y ya sin mascarillas, creí que era el momento de que el espectador exteriorizara un estado de ánimo positivo.

"Ser o no ser" se representa en el Teatro Olympia Sergio Parra

Llegar a esta obra tras meterse en la piel del dictador Rafael Leónidas Trujillo, -en La fiesta del Chivo- significa que a usted le va la droga dura..

El teatro es así. Si uno se instala en su rinconcito perfecto y solo hace lo que domina... mal. De zona de confort nada, me gusta saltar al vacío. El teatro es una especie de acto de puenting en el que te tiras y sabes que vas conectado a una cuerda, pero quién te dice que esa goma elástica va a sujetarte o no. Cuando emprendo un proyecto siempre tengo la sensación de que puede ser el último y por eso me entrego totalmente . En esta profesión no se tiene nada seguro. 

Esos retos le llevan a debutar en la lírica..

El año pasado fue para mí realmente estratosférico. Tuve la oportunidad de dirigir dos grandes montajes, Ser o no ser en teatro de texto y otro, Pan y toros en el Teatro de la Zarzuela, además de hacer una serie de televisión. Pan y Toros me supuso un gran trabajo previo. Le tuve que dar muchas vueltas al género, a Goya, al momento crítico de Godoy, a Carlos IV, a los ilustrados, a los liberales, a una parte de la historia de nuestro país muy complicada . Pero ha sido fascinante . Cuando el 18 de diciembre tuve vacaciones no me lo podía creer porque no tenía nada que hacer porque había estado durante dos años y pico sin tener ni un solo día libre.

¿Dirigir e interpretar es un yo me lo guiso y yo me lo como?

Es un desgaste brutal. Cuando uno interpreta tiene la responsabilidad de su personaje, pero cuando dirige tiene la responsabilidad de todo lo que ocurre en escena. Dirigir una obra de teatro es decidir qué es y qué no es, y eso requiere muchísimas horas para poder destilar exactamente lo que tú quieres. Algo fascinante que, en todo caso, yo no me quería perder. En este caso yo quería dirigir, pero no me quería perder la experiencia de interpretar esta alta comedia que está siendo alucinante, maravillosa, energizante y bonita.

No soy una persona nostálgica. Se me olvidan las cosas, las buenas y las malas. No soy rencoroso, pero tampoco llevo en el pecho ninguna medalla

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¿Es uno de los proyectos que más satisfacciones le ha dado?

Los últimos siempre son los más queridos. No soy una persona nostálgica. Se me olvidan las cosas, las buenas y las malas. No soy rencoroso, pero tampoco llevo en el pecho ninguna medalla. Soy una persona que hace 44 años empezó a hacer teatro y sigo haciéndolo. He tenido la fortuna de, en 44 años, haber ido encadenado proyectos. Respeto profundamente a mi profesión y no me olvido de que, en estos tiempos que corren, dedicarse al arte dramático es casi un acto de fe.

¿Qué significa el teatro para usted?

Mira, José María Flotats, un día me explicaba que él nunca decía voy a hacer la función de las siete de la tarde, sino que decía, voy a la cita de las siete. Yo tengo una cita eterna con los espectadores que es levantar el telón y poner al alcance de ellos lo mejor de mi trabajo. Eso es para mí el teatro.

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