El «sarao» de Adiós, dueño mío. La traición de la amistad regresa a la cartelera del Teatre Talia para reflexionar sobre «feminismo, sexo y libertad». Tras su éxito en el Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro en 2021 y su temporada en el Teatro Bellas Artes de Madrid, regresa esta propuesta dirigida por Magüi Mira que da voz a uno de los textos del Siglo de Oro español precursor del feminismo.

Basada en la obra de la escritora María de Zayas, esta producción de Olympia Metropolitana vuelve a subirse a los escenarios con cinco mujeres como protagonistas reivindicando «el amor y el sexo libre con humor e inteligencia».

Adiós, dueño mío llevará al espectador, a través de un viaje teatral entre lo clásico y lo contemporáneo, hacia una historia de enredo divertida y reivindicativa sobre «el amor, el sexo libre y el juego de la seducción» de la mano de las actrices valencianas Marta Calabuig, Pilu Fontán, Rosana Martínez, Laura Valero y Silvia Valero.

Rosana Martínez define a María de Zayas como «una mujer que fue prohibida por la Inquisición por escribir sobre mujeres fuertes y hablar sobre cosas que las mujeres no tenían permitido hacer». «Sus obras desaparecieron y durante los siglos posteriores se pasaron de mano en mano ilegalmente como si de un panfleto político se tratara hasta que la corriente feminista en la que estamos ahora la rescató. Es una joya que forma parte de nuestra historia cultural que ha estado desaparecida y que no ha tenido la misma oportunidad que sus coetáneos hombres. Era una deuda que teníamos con ella hacerle este homenaje», apunta Martínez.

Pilu Fontán destaca que la obra es una versión «totalmente actualizada» de La traición en la amistad, donde «se da una vuelta de tuerca para que cumpla con el objetivo de transmitir el mensaje de que las mujeres tienen el mismo derecho que los hombres de disfrutar del amor y de las relaciones como ellos hacen, lo cual queda patente con el personaje de Fenisa, que interpreta Rosana Martínez, que es la amiga divertida y transgresora que arrastra al resto el concepto que tiene ella sobre el amor».

Fontán explica, tomando las palabras de Mira, que el título de la obra Adiós, dueño mío no solo busca que se abogue por que los hombres no sean dueños de las mujeres, sino por que «nadie en ninguna relación sea el dueño». «Es una obra donde hay música, texto en verso, aunque hagamos que parezca prosa, y una serie de enredos entre hombres y mujeres. Estos hombres están también interpretados por mujeres en un juego escénico donde las luces, la voz y una chaqueta hacen entender al público que quien aparece en escena es un hombre», indica.

En este sentido, la actriz destaca que «el hecho de que las mujeres seamos quienes interpretan a los hombres hace que visualmente sea más divertida a la hora de interpretar y de recibir».

Silvia Valero resalta«el sarao, el divertimento y el juego escénico» de un texto que estaba «dormido» y que ahora se representa de una manera «única y divertida». Asimismo, incide en el hecho de que la puesta en escena de la obra esté compuesta únicamente por las cinco actrices y un sofá como decorado, lo cual, a su juicio, «tiene un nivel de exigencia grande porque las cinco actrices somos las que le damos el movimiento a la obra». «Estamos comunicando una historia que es actual, transgresora y divertida, que hace sentir y cuyas interpretaciones son muy interesantes porque aparecen personajes de mujeres y hombres y tres de ellas interpretan a los hombres».